Argentina, el país del “mientras tanto”

El Presidente esperaría unas semanas más para ver si las medidas tomadas por Guzmán dan resultado. Siguen enfocadas a lo cambiario cuando el problema, por mucho, lo excede. El escenario está dominado por las expectativas negativas. Con un rebote el próximo año, recién en 2025 se recuperará el nivel de actividad de 2019. En cuatro años estaríamos como hace uno.

Por Gabriela Origlia 

El presidente Alberto Fernández habría decidido darle más tiempo al ministro Martín Guzmán –a quien definió como el timonel de las resoluciones económicas- para que sus medidas tengan impacto. ¿Por qué serían dos semanas? Porque en ese plazo llega la licitación de US$750 millones con la que el funcionario espera una mejora.

Hasta ahora, las medidas hicieron aguas y la coincidencia de todo el arco de especialistas es que no lo tienen porque hay un error de diagnóstico: el problema no es cambiario. Es la falta de un plan, programa o conjunto de medidas coherentes. El nombre que sea pero que vaya al fondo de la cuestión.

Aunque el discurso oficial es que la realidad es el dólar oficial, es imposible que la economía funcione con una brecha del 130%. El mercado, los agentes económicos, esperan que se explique cómo se van a corregir los desequilibrios fiscal y monetario. Ricardo Arriazu lo definió taxativamente: “El tamaño de la brecha es el de la desconfianza”. Esa desconfianza se traduce en un derrumbe del peso. El problema está ahí. Mientras en el mundo sobran dólares, en la Argentina faltan. El Banco Central sigue perdiendo reservas.

Datos del Ieral muestran que este año la base monetaria está aumentando a un ritmo interanual superior al 70%, y podría volver a expandirse entre 50 y 60% en 2021, dado el déficit primario previsto en el presupuesto (4,2 % del PIB). Sin la posibilidad práctica de usar al tipo de cambio como ancla, y ante la reticencia para utilizar el gasto público con ese objetivo, el instituto proyecta para 2021 una tasa de inflación superior a la prevista en el presupuesto, que es del 29%. Ese es otro problema: los fundamentos del proyecto en el Congreso generan más dudas que certezas.

Si se toma la experiencia del “cepo” anterior, se tiene una inflación acumulada de 176% en 2012-15 la que compara con una variación de 180% de la base monetaria en el período. La suba de salarios nominales fue de 184%, pero el tipo de cambio nominal oficial (peso/dólar) registró una variación de 124%: ya se sabe que utilizar esta variable como “ancla”, sin políticas fiscales y monetarias consistentes, termina erosionando las reservas del Banco Central. “A diferencia del cepo anterior, en el presente existe muy poco margen para mantener estos desequilibrios en el tiempo”, describe el Ieral en un informe de Marcelo Capello y Fernando Kühn.

El escenario está dominado por las expectativas negativas. De acuerdo a proyecciones actualizadas a octubre del Fondo Monetario Internacional la caída del producto en la Argentina alcanzaría un 11,8% en 2020 y recién en 2025 se recuperará el nivel de actividad de 2019. En síntesis: en cuatro años estaríamos como hace uno.

El Banco Mundial prevé una recesión incluso mayor para este año de 12,3%, lo cual también está en línea con el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central. Estos datos confirman que Argentina es el segundo país de la región más afectado por la pandemia y que se encuentra entre las 10 economías del mundo más impactadas por el Covid-19.

Hay economistas que insisten con la alternativa de adoptar un régimen de tipo de cambio desdoblado: un dólar libre financiero para compra/venta para atesoramiento, turismo y parte del pago de vencimientos de deuda las empresas y un dólar controlado para el comercio exterior (importaciones y exportaciones). Igual, admiten que debería ser sólo un “mientras tanto”.

Ese “mientras” sería hasta tanto el Gobierno muestre todas sus cartas, las que el Presidente insiste desde marzo que tiene pero que las expandiría una vez que se arreglara el canje de deuda. El acuerdo ya fue. Ahora viene reiterando que un programa con el FMI ayudará a ordenar el mercado cambiario. ¿Saldrá de ahí el programa, el GPS para los próximos tres años? Si es así tiene que ser rápido porque también lo es el desmejoramiento de la situación.