Correo compras, la ficción del Estado eficiente

El gobierno lanzó su propuesta para intentar competir contra Marcado Libre, la empresa local que lidera en el e-commerce latinoamericano.

Por Javier Boher
El poder político en particular, y la política en general, se construye sobre ficciones. Un buen relato, más o menos articulado, servirá a quien pretenda conducir los destinos de algún grupo. Toda ficción se asienta sobre algo de verdad, pero rara vez esta última representa la parte mayoritaria de la historia.
La Argentina que nació tras la crisis del ’30 pensó que el aislamiento geográfico era algo nocivo para el desarrollo, ya que el cierre de fronteras nacionales y la reducción del comercio internacional dejaron al país (pero especialmente a Buenos Aires) sin algunos de los bienes que tanto consumía. Nace el modelo de industrialización por sustitución de importaciones con el que tanto machacaron nuestros profesores en la escuela secundaria.
Aquellos primeros tiempos pensaban al Estado como un actor central en la vida económica, pero no como el único. Básicamente, su presencia debía evitarse allí donde no tuviera ventaja comparativa, por lo costoso e innecesario ¿para qué participar donde ya hay alguien del mismo país que lo puede hacer razonablemente bien?.Un poco más tarde ese razonamiento cambió, dando lugar a la ingenua idea de que solo el Estado puede hacer las cosas de la manera correcta y en beneficio de todos, tal como quedó en evidencia en… ninguna parte del mundo.
Por su mira corta, su pequeñez analítica y su estrechez ideológica, el kirchnerismo decidió enfrentarse con la empresa más importante del país, un unicornio que pelea en el durísimo campo de las industrias del conocimiento. Con apenas dos décadas de vida se transformó en una referencia obligada para vendedores y compradores de todo el país, que ampliaron su mercado o si posibilidad de consumo gracias a una plataforma que les permitió cortar las cadenas de intermediarios.
Como le tocó a Shell en tiempos de Néstor o al campo y Clarín en los de Cristina, hoy Alberto ha decidido embarcarse en un conflicto estéril contra el hijo que fue a la universidad y puede ayudar a la familia a salir de la pobreza. El gobierno es el padre analfabeto que echa de la casa al hijo que aprendió a leer.
La sólida ficción según la cual el Estado es todopoderoso los impulsó a enfrentarse contra Mercado Libre de múltiples maneras, llegando al extremo del ridículo al crear una plataforma para competirle, llamada Correo Compras. Es como la plataforma cont.ar como sustituta de Netflix o la TDA como sustituta del cable, que sirven más para apuntalar un relato que como ayuda a los ciudadanos. Además, usan de base al mismo correo que Mercadolibre está dejando de usar por la imprevisibilidad en los envíos.
Podemos ir un paso más allá y preguntarnos de qué manera piensan los cráneos del cristinismo hardcore que pueden ganarle a una empresa hipereficiente, cuando todavía no sabemos si van a poder evitar que perdamos todos contra la hiperinflación. Trataron de organizar una página web para poner los pies (y no las barbas) en remojo en una palangana por el 17 de Octubre y colapsó peor que el plan de exportar cosechadoras a Angola. Tuvieron que llorar ataque extranjero para no aceptar que no pudieron manejar un tráfico que representa una fracción de los que pasan por Mercado Libre averiguando un precio antes de entrar a regatear a un comercio físico. Se parecen al gobierno anterior cuando lloró complot porque se le desprogramaron los bots y trolls de Twitter.
Si vamos a lo más serio, vivimos en un Estado que no se puede administrar ni siquiera a sí mismo. Es un Estado en el que la eficiencia y la productividad son doctrinas neoliberales para subyugar a los pueblos libres en la búsqueda de la felicidad, en lugar de criterios económicos básicos para determinar costos y beneficios de prácticamente cualquier cosa, así como la clave para ser competitivos en un mundo que, a casi cien años de la crisis del ’30, está hiper integrado.
Para lidiar con un virus decidieron cerrar escuelas, bares, bibliotecas o cementerios durante siete meses. Prohibieron que la gente se junte o que circule por las rutas. Tuvieron que destruir la economía del país porque así pretendían cuidar la salud y fallaron groseramente en la misión. Son, prácticamente, la definición de ineficiencia, improvisación e inoperancia. Y, sin embargo, se creen invencibles. Incluso para competirle a una empresa que ya vale el 10% del PBI argentino. Pura ficción.