Llamosas apuesta a los leales para el final de campaña

¿Qué es un líder sin sus fieles seguidores? El intendente riocuartense fortalece su imagen con la ayuda de sus acólitos más cercanos, quienes saldrán a resistir los embates de la oposición. Sobre el final de la carrera electoral, Llamosas confía en ellos para hacerle frente al desgaste de la pandemia.

Por Gabriel Marclé

Mercedes Novaira, Juan Manuel Llamosas y Camilo Vieyra.

Se acerca un punto de inflexión para el llamosismo en Río Cuarto, uno que definirá el destino de la masa de ideas y proyectos que forjaron las alianzas del pasado, logrando que el peronismo vuelva a la Municipalidad después de 12 años. El espacio se enfrenta al desafío más difícil, atravesados por la pandemia y el desgaste que conllevó ese proceso. Si el plan por la reelección sigue en pie y en ventaja, es porque los hombres y mujeres más cercanos al intendente así lo han trabajado, como patas fundamentales, sostenes de las bases para continuar en la pelea a pesar de los golpes. Para Juan Manuel Llamosas, la lealtad es el arma secreta de su proyecto y sin ella no podrá sostenerlo.

El 17 de octubre sirvió como excusa para volver a traer el concepto de lealtad a la agenda política. El término tiene un significado especial para el justicialismo, uno que se sostiene pese a las divisiones internas. Es por eso que la fecha del sábado pasado también le sirvió a Llamosas para mirar a los ojos de compañeros y compañeras que se alinean detrás de su liderazgo. Son menos que antes, eso seguro. Incluso, algunos de los que están dentro todavía tienen ciertas dudas respecto al rumbo que tomó el proceso. Pero el intendente fue en busca de esa lealtad que lo ayudó a llegar a la intendencia.

Días atrás, Alfil habló de aquellos funcionarios que salen a “bancar los trapos” frente a los embates del frente opositor liderado por Gabriel Abrile. Allí se destacó Mercedes Novaira, secretaria de Educación y Culto, una de las más fieles seguidoras del intendente Llamosas, incluso desde antes que se confirmara su candidatura allá por 2015. Ella fue una de las primeras en “mostrar los dientes” dentro del gabinete, saliendo a responder los cuestionamientos del candidato de Juntos por Río Cuarto. Su intervención elevó la vara para el resto de los adeptos del movimiento llamosista, con expresiones que volvieron notoria la creciente necesidad por oponer resistencia a los “chirlos” del radicalismo.

Tal como lo adelantaban algunos asesores cercanos al Ejecutivo municipal, lo de Novaira es tan solo una muestra de lo que vendrá en las próximas semanas. Llamosas necesita mandar a la cancha a sus seguidores para fortificar esa imagen de líder. Sin sus aliados más leales, el intendente devuelve una efigie solitaria, algo que no lo beneficia en su rol comandante y que se contradice con la “unidad” y participación a la que apuestan los espacios justicialistas que se enfrentan a una elección como la que tendrá Río Cuarto.

El individualismo y la personificación de un “salvador” es algo que define a la línea estratégica de los espacios opositores, ya sea con el médico Gabriel Abrile por el radicalismo o con Pablo Carrizo en el frente PAÍS. Es por eso que el nuevo relato del llamosismo apuntará a la visión de “equipo”. El intendente saldrá a la cancha desde el rol de director técnico, pero sus mejores jugadores tendrán el rol protagónico en el partido que el 29/11 se jugará en las urnas.

Entre esas figuras aparece a Camilo Vieyra, mano derecha del intendente, nombre que tiene tantos adeptos como disidentes dentro de la Municipalidad y sus anexos. Su estirpe no va de la mano con la simpatía y tampoco es de los personajes más confrontadores. El estilo Vieyra es el del partido largo, sin apresuramientos y siguiendo un plan de juego claro. Es por esto que quizá no se lo escuche responder a las chicanas del frente opositor, ni realizar declaraciones rimbombantes, ideales para el título de primera plana.

Sin embargo, su acompañamiento y cercanía con el intendente lo vuelve indispensable para el proyecto, tanto a corto como a largo plazo. Siendo el socio más próximo al intendente, el Jefe de Gabinete se permite explorar alternativas que lo vuelven un estratega definitorio. Todos los datos pasan por él, y desde allí trabaja para delinear el camino más favorable para los objetivos del jefe municipal.

Este momento particular de la campaña permite confirmar que Llamosas no actúa en soledad y siempre está guiado por las manifestaciones de sus leales, algo que no había transparentado hasta la fecha pero que empieza a mostrar cada vez más seguido. El recorrido del sprint final podría implicar un reconocimiento a quienes lo hacen fuerte desde dentro, una doble ventaja para su estrategia, ya que no será él quien deba salir a boxear con sus rivales.

Pero, así como Llamosas reconoce la importancia de sus seguidores y socios directos, también considera que se trata de una instancia que podría tener fecha de expiración. El 29/11 será una fecha de reafirmación o una de rupturas. El intendente prefiere rodearse de los más leales, esos que no presentan ambiciones más allá del proceso electoral del 29/11.

Si el proyecto de todos apunta a la victoria de Llamosas es porque sus chances siguen siendo altas, a pesar de algunas encuestas que manifiestan lo contrario. ¿Qué ocurre con los menos conformes de su equipo? ¿Permanecerán a su lado contra viento y marea o apuntarán a la generación de nuevos espacios? Cuando pase el huracán, el peronismo local se tomará un momento para ver qué estructuras resistieron y cuáles se derrumbaron.

 

Peronómetro en las urnas

Las actividades del día de la lealtad permitieron reflexionar sobre las exigencias del proceso. El peronómetro se encendió para ver quiénes comprendían y representaban mejor el mensaje de lealtad, aun cuando el mote de “traidor” tiene un significado peculiar y distinto al de otras dimensiones políticas. Pero en Río Cuarto también se encendió otro artefacto de medida: el “llamosímetro”, donde algunos compitieron por ver quién era más llamosista que el otro.

Mientras el intendente realizaba un Zoom, acompañado de la militancia y los referentes de su espacio político, algunos observaban con desdén las intervenciones de ciertos actores del peronismo local, quienes se arrimaban a la mesa chica de la gestión. “Nos une un objetivo, lo que vuelve genuino algo que no debería serlo”, comentaba uno de los participantes del encuentro, dando a entender que su espacio convive entre halcones y palomas.

Hay algunos nombres que no provocan adhesión ni simpatía dentro del justicialismo local, incluso algunos que han decidido alejarse de esas concentraciones para evitar mayores daños. El frente llamosista está construido entre fieles e infieles, quienes demuestran un mayor o menor apego a los ideales del llamosismo. Aun así, insisten en no perder de vista lo importante: la “unidad” es lo que allanará el camino hacia la reelección.

“La gente quiere ir a votar, nosotros también. Es ahora o nunca”, se planteó una de las voces de mayor consulta dentro del peronismo de gestión. La frase surgió a partir de algunas encuestas que permitieron establecer dos conclusiones centrales. Primero, el peronismo espera que el 60% de la ciudadanía asista a las urnas en la fecha indicada, dato que los motiva a centralizar los esfuerzos. Segundo, las consultas propias revelan que la aprobación de la gestión municipal ha sufrido una baja durante el brote de contagios que comenzó en agosto. El “efecto desgaste” obliga a poner toda la carne al asador, tal como parece estar haciéndolo el rival a vencer en la contienda. “Hasta el 29 de noviembre, somos todos llamosistas”, concluye un integrante del espacio.