Obra pública, el comodín que todos quieren y pocos tienen

Cualquiera sea el ganador en las urnas, el aporte de la obra pública tendrá un rol predominante en el proyecto político de los próximos cuatro años. El oficialismo cuenta con el acompañamiento Provincial y Nacional para intervenir la infraestructura local, pero ¿será suficiente? ¿Qué ofrecen los otros candidatos?

Por Gabriel Marclé

¿De qué vale un proyecto político sin obras públicas? Lo tangible, lo visible, eso que existe con cuerpo y forma, es lo que primero se instala en el recuerdo de una gestión. Hasta el día de hoy, los vecinos del oeste riocuartense recuerdan al intendente Benigno Antonio Rins por haberles llevado el pavimento a sus calles. Lo mismo ocurre con las viviendas de los planes habitacionales iniciados durante la intendencia de Juan Jure, aun con los reclamos y problemas. Las obras públicas definen a una gestión, es por eso que cualquiera que ose hacerse cargo del municipio sabe que necesita un plan especial dedicado a este aspecto, intentando dejar su huella en la historia de la ciudad.

Todos quieren hablar de obra pública, de anuncios, de grandes intervenciones en la infraestructura de la ciudad. Sin embargo, pocos pueden garantizarlo o siquiera proyectarlo. La motivación detrás de un proyecto político empuja a forjar lazos con la población, generar expectativa y responder a ella, un objetivo difícil de conseguir sin las llamadas “promesas de campaña” que tanto apego generan.

La mayoría de los gobernantes diseñan un presupuesto centrado principalmente en la cuestión de la obra pública. En el caso del intendente Juan Manuel Llamosas, para el cálculo presupuestario del 2020 destinó 200 millones de pesos solo para el mantenimiento de la red vial urbana, un número que supera ampliamente lo consignado en los tres años anteriores de su gestión. El mandato del jefe municipal estuvo ampliamente vinculado a la infraestructura, buscando en todo momento poner la bandera que indique “Llamosas estuvo aquí”. Sin embargo, el particular año complicó sus planes.

De acuerdo a los datos obtenidos por la Cámara de la Construcción local, la actividad del año corriente solo representó un 30% del total registrado en 2019. Lógicamente, el Gobierno municipal terminó por destinar una buena parte de sus planes de infraestructura para salvaguardar el frente de contención sanitaria. El sector de la construcción se enfocó en lo privado, con una suba récord para el delicado escenario actual, y el Estado postergó los planes de nuevas licitaciones. Además, el ritmo de las obras en ejecución bajó considerablemente, pero le permitieron al oficialismo ganar un poco de tiempo de cara a las doblemente postergadas elecciones municipales.

Pese a estar concentrado en la problemática sanitaria, todos los días se muestra al intendente junto a las obras de su gestión. Esta semana se lo vio participando del recorrido por las remodelaciones en el Mercado de Abasto, además de inspeccionar el avance de una obra emblemática para el cierre de su campaña: la pavimentación de Boulevard Buteler. Además, junto al Gobierno de Córdoba, participó del acto de apertura de sobres correspondiente a la licitación de la obra para ejecutar los desagües pluviales en barrio Fénix.

Claro está, las obras son parte fundamental del plan de campaña que sigue el candidato por la reelección de cara al 29-11. Sin embargo, sus acciones no apuntan a realizar más anuncios, sino a cumplir con los compromisos asumidos anteriormente. En eso, las expectativas que puedan generarse responden directamente a su cercanía con los que tienen la billetera.

“Estamos en un momento complejo, pero esto no nos impide que sigamos pensando en el desarrollo de la ciudad, ni nos detiene para seguir avanzando con las obras que fueron esperadas durante muchos años”, dijo Llamosas cuando recibió la “mano” del presidente en forma de aportes para diversas obras, entre las que destacan pavimentación y bacheo, dos de las intervenciones que históricamente demandaron grandes inversiones para la gestión municipal.

Por primera vez en casi veinte años, los gobiernos municipal, provincial y nacional combinan en colores. Llamosas gobernó sus cuatro primeros años manteniendo una relación distante con el presidente Mauricio Macri y dependiendo exclusivamente del ala Provincial. Con la asunción del presidente Alberto Fernández, el escenario cambió y pese a la intromisión de la pandemia, los acuerdos siguen vigentes. Llamosas ya se anotó la firma del convenio con la Secretaría de Obras Públicas de la Nación por 250 millones de pesos que se comenzarían a ejecutar con un nuevo intendente al poder.

En esta cuestión, el resto de los candidatos están en desventaja. Llamosas no realiza los anuncios, sino Fernández y Schiaretti. Claro que Llamosas sabe que la eventual reelección lo hará intendente de una ciudad complicada por los compromisos económicos que desgastarán sus arcas. La recaudación no es la suficiente como para librarse de las deudas en dólares y muchos menos sumarle obras propias. Allí es donde ingresa el plan de la oposición.

“Sabemos que si asumimos vamos a encontrarnos con un escenario crítico que tendremos que ordenar”, indicó una fuente cercana al proyecto de Juntos por el Cambio. Quizá sea esa la razón por la cual la plataforma del candidato radical no presenta acciones específicas vinculadas a la obra pública en la ciudad.

Abrile no puede hablar de grandes intervenciones, no puede prometer algo que difícilmente cumplirá. En ese sentido, puede que mantenga una leve ventaja por sobre su principal rival, reconociendo con sinceridad que el Estado municipal no cuenta con los recursos propios para financiar obras públicas y que, a falta de correligionarios en la Nación y Provincia, toda intervención será afrontada en total soledad. Por lo menos en un comienzo.

De asumir, Abrile no arrancaría con un plan de “1 obra cada diez días”, frase que formó parte del compromiso asumido -y cumplido- por su principal rival. Juan Manuel Llamosas condensaba en una frase lo importante que era este elemento para su plataforma, antes que el virus y la cuarentena produjeran la primera suspensión de la fecha electoral. “Obras habrá, pero primero hay que ordenar”, transmiten desde el frente opositor, evitando el compromiso de los números.

Por el lado de Pablo Carrizo, candidato del frente PAÍS, la “obra pública” tiene un significado muy particular. Desde su postura, la Municipalidad hace menos de lo que debe, situación que aprovechó a su favor en 2016, cuando él mismo se ponía al frente de tareas de bacheo y arreglo de calles. Su plan de Gobierno tampoco proyecta grandes intervenciones, pero cada vez que puede deja algún vistazo de lo que está dispuesto a ofrecer, esa figura de “intendente en acción” que piden desde la hinchada.

Se entiende entonces que los anuncios suelen ser efímeros y que tienen como único fin atraer al votante. En un contexto económico como el actual, no se puede garantizar que las promesas puedan cumplirse según lo estipulado, menos cuando se habla de elementos que insumen tanto presupuesto como las obras públicas.

Por otro lado, resta preguntarse si el electorado está enfocado en las necesidades de infraestructura, si pondera el arreglo de calles o la iluminación pública como lo hizo en las elecciones de 2016, o si permanece anclado a los tópicos de la actualidad, lo sanitario, económico y laboral.