Jardín maternal y verdulería Sr. Cara de Papa 

La decisión de la reconversión de los jardines maternales es una falta de respeto y una tirada de pelo al esfuerzo y formación de mucha gente.

Por Javier Boher
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jadrìn maternalFinalmente las plegarias de los jardines maternales fueron escuchadas: van a poder abrir… pero no como jardines maternales. La decisión del COE, avalada por la municipalidad de Córdoba, les permitirá una reconversión para subsistir después de tantos meses con las puertas cerradas.

Los rubros son variados, casi como si los funcionarios estuviesen tratando de evitar que compitan con otros negocios en su radio. Los jardines, tras la aprobación de sus protocolos, podrán funcionar como estudios de danza, canto y teatro; comercios de venta de verdulería o de artículos de limpieza o ferias.

Hay que ver siempre el lado positivo de las cosas. Las maestras ya tienen el pintorcito como el que usan en algunas verdulerías, listo para ser ensuciado con la tierra que traen algunas frutas y verduras. Como los políticos piensan en todo, esto también ayudará a la actividad física de las delicadas maestras jardineras, que deberán hombrear bolsas de papa o bajar cajones llenos de mercadería. Cómo se supone que debe hacer para conocer el punto exacto del melón o la palta una persona que estudió para estar con chicos, permanece sin ser aclarado por los cráneos que salieron con esta solución.

La venta de productos de limpieza seguramente funcione muy bien. Se sabe que en los jardines maternales los pequeños ensucian mucho, así que sobre esos temas seguro podrán asesorar muy bien. Debe ser muy tierno ver los bidones con dispenser llenos de suavizante, detergente o jabón líquido en lugar de los párvulos. Tal vez si les ponen pintorcitos les van a dar menos ganas de renunciar a la vida.

Lo que sí o sí a ser un golazo son los talleres. Si a las verdulerías, las ferias o los locales de venta de productos de limpieza pueden entrar personas de cualquier edad, se supone que a los talleres también. Eso habilita, lisa y llanamente, a que vuelvan las escuelas, aunque de una manera poco ortodoxa.

Muchos padres están desesperados porque ya se han vuelto a insertar en sus actividades laborales cotidianas, haciéndose más difícil la escuela en la virtualidad. Estos talleres les permitirían a los padres dejar de molestar a abuelos, tíos o vecinos para dejar a los chicos. ¿Cabe alguna duda de la practicidad de dejar al hijo en una institución educativa reconvertida con una fachada extraña, para que los ayuden con la tarea o los conecten al zoom?.

Probablemente, este permiso para la apertura disfrazada obedezca a cuestiones simbólicas: si abren las guarderías, ¿por qué no habrían de hacerlo las escuelas?. Más de una escuela privada, extenuada por una situación financiera que debe lidiar con una morosidad en ascenso, buscaría la forma de conseguir la habilitación. Es más: ¿qué nos asegura de que no intentarán reabrir sus puertas?.

Lamentablemente, la cuarentena nos expone cada vez más al virus de la estupidez, la irracionalidad y la falta de empatía. ¿A quién se le ocurre que un colectivo lleno es menos foco de contagio que un aula bien ventilada o una clase al aire libre?¿Por qué contagiaría menos un alumno adolescente de un taller de teatro que un bebé de 45 días?.

El tiempo ha dejado en claro que la cuarentena ha sido enterrada hace tiempo, salvo en aquellos rubros o actividades que necesitan aprobación oficial para retomar sus actividades. En lugar de adoptar protocolos para hacer menos riesgosas las actividades cotidianas que ya se han retomado de hecho, los que deben pensar en políticas públicas apropiadas prefieren irritar a los que se exponen a una multa si deciden abrir para hacer aquellas tareas para las que se han formado y han invertido tiempo y dinero. La decisión es, lisa y llanamente, una tomada de pelo y una falta de respeto al esfuerzo de muchísima gente.

Sólo resta esperar que los dirigentes recuperen la cordura y tomen las decisiones que corresponden para que cada persona pueda volver a integrarse a sus actividades habituales. La “nueva normalidad” no puede ser una manipulación de las necesidades de la gente tan irrespetuosa como esta.