Posiciones intercambiables

En el video de su single “Positions”, que fue subido a Youtube el viernes pasado como adelanto de un nuevo álbum que saldrá en un par de días, la estrella pop Ariana Grande se imagina como habitante de la Casa Blanca y se reúne allí con un gabinete mayoritariamente femenino.

Por J.C. Maraddón

Los años sesenta y setenta representaron una etapa en la que una gran cantidad de artistas se sintió motivada a expresar un compromiso político y social que se manifestaba en sus obras de forma explícita. Aunque eran muchísimos los intérpretes musicales que seguían apelando a otras temáticas que tuvieran que ver con el amor romántico o con la mera incitación al baile, surgieron cantautores que expresaban sus puntos de vista y expandían su militancia a través de sus canciones, en tanto que otros podían quizás recorrer diversos matices en su repertorio, pero reservaban algún momento para decir algo que los involucrara en la coyuntura.

Si bien esa corriente combativa siguió siempre presente, en los ochenta se afianzó la veta del pop y los mensajes de los temas tendieron a edulcorarse o a ser menos directos, porque ese parecía ser el espíritu de la época. Incluso hubo varios de esos antiguos trovadores de versos panfletarios que tomaron una dirección distinta y se entregaron a las baladas para los enamorados o a las historias pasatistas en las que confesaban sentimientos que no podían controlar. Con Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra, el conservadurismo en el poder levantaba el pulgar de todo lo que apuntalara el status quo.

Durante décadas el panorama se mantuvo en iguales términos, más allá de alguno que otro nombre disidente que se propusiera recuperar la canción de protesta sesentista o al menos una bajada de línea sobre la manera en que el mundo se estaba encaminando. Por supuesto, algunos de los sobrevivientes de la vieja camada no arriaban sus banderas e intentaban apadrinar a quienes pretendían tomar la posta, pero aquello que alguna vez fascinó a los jóvenes aparentaba haber perdido su encanto. Salvo raras excepciones, el marketing de las discográficas ponía el foco en estilos que llegaban a través del ritmo y no del discurso.

Los acontecimientos que sacuden en la actualidad a la sociedad estadounidense, sobre todo las luchas contra el resabio racista que se obstina en no desaparecer y el reclamo del feminismo y de los que postulan la diversidad de género, han hecho eclosionar un nuevo sino creativo dentro de la música popular. Y aunque parezca mentira, la oposición a Donald Trump ha producido un aglutinamiento de referentes culturales que han radicalizado sus posturas y que se paran frente al presidente estadounidense munidos de la fortaleza que les dan sus millones de seguidores y la trascendencia pública de sus opiniones.

En el video de su single “Positions”, que fue subido a Youtube el viernes pasado como adelanto de un nuevo álbum que saldrá en un par de días, la estrella pop Ariana Grande se imagina como habitante de la Casa Blanca y se reúne allí con un gabinete mayoritariamente conformado por mujeres, a pocos días de las elecciones en las que Trump buscará su reelección, enfrentando al demócrata Joe Biden. Aunque hace un par de años ella ya había dado señales de que estaba lanzando contenidos más jugados y menos previsibles, este primer avance de su siguiente disco llega en un contexto politizado a más no poder.

“Cambiemos posiciones”, pide ella en esta canción, algo que complementado por las imágenes del video adquiere una fuerza arrolladora. No está sugiriendo repartir cargos de manera equitativa ni reconocer derechos conculcados, sino que está asumiendo la responsabilidad de la toma de decisiones de estado, sin resignar nada de su glamour ni su femineidad. Si en su tanda anterior de canciones había una titulada “God is a Woman” (dios es una mujer), por qué no podría fantasear ahora con “cambiar posiciones”, para que el Poder Ejecutivo modifique su género en Washington.