Esperanzas que hubo alguna vez

El director Aaron Sorkin, bajo la atenta mirada de su mentor Steven Spielberg, se zambulle en la persistente nube de nostalgia por la década del sesenta con “El juicio de los 7 de Chicago”, un largometraje que acaba de estrenarse en Netflix con el doble propósito de educar y entretener.

Por J.C. Maraddón

Cuando ha pasado ya medio siglo desde la finalización de la década del sesenta, cada vez queda más en evidencia que ese decenio ha sido una bisagra en la historia universal y que la evolución de la humanidad bien podría ser dividida entre lo que pasó antes y lo que sucedió después de ese periodo. Al empoderamiento de los jóvenes como factor de aceleración en la dinámica social, vehiculizado sobre todo a través de la música de rock, se le añadieron las luchas de los afroamericanos por la reivindicación de sus derechos civiles en Estados Unidos, la liberación femenina y las protestas que desató en ese país la Guerra de Vietnam.

No es casual que algunas de las figuras que en aquel entonces pudieron haber encarnado los ideales de cambio, desde Bob Kennedy hasta Malcolm X y desde Martin Luther King hasta el Che Guevara, hayan muerto asesinados y en el mismo momento se hayan convertido en mártires de la causa. Había un pasado que se resistía a quedar atrás y un futuro que se presentaba venturoso y tras el que muchos se encaminaban sin medir las consecuencias de sus actos. Fue un momento de quiebre cuyos remezones todavía son perceptibles cincuenta años después.

Si lo que se propuso esa generación sesentista fue vivir en un planeta donde reinara la paz, donde el medio ambiente estuviera protegido y donde la gente se encolumnara detrás de premisas solidarias, a cada paso comprobamos que sus objetivos distan mucho de haberse cumplido, siquiera en parte. Armamento tan sofisticado como mortífero, catástrofes ecológicas cotidianas y una especie de pelea de todos contra todos por las más insólitas razones, demuestran que nuestro presente es algo así como una pesadilla si se lo compara con los sueños que animaban a quienes tuvieron la fortuna de ser jóvenes en los sesenta.

Tal vez sea esa la razón por la que los centros de producción de cultura de masas han desarrollado el tic de volver demasiado seguido a aquel tiempo dorado, para evocar la que podría llegar a ser la última camada de seres esperanzados que creyó en un futuro mejor. Y en medio de una pandemia global que devasta la salud, la economía y las expectativas universales, el recuerdo de esa edad gloriosa se agiganta en su magnitud y toma un brillo enceguecedor, incluso para quienes sólo pudieron escuchar los detalles de lo que pasó entonces a través de sus abuelos.

Así como el año pasado Quentin Tarantino plasmó una apología de ese optimismo ingenuo en “Érase una vez en Hollywood”, ahora le tocó a Aaron Sorkin, bajo la atenta mirada de Steven Spielberg, zambullirse en esa nube de nostalgia con “El juicio de los 7 de Chicago”, un largometraje que acaba de estrenarse en Netflix. Mediante procedimientos novedosos, pero respetando el catecismo de los filmes que transcurren en estrados judiciales, esta producción que aspira a competir en los Oscars ofrece instancias de tensión dramática, pasos de comedia y hasta alegatos políticos que dan como resultado un producto que pretende educar y entretener.

Sobre la historia real de siete manifestantes que fueron acusados de conspiración cuando participaron de enfrentamientos con la policía durante la convención demócrata de 1968 en Chicago, la realización de Sorkin denuncia las arbitrariedades de la administración Nixon, que buscaba un fallo ejemplificador para poner en caja la rebeldía generalizada. Aunque el propio Richard Nixon debió renunciar luego a raíz del caso Watergate y a pesar de que la Guerra de Vietnam concluyó con la retirada de las tropas estadounidenses, en el filme se vislumbra que la victoria del sesentismo fue pírrica y que aún hoy muchas de sus consignas están demasiado lejos de hacerse realidad.