Una utopía musical

David Byrne, quien en su momento no ahorró recursos técnicos para los conciertos de su antigua banda Talking Heads, decidió el año pasado ofrecer en Broadway un show minimalista, cuya versión fílmica llegó a la pantalla de HBO como un documental que es dirigido por Spike Lee.

Por J.C. Maraddón

Hasta entrado el siglo veinte, la principal vía de circulación de la música seguían siendo los conciertos en vivo, en los que ni los instrumentos ni las voces podían ser correctamente amplificados por medios mecánicos. Esto obligaba a que las presentaciones se realizaran en salas con tratamiento acústico o en recintos pequeños, donde el público pudiese escuchar lo que se transmitía desde el escenario. Es obvio que tales condiciones de emisión y recepción condicionaban la forma en que se elaboraban y se interpretaban las composiciones, algo que influía notoriamente en la instrumentación y vocalización de las piezas musicales ante el auditorio.

Cuando la tecnología evolucionó, como consecuencia lógica, también lo hicieron los géneros musicales, que a partir de mediados de la pasada centuria sufrieron un notorio cambio de rumbo y, al electrificarse, dieron origen a un sonido que desde entonces privilegiaría lo artificial por encima de lo natural. La aparición y el ascenso del rock no hubiesen sido posibles sin estos intermediarios que elevaban el volumen de lo que se tocaba en escena, condición indispensable para que el rock sedujera al mercado juvenil y, a la vez, repeliera al segmento de los adultos, quienes descalificaban a ese estilo al considerarlo mero “ruido”.

Los avances tecnológicos impulsaron una mayor complejidad que, sin embargo, aún estaba en desventaja con respecto a la desarrollada en los estudios de grabación, donde se podía apelar a artilugios que no tenían su equivalente en las actuaciones en directo. Al menos esto fue lo que alegaron los Beatles en 1966, cuando abandonaron las giras porque no había forma de que sus fans oyeran en un estadio una versión al menos parecida de lo que experimentaban en las sesiones de grabación. Además, los gritos permanentes de la multitud de seguidoras opacaban los amplificadores más potentes que podían conseguirse en esos años.

No pasó mucho tiempo hasta que eso se revirtió y dio inicio la era de los festivales y de los megaeventos con efectos especiales, parrillas de luces y columnas de amplificación atronadoras, que fueron aprovechados sobre todo por las bandas de rock progresivo y de hard rock. Desde entonces, hubo un crecimiento imparable, hasta llegar a este siglo veintiuno en que todo parece ser posible, desde las performances de hologramas hasta la realización de encuentros de música electrónica con un deejay que apenas si se asoma detrás de una estructura sonora demencial y un despliegue de visuales en pantallas gigantescas.

A la vuelta de los años, una estrella de rock como David Byrne, que en su momento no ahorró recursos técnicos para los conciertos de su antigua banda Talking Heads, decidió el año pasado ofrecer en Broadway un show minimalista, que privilegiara la comunicación directa de los artistas con la gente y de los músicos entre sí. Para abordar un repertorio que combinaba los temas de su disco “American Utopia” de 2018 con algunos de sus grandes hits, invisibilizó toda la parafernalia visual y sonora al apelar a mecanismos inalámbricos y así logró humanizar la puesta en escena.

Bajo la dirección de Spike Lee, ese musical de Byrne -junto a instrumentistas multiétnicos que a la vez cantan y bailan- ha cobrado la forma de un documental en la oferta de HBO. Mediante un mensaje que mezcla denuncia y compromiso político con un optimismo utópico (de allí el título), este talentoso referente artístico de 68 años demuestra no haber perdido ni lucidez ni destreza física, como así tampoco han envejecido aquellas letras suyas que son rescatadas aquí. Las funciones de “American Utopia” en el Hudson Theatre que se iban a retomar en estos días fueron suspendidas por la pandemia, pero la dupla Byrne/Lee se las ha arreglado muy bien para que el espectáculo continúe.