Llaryora, entre el Orfeo y la tarifa

Dos asuntos -que en perspectiva de la situación actual, parece menudos- pueblan la preocupación del Ejecutivo: las presuntas intenciones de Euclides Bugliotti de demoler el Orfeo Superdomo, y las elucubraciones de un boleto urbano de 50 pesos cuando se descongele la tarifa.

Por Felipe Osman

A falta de otras mejores, la atención del Palacio 6 de Julio aparece por estos días ocupada por dos preocupaciones: las presuntas intenciones de Euclides Bugliotti de demoler el Orfeo Superdomo y las hipótesis que empiezan a aflorar de un boleto urbano contenido, en el mejor de los casos, dentro de la barrera de los 50 pesos cuando se descongele la tarifa. Veamos.

La novela del Orfeo empezó hace ya varias semanas, cuando su propietario solicitó ante el CPC Monseñor Pablo Cabrera permiso para demolerlo con el fin de emplazar allí un nuevo emprendimiento inmobiliario de características bien distintas.

Desde luego, parece cuanto menos extraño que el propietario del principal escenario de Córdoba piense que la demolición del Orfeo discurrirá como cualquier otro trámite administrativo, como si se pidiera autorización para podar un árbol o pintar de amarillo el cordón cuneta a la entrada de un garaje.

Atiéndase. No es que no esté en su derecho de hacerlo. No pesan sobre el inmueble -hasta el momento- restricciones de ningún tipo. Pero va de suyo que la cuestión iba a tomar vuelo mediático y que más temprano que tarde le saldrían al cruce sectores de la ciudadanía que, con mejores o peores argumentos, buscarían resistir la demolición.

Así sucedió, y el Palacio Municipal se vio de repente flanqueado por el legítimo interés del propietario de dar un nuevo destino a su predio y la atendible preocupación de quienes entienden que la demolición del Orfeo representará un considerable retroceso para la ciudad, que ya no contará con un domo que con el pasar de los años se convirtió en un emblema de Córdoba, albergando shows de artistas internacionales y afianzándose en la escena cultural de la provincia.

Ante la encerrona, el Ejecutivo pensó ateniéndose al manual: había que crear una comisión específica para solucionar el asunto. (Se vuelve en este punto imposible no recordar aquella frase de Napoleón Bonaparte que la mala historiografía atribuiría luego a Juan Domingo Perón: “Si quieres solucionar un problema, nombra un responsable; si quieres que el problema perdure, nombra una comisión”).

La oposición -que también conoce el manual- se apresuró entonces a rechazar la creación de esta comisión y adelantó que no formaría parte de ella, porque el responsable -el Ejecutivo- ya había sido designado en mayo del año pasado, y sólo buscaría con este comité compartir los costos políticos de un desenlace desfavorable o blanquear la concesión de nuevas mercedes al propietario del Orfeo para disuadirlo de la demolición.

En realidad, y aunque sus maquinaciones no lucen en absoluto descabelladas, podría haber evaluado otra hipótesis: lo que busca el oficialismo bien puede ser dilatar la situación a la espera que la suerte de las grandes superficies destinadas a espectáculos públicos mejore, y la demolición del domo sea luego desestimada por su propietario. Dormir la demolición del Orfeo.

Si así lo hubiera interpretado podría haber consentido en participar de la comisión, debatir hasta el cansancio, y ver qué suerte esperaba al otro lado de la pandemia. Desde luego, ésto si el interés fuera preservar el Orfeo. Si, por el contrario, prefiriera dejar al oficialismo entre la espada y la pared y ver si puede ayudarlo a darse un buen mamporrazo, su conducta estaría ajustada a sus intenciones.

De todos modos -con o sin la aquiescencia de la oposición- el oficialismo parece decidido a poner a reposar el asunto, y de los ocho proyectos que en las últimas semanas se han presentado la Comisión de Desarrollo Urbano sólo debatirá hoy tres pedidos de informe de los ediles opositores Juan Pablo Quinteros y Laura Vilches, destinados a conocer el estado del trámite administrativo solicitado por el Grupo Dinosaurio para demoler el domo, su situación tributaria frente al municipio, si el grupo ha sido beneficiario de exenciones otorgadas por el municipio y si la ciudad ha realizado mejoras en las cercanías del predio en donde se emplaza el domo, entre otros requerimientos.

Pero mientras el “caso Orfeo” concentra buena parte de la atención del Ejecutivo en el presente, otro problema se ciñe sobre el horizonte: el boleto urbano, congelado en $31,90, necesita una actualización. La última data del 1 de septiembre del año pasado, cuando la segunda gestión de Ramón Mestre se acercaba a su final.

Desde entonces el precio de los insumos se ha disparado, la cantidad de pasajeros ha disminuido drásticamente tornando al sistema mucho más deficitario y Roberto Fernández ya avisó que, condicionado por Miguel Ángel Bustinduy en Buenos Aires, reclamará para los choferes del interior la misma paritaria que se concedió a los del AMBA (30 por ciento de aumento) sin atender a la abismal diferencia en los subsidios que se conceden a las prestadoras del Conurbano.