Pasan los días claves y habría nuevos anuncios de Guzmán

La brecha de más de 100% entre los dólares hace que la economía no pueda funcionar bien en ningún ámbito. Las restricciones avanzaron y cada vez se complica más la situación. No sólo hay un mercado inundado de pesos sino que hay desconfianza generada por las internas políticas de la coalición de Gobierno.

Por Gabriela Origlia 

Pasó otra semana “cave” más después de los anuncios económicos de hace 15 días pero la situación no mejoró. La tensión sigue y el presidente Alberto Fernández reconoció que la liquidación de exportaciones no está a la altura de lo que esperaban. A esa situación se le suma que en la agenda oficial el discurso del “éxito” en la lucha contra la pandemia ya no tiene lugar. Los números tampoco en ese segmento ayudan.

Se espera que el Ministerio de Economía anuncie nuevas medidas para intentar controlar el dólar que se sumen a las que ya planteó el viernes (beneficios en Ganancias y Bienes Personales para las inversiones en pesos. Hasta ahora las decisiones claves del mercado cambiario las tomó el presidente del Banco Central, Miguel Pesce. Esta vezes el ministro Martín Guzmán quien lleva la delantera.

La brecha de de 120% entre los dólares hace que la economía no pueda funcionar bien en ningún ámbito. Las restricciones avanzaron y cada vez se complica más la situación. El problema de fondo –como ya se dijo hasta el cansancio- es de confianza. El diagnóstico del Central es que hay pocos dólares en la economía por eso fue sumando limitaciones hasta llegar a la actual situación. Con la brecha actual solo se produce y vende para subsistir.

La “frazada corta” domina el escenario argentino. Los movimientos posibles están limitados. No sólo hay un mercado inundado de pesos (habrá más porque la emisión seguirá) sino que hay desconfianza generada por las internas políticas de la coalición de Gobierno. La percepción es que el Ejecutivo no está cohesionado. No sólo provocó desconfianza el intento de estatización de Vicentin, a esa iniciativa le siguieron otras con idas y vueltas que sumaron ruidos y no colaboraron en la idea de que las energías estaban focalizadas en gestionar la pandemia lo mejor posible y en enderezar la economía.

Es claro que a la administración de Alberto Fernández le gustaría poder “repartir”, conformar a sus votantes y sumar a otros. El ciclo que le tocó es el de la vereda de enfrente, el de la escasez. No le sobran las reservas, tiene déficit fiscal y lo financia con emisión. Es probable que las herramientas a las que se echaron mano hasta ahora es que, probablemente, terminen afectando precisamente a los segmentos de la población que se quiere favorecer.

La actual gestión tiene superávit comercial –le falta el fiscal que también tenía Néstor Kirchner- pero los dólares que entran por esa puerta salen por otra. Y a medida que crece la desconfianza esa dinámica se acelera. De hecho, el precio del blue marca que hay quienes están dispuestos a pagar valores estrambóticos por el dólar.

En la Argentina en las últimas décadas se pregona la necesidad de un acuerdo político social amplio. Siempre queda en el discurso y cada vez es más lejano. La clase política en su conjunto está en otro registro. Presentar un programa económico creíble con aval intersectorial hoy parece muy lejano. Los puentes de diálogo están dinamitados y esa realidad excede al Presidente. En este escenario hace casi un año que se apuesta a “seguir tirando”, a “ganar tiempo”.

En los últimos días el Presidente y el propio Guzmán se refirieron al Fondo Monetario Internacional (FMI) –cuya misión regresará en unas semanas- como si fueran economistas empáticos, que no requerirán ajuste y que colaborarán con la Argentina. Los argentinos ya escucharon lo mismo hace pocos meses atrás, cuando Christine Lagarde tenía la mejor relación posible con Mauricio Macri.

Ahora los técnicos habrían sugerido aumentar la presión fiscal. Al frente hay un sector privado agotado. Ya no hay espacio para seguir exprimiendo ni a grandes ni a chicos. En el Gobierno asumen algunas declaraciones de funcionarios del Fondo como un guiño al impuesto a las “grandes fortunas” que está camino a ser sancionado.

Cada vez es más evidente de que si el Gobierno no marca un rumbo económico para los próximos 3 años con un plan económico integral el ajuste cambiario será mayor e inevitable, con el consecuente impulso inflacionario.