El que avisa no traiciona

Nadie se debería sorprender de lo que está pasando. Las cosas ya se veían venir desde antes de las PASO.

Por Javier Boher

Hola hola, amigo lector. Déjeme arrancar con mucha sinceridad: me cuesta mucho creer la capacidad -qué digo la capacidad- la excelencia con la que el gobierno romper sus récords semana tras semana. Hacía años que no presenciaba tanta virtud para el daño en tan reducido espacio de tiempo. Mis aplausos para los Minions de Cristina.

No sé si al resto de la gente que escribe le pasará algo parecido, pero por ahí me gusta ir a ver qué escribí en el pasado sobre algo. Usted que sigue asiduamente está columna está más o menos curado de espanto: entiende las licencias que los que hacemos opinión -y conjeturas- sobre la situación política (presente y futura) tenemos por sobre los que copian y pegan cables. Algunas veces metemos la pata como el Chapito cuando dijo que iba a meter sarasa, pero otras veces la clavamos al ángulo como adolescente que no tuvo ESI en la escuela.

Un poco apesadumbrado por la coyuntura (porque, seamos sinceros, la cosa está más dura que el Pity Álvarez cuando le sacó de un balazo una basurita de la cara al amigo) me puse a repasar algunas notas viejas, como si estuviese hablando con el Javier del pasado (una lástima que el de hace un año y pico no me escucha, porque le diría que compre dólares antes de que llegue el cepo). Si algo puedo sacar en limpio son dos cosas. Primero, que acá siempre podemos elegir la peor -o la menos probable- de las opciones. Segundo, que el que avisa no traiciona.

Plan de gobierno

Mientras hojeaba (si se puede decir así) las ediciones anteriores del diario, quedó muy claro que desde el primer día este fue el plan de gobierno. Estaba tan a la vista que nos la pasamos creyéndole al moderado, en un juego perverso de llevarse puestos a los ingenuos.

Le voy a refrescar un poco las cosas.

En todo este tiempo -pongamos, un año y medio- pasó de todo. La Cicuta del Calafate dejó la cabeza de la boleta y puso a un cabeza en su lugar. Brillante estrategia que le permitió volver al poder, pese a los antecedentes. Me leí a mí mismo decir (ya en aquel entonces) que si el soporífero cuyano de No-Positivo Cobos le había marcado la cancha a Cristina desde el Senado, cómo podíamos esperar que un tipo que toca la guitarra para levantar minas en fogones en la casa de su hermano en Cariló le pusiera límites a la misma definición del exceso. A lo sumo, dije, pueden llegar a ser socios.

Después lo tuvimos a Merluza Solá diciendo que era buena idea una Junta Nacional de Granos, al agrandadyto pidiendo una CONADEP del periodismo (pobrecito, más burro que el Chavo) y al monaguillo papal de Juan Grabois pidiendo reforma agraria.
Tuvimos también a Mempo Giardinelli y al Proxeneta de Recoleta (este apodo nunca se pone viejo, aunque es igual de verde que Zaffaroni) pidiendo reforma constitucional y de la justicia.

Pasó también Maduro hablando de la brisa bolivariana que llegaba al cono sur. Por esa política de cepo y sustitución de importaciones, al final hicimos un chavismo criollo pero de menor calidad. Por suerte El Capitán Verso no se pone la chamarra roja, porque ahí sí que sería un papelón: Luigi es el verde y segundón, más a tono con lo suyo.

Se pusieron del lado de las tomas de campos y las roturas de los silobolsas, pero fueron todos a misa con el encubridor de pedófilos que es rey en un paraíso fiscal europeo. El oscuro que se viste de blanco los ayudó argumentando a favor de una sociedad más igualitaria, aunque más pobre. Los uruguayos del avión armaron una comunidad igualitaria y pobre. Terminó con canibalismo, Pancho.

La arquitecta egipcia empezó a meterle fichas al Lorenzo Lamas que se hizo la chupina de Hair Recovery, el Berninator. Puso una patita en cada palangana, aunque no era 17 de octubre virtual.

Así llegamos a hoy, con una sociedad más dividida que casa de familia del Opus Dei. Tenemos que la justicia se volvió hippie y le pidió a los hermanos Etchevehere que hagan un taller de constelaciones familiares con Pilar Sordo para arreglar sus problemas de herencia, mientras cuarenta tipos usurparon un campo y pusieron en riesgo la propiedad privada. La frutilla del postre fue prohibirles hacer declaraciones para no afectar a los usurpadores. Papá, si pudieran las mismas ganas para cuidar a las víctimas seriamos el primer mundo.

Estoy tranquilo, amigo lector. En la medida de lo posible, claro. ¿Sabe en qué le erré muy feo? En la última nota de 2019 dije que había que ser optimistas, porque este año iba a ser mejor. Menos mal que no juego, porque estaría más quebrado que el Banco Central. Tenga buena semana.