Sorprendente: el apoyo de Macri a Santos preocupa al PJ

Las declaraciones del ex presidente destacando la figura de Santos generó algún (inexplicable) resquemor en el peronismo, que intuyó el ex secretario de Turismo podría coptar cuadros PJ en una hipotética candidatura provincial. El catastrófico experimento macrista de testar en Córdoba parece haber quedado en el olvido.

Por Felipe Osman

Mauricio Macri ha decido regresar del ostracismo y lo ha hecho participando de una serie de entrevistas televisivas en medios en los que se siente bien recibido. Tal vez para compensar esa hospitalidad, no ha escatimado en definiciones políticas, y además de blandir serios señalamientos contra el eje Frigerio-Monzó, arrepintiéndose ante las cámaras de la libertad que supo concederle para construir mayorías en el Congreso, ha reservado un espacio para los halagos, destinados todos ellos a figuras Pro.
Entre los beneficiarios del favor ex presidencial, además de la diputada Soher El Sukaria y la senadora Laura “López” [sic, por Rodríguez] Machado, apareció el ex secretario de Turismo de la Nación Gustavo Santos, quien antes de serlo presidió la Agencia Córdoba Turismo durante los gobiernos de Juan Schiaretti (2007-2011) y José Manuel de la Sota (2011-2015).
(Si nos remontáramos todavía más, también encontraríamos el nombre de Santos en el bloque UCR del Concejo Deliberante entre 1999 y 2007, y si siguiéramos insistiendo, lo veríamos como funcionario de Rubén Américo Martí en el municipio. Pero dejemos este frondoso historial de vaivenes políticos a un lado y volvamos a lo que vinimos).
La enunciación de Santos como un expectable en las consideraciones de Macri incomodó, en alguna medida, a parte del peronismo “que viene”, que hizo el siguiente análisis: el líder último del Pro encuentra en Córdoba la tierra prometida, aquella en donde cosecha -siempre que es candidato- más del 60 por ciento de los votos. En ocasiones, bastante más.
Además, entiende que Santos es un candidato que podría unir tras de sí a toda la oposición, al que no faltarían recursos para llevar adelante una campaña electoral que en 2021 lo pusiera en las vidrieras ampliando su índice de conocimiento, y que finalmente, en el lejanísimo 2023, podría coptar a sectores del peronismo que no se sintieran contenidos por la renovación del PJ cordobés.
Interpretan, finalmente, que se trata de un político hábil (su capacidad de adaptación parece dar cuenta de ello) y que de su paso por el gabinete provincial entre 2007 y 2015 conserva buenas relaciones con “la vieja guardia” del schiarettismo, que podría ver en él una chance de continuidad si la nueva generación no se la ofreciera.
Hasta aquí, el razonamiento no parece descabellado, pero tampoco termina de convencer. Y cuando eso pasa -dicen los que saben- hay que retroceder y ver si el problema no está en la primera premisa. En el cimiento del silogismo.
Tal vez el yerro esté entonces en la idea de que Mauricio Macri -cuya performance electoral en Córdoba no ha sido aún puesta en entredicho- tenga la capacidad de testar en la provincia direccionando ese capital electoral hacia el candidato que más se acomode a su capricho.
Quienes se preocupan al ver los antecedentes de Macri cosechando en Córdoba más del 60 por ciento de los votos tanto en 2015 como en 2019, ¿están mirando el antecedente indicado?
Para no terminar comparando peras con manzanas, lo más propio sería ver el antecedente de mayo de 2019. Elecciones provinciales se comparan con elecciones provinciales. Nacionales con nacionales. Ejecutivas con ejecutivas. Y legislativas con legislativas. Esa es la máxima.
Y si se respeta, se verá sin ninguna dificultad que la última vez que el índice de Macri ungió a un candidato en Córdoba la entente UCR-PRO y asociados estalló por los aires, y que la UCR aún está juntando los pedazos de aquella explosión.
¿Cabe entonces imaginar que la Unión Cívica Radical, que aún no logra metabolizar los conflictos internos que produjo la última aventura de Macri jugando al gran elector, consentirá en alinearse detrás del candidato que mejor caiga en gracia al ex presidente? ¿O que el ex mandatario tiene, con el electorado cordobés, una “boleta en blanco” que puede completar con el nombre que más le guste?
Hacerlo resulta tan difícil como creer que la persistencia en el error pueda haber hecho escuela en Juntos por el Cambio. O que la atención del peronismo pueda estar puesta en el brumoso 2023.