Tallar el pogo de una era

El libro de Dirty Ortiz “Relato de un salto en alto”, hace un magnífico aporte a la narración del rock cordobés de los años ochenta. Al contar la historia de la banda Proceso a Ricutti, recrea en forma vívida el clima cultural de esa década desde el fin de la dictadura hasta el comienzo del menemismo.

Por Gabriel Abalos
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La historia de la banda “Proceso a Ricutti” y los años ’80 vistos de cerca.

A veces los fenómenos culturales tienen la suerte de encontrar quien los narre, y entonces todo parece cobrar sentido, en especial cuando los hechos ocurrieron cuarenta años atrás y parecía que, alejándonos de ellos propulsados por el tiempo, entraban en el pasado como vistos por la luneta posterior de un automóvil, hasta desaparecer. ¿Qué importancia tiene contar hoy la historia de una banda de rock cordobesa de los años ’80, para lectores de una nueva generación, para habitantes de otros ambientes de la cultura e incluso de otras ciudades? Toda la que su narración le gana al olvido, gracias a los oficios de alguien del riñón de ese fenómeno de rock clavado en una época ida; alguien que -como Dirty Ortiz- posee la capacidad incuestionable de hacer que el sentido de su propia experiencia resuene de tal forma en la de los demás como para llegar a entender y sobre todo a sentir una época, unos personajes, unos hechos, y comprender que nada de eso les es ajeno. Basta la convicción de uno para transmitir a muchos la pasión que aquella juventud trazaba, como seguramente lo están haciendo otras generaciones ahora mismo en algún lugar, hoy, este día que se desvanece mientras todos corremos hacia el día de mañana. La convicción, la vieja convicción de Dirty Ortiz de cuando se formaba como periodista, al calor de los hechos, en su caso de los hechos culturales que lo rodeaban, de que la realidad inmediata era un cuadro al que valía la pena asistir y ocurría en todas partes, a cada momento. Como el nacimiento de una banda donde tocaba su amigo Tincho Siboldi, cumpa de discos y de transgresiones, o la actitud de un grupo de jóvenes amigos que escribían consignas absurdas e indolentes, o la historia de unos músicos venidos “del interior del interior”, de Río Tercero, a respirar aires de cambio en una ciudad donde todavía gobernaban Menéndez, Angeloz y Primatesta. Pero hacia la cual se filtraban aires que cruzaban como un remolino a través de la urbe y traían consigo una literatura, unas músicas, unas revistas, un teatro, sembrando a su paso noticias de que las momias que conservaban el poder y se conservaban a ellas mismas en su mundo a medias muerto, no tenían la última palabra. El mundo no había detenido su marcha y explotaba una vida en la cual una experiencia como la banda que formaron Paco, Tincho, Pilón y Hueso, se inscribía en una red de elementos que involucran una lista interminable de bandas que antes, durante y después, hicieron su aporte para darle una base sólida al rock cordobés de los ochenta.

Proceso a Ricutti en el eje de una historia muy bien narrada

Para seguir la línea desde la prehistoria de Proceso a Ricutti, Dirty Ortiz va tirando de ella minuciosamente, extrayendo junto con las trayectorias de cada uno de sus integrantes un contexto mayor, que exige a su vez un contexto mayor y así, ampliando sus miras al plano internacional, donde se encuentran algunos de los aleteos de mariposa que produjeron aquí expresiones sísmicas (o tal vez revoluciones a las que aquí respondieron aleteos). Surge así la historia local de una generación que encontró en el rock su brújula, y hace emerger a su vez toda la movida cultural de una década que empieza con el reinicio de la democracia en 1983 y cierra con el ascenso del menemismo, en 1989. Bullendo en torno a los hechos que forman el dibujo principal del libro, se pueden ver relaciones entre planos y entre mundos que eran parte de la misma constelación y, de modo tal que lectores y lectoras podrán repasar -descubrir- piezas de la vida local que, vistas de cerca (es decir vividas), parecían acontecimientos unitarios, o estallidos pasajeros, pero que eran grafías con las que se expresaban las búsquedas más genuinas de una época y de una sociedad cuyo respirador había sido reconectado, y que debía producir los anticuerpos para sus propios traumas, o los heredados. Y los frutos de esas ansias por montarse al tiempo fueron, a su vez maravillosos, sin importar siquiera nuestro propio desdén por ellos, porque ocurrían ahí nomás, a unos metros. Siempre calzarán bien, como una joya clásica, esos preclaros dos versos de T.S. Eliott que dicen: “Tuvimos la experiencia, pero perdimos el sentido, y acercarse al sentido restaura la experiencia”. Esa operación está garantizada en el libro Relato de un salto en alto, en el que la experiencia ha sido bien ensamblada y el sentido tan bien contado, como que se trata de la propia memoria del autor, un collage de sus propias vivenciasen lo colectivo, con un preciso soporte documental, como corresponde a un cronista cocinado al fuego de los signos.

Relato de un salto en alto se presenta en modo virtual este sábado 31 de octubre a las 12.30 en la página de Facebook de la Municipalidad de Río Tercero https://www.facebook.com/MunicipalidadRio3/. Estarán allí conversando por Zoom Alejandra Palombarini, secretaria de Cultura de la Municipalidad de Río Tercero, Dirty Ortiz, autor del libro, Tincho Siboldi, exintegrante del grupo Proceso a Ricutti, Roque Di Pietro, editor del libro por el sello Vademécum, Jorge Kasparian, coeditor del libro con el sello Rayosan, y Guillermo Vigliecca, músico de Río Tercero, todos ellos bajo la conducción de Maxi Carranza, periodista y docente de Río Tercero.