Crónica de una injusticia

"Vilas: serás lo que debas ser o no serás nada", el documental que Matías Gueilburt estrenó en Netflix, sigue los pasos del periodista argentino Eduardo Puppo en su cruzada para que se reconozca que, en su hora más gloriosa, aquel astro del tenis fue número uno del ranking de la ATP.

Por J.C. Maraddón

En toda competencia, pero especialmente en las deportivas, suele haber lugar para un solo ganador, en tanto que el resto queda relegado a un segundo o tercer plano. En el podio, el escalón más alto es para el vencedor y no existe la posibilidad de que ese sitio sea compartido. Dicho así, de manera tan directa, suena cruel y desatinado, pero en esta clase de certámenes no hay contemplaciones para quien se quedó atrás. Los campeones morales, aquellos que merecían la victoria y no la consiguieron, no figuran en los registros de las frías estadísticas que no admiten más que un único número uno.

Por supuesto, para quien recién se inicia en una disciplina, ya la idea de medirse con otros en la práctica profesional es un objetivo soñado. Ni qué hablar si, como producto de su esfuerzo y su talento, el deportista en ascenso se sitúa en una posición de privilegio, aunque no sea consagrado como el mejor. Hasta esa instancia, se trata de un sueño que puede llegar a tener un final feliz, siempre y cuando los astros estén alineados y el aspirante abandone en algún momento su condición de joven promesa para convertirse en un contendiente peligroso para cualquier rival.

Pero claro, una vez que se ha arribado a la elite de los atletas y cuando ya no quedan excusas para no imponerse, la ansiedad se empieza a acentuar y aquellos escalones secundarios que antes representaban un gran logro, ahora simbolizan un fracaso que cada vez se hace más difícil de soportar. Si tenemos en cuenta los escasos habitantes que tiene el Olimpo deportivo, podemos darnos cuenta de que esta situación termina afectando a la mayoría de los que se han dedicado con pasión y entusiasmo a desarrollar una carrera y que, llegado cierto punto, se han dado cuenta de que no alcanzarán la meta tan ansiada.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando, luego de que pasaron muchos años desde sus hazañas competitivas, un tenista descubre que alguna vez hizo méritos para figurar al tope del ranking de la ATP y que, por cuestiones burocráticas, fue privado de ese halago? Nada menos que Guillermo Vilas es quien podría haberse visto sometido a ese destrato, cuando en sus mejores temporadas no fueron considerados los puntajes de varios torneos en cuya final jugó y ganó. Por más que el marplatense reclamó que se revisara el conteo, los fallos de la asociación internacional le negaron cualquier derecho.

El documental “Vilas: serás lo que debas ser o no serás nada”, dirigido por Matías Gueilburt, de reciente estreno en Netflix, lleva en inglés el más apropiado título de “Settling the Score” (Ajuste de cuentas), que es en definitiva lo que pretende el periodista argentino Eduardo Puppo en su cruzada por reivindicar a ese enorme ídolo del tenis nacional. Obsesionado con la injusticia que se ha cometido con Vilas, Puppo se carga la causa al hombro y termina haciéndola suya, con la ayuda de expertos, de su familia y del propio “Willy”, quien a la vejez no cesa en su empeño por una reparación del error histórico.

A lo largo de este filme de una hora y media de duración, varias generaciones de tenistas internacionales no dudarán en testimoniar acerca de las cualidades sobresalientes de Guillermo Vilas y argumentarán que sin dudas debió habérselo inscripto como número uno. Pero la ATP rechazó todos y cada uno de los recursos presentados, lo que ubica a Vilas en un limbo donde espera ese reconocimiento que lleva más de cuatro décadas sin concretarse. Es en esa llaga donde escarba esta película que, tras las huellas de un imposible, nos relata la biografía de un campeón sin corona.