17 en octubre

Pasó otro Día de la Lealtad, aunque poco exitoso. Quizás la gente ya no sabe muy bien en qué creer y empieza a perder la fe

Por Javier Boher
¡Qué calorón, amigo lector! Menos mal que cayeron unas gotas en la semana, porque con lo seco que está todo, te rascás más o menos fuerte y la fricción hace que se te prenda fuego la mano. No le doy vueltas: hoy toca hablar del Día de la Lealtad.
Mientras recorría las redes sociales en mi habitual encierro de cuarentena (porque yo soy muy obediente de las decisiones administrativas que emanan de decretos presidenciales, circulares del COE, cartas astrales de intendentes u horóscopos bazooka de voluntarios que fungen como zorros grises) pude aprender mucho sobre por qué el sábado se celebró un nuevo aniversario del día que Perón resucitó en Martín García para dejar en claro que era una especie de Dios en la tierra. Le cuento más o menos qué leí.
Resulta que Perón era militar y que llegó al gobierno como parte de una dictadura abiertamente nazi. Nunca lo hubiese imaginado, porque el kirchnerismo odia a las fuerzas armadas. Parece que el problema no es en sí con los uniformes, sino con algo así como “querer el bienestar del pueblo” o trabajar para “agrandar la nación”. No entiendo mucho, porque es justo lo mismo que decían los milicos malos, pero bueno. De contradicciones vive el hombre (y la hombra).
Aparentemente, antes de su llegada al poder, en este país no había nada. Es difícil saber si el territorio ya estaba habitado o si formó a los argentinos con un poco de barro del riachuelo, si los ensambló con matrices que venían gastadas de Europa o si brotaron del suelo como los hijos de Urano después del incidente con Cronos (que es probable, porque nunca pudo tener hijos).
Independientemente de eso, todos podemos saber que Perón creó la escuela y la universidad públicas, en las que se educaron miles de hijos de obreros. Allí existió libertad de cátedra y de pensamiento como nunca antes -ni después- en la historia de la humanidad.
Esos mismos obreros que pudieron educar a sus hijos también fueron capaces de administrar las fábricas que el General les legó, un germen socialista de autogestión soviética con los medios de producción en manos de los trabajadores. Pudo hacer eso, además, porque antes había creado los sindicatos.
El general otorgó derechos a las mujeres, porque es sabido por todos que la mujer tenía que estar en la casa hasta que Perón decidió que estaba en condiciones de integrarse a la vida cívica y social. A todo eso lo hizo por las ideas de su esposa, Evita, reconocida militante por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito que aprendió militando en el colectivo LGBT de la escuela de actuación.
Por supuesto, amigo lector, que esas son metas patrañas que, sin embargo, han circulado (un poco atenuadas) por las redes sociales. El tiempo -y el kirchnerismo- han construido un Perón que está más cerca de aquellos a los que perseguía y mandaba presos que de los que sumaba a su gobierno. ¿Votaría hoy Perón al peronismo?.
El fracaso del acto del sábado arrancó en lo simbólico: ¿cómo le vas a pedir a la gente que meta los pies en una palangana con agua para emular a los que fueron hasta la plaza a pedir por su libertad? Los que se mojaban los pies en el 45 son como los que hoy toman tierras porque no tienen trabajo, los que roban porque se perdieron en la droga o los que no pueden poner los pies en un fuentón y seguirlo por internet porque no tienen internet y al balde lo usan para ir al baño. A esta altura, amigo lector, es difícil saber si es por cínicos o porque solo le hablan al progre universitario que se imagina clase baja porque va a los actos a comer chori. Hasta da un poco de vergüenza.
Como todo lo que les pasa últimamente, calcularon mal los servidores y se les cayeron. Rápidamente fue la derecha neoliberal/sionista/financiada por Soros y la banca Rothschild en lugar de su inoperancia. Nunca aceptar que se equivocaron, siempre buscar un enemigo a quien culpar.
El peronismo amplió derechos y le llevó una mejor calidad de vida a mucha gente, tal como pasó con el kirchnerismo 60 años más tarde. Lo verdaderamente reprochable son dos cosas.
Primero, que se llevaron el crédito por lo que otros se pelaron el lomo antes: socialistas, comunistas, anarquistas, feministas; todos existieron antes de que llegara Perón a pedir el crédito por tomar prestadas ideas ajenas.
Segundo, que esa ampliación de derechos se usó para justificar que avanzaron sobre las instituciones, la República y la democracia, como si el conceder unos derechos mientras se quitan otros fuese un combo de hamburguesa con papas y gaseosa que no se puede separar.
Fue cuestión de tiempo, amigo lector, para que esa ampliación de derechos se convierta en fe, hasta que algunos decidieron dejar de compartirla. Tal vez por eso, lo que antes era una fiesta multitudinaria, ahora juntó a un puñado de nostálgicos.
De un 17 de Octubre soñado, pasamos a que para el gobierno octubre está siendo como el 17 en los sueños: una desgracia por la que perdieron la credibilidad, la alegría y -con mucho dolor para ellos- la calle.
Que le sea leve el calor. Buena semana.