Estereotipos ochentosos

A los 77 años, Hugo Arana falleció este fin de semana por complicaciones de salud debidas al coronavirus. Tal vez las nuevas generaciones lo recuerden por otras incursiones televisivas más recientes, pero en su biografía brilla con luz propia su desempeño en “Matrimonios y algo más”.

Por J.C. Maraddón

Evaluar los contenidos de los programas humorísticos del pasado de acuerdo a los parámetros actuales es un ejercicio muy difícil de practicar, sobre todo porque no solo deja expuestos a los cómicos y guionistas, sino que también revela de qué se reía la gente en aquellos años. Y, sobre todo, alimenta la paradoja de que aquello que era valiente y audaz en su época, porque desafiaba los rigores de la censura, visto en perspectiva hace gala de un sexismo imposible de reivindicar en la actualidad. Al borde de la chabacanería, muchos de esos sketches que hoy resultan chocantes, eran en su momento el colmo de la transgresión.

Hugo Moser, autor de los guiones del ciclo “Matrimonios y algo más”, siempre había aprovechado muy bien los trucos de la picardía para abordar la intimidad de las relaciones entre hombres y mujeres. El incipiente “destape” que se produjo en las postrimerías de la dictadura le dio la posibilidad de extender los límites y eludir los mecanismos represivos de los militares, que de a poco empezaban a aflojar su rigor. El programa de Moser funcionó así como una válvula de escape para que aflorasen en la TV las chanzas subidas de tono que se hacían en privado.

En la galería de personajes que protagonizaban esos segmentos, participaba un elenco de notables comediantes, muchos de ellos con probada experiencia televisiva, teatral y cinematográfica. Y también aparecían allí actores que habían desarrollado una carrera en el arte dramático, y que demostraban en “Matrimonios y algo más” una ductilidad que los convertía en graciosos. Un guion desopilante, actuaciones destacadas y un doble sentido constante, impulsaron el rating del ciclo y lo coronaron como una de las producciones de humor más representativas de ese periodo tan particular, que dio lugar a la recuperación de las instituciones democráticas.

Entre las figuras más populares que se consagraron en ese programa, se debe mencionar a Hugo Arana, quien por ese entonces llevaba ya más de una década de profesión y que asumiría la caracterización de El Groncho, un mecánico que tenía como pareja a una chica de la alta sociedad, interpretada por Cristina del Valle. Aunque él caía en todos los lugares comunes del macho argentino, el afecto limaba las asperezas determinadas por la conducta a veces brutal de El Groncho y por las diferencias de clase social, cuyos contrastes eran el eje de los gags más efectivos.

Ese rol, sin embargo, no produjo un encasillamiento de Arana, sino todo lo contrario. Así como El Groncho encarnaba la caricatura del machismo, de manera casi espontánea surgió su contraparte, Huguito Araña, que conjugaba todos los prejuicios de aquel tiempo sobre los homosexuales. Aunque estereotipada y grotesca, su composición tenía como efecto colateral la visibilización de una diversidad que la dictadura pretendía ocultar y que, de hecho, los censores intentaron sacar de la pantalla. Como provocativo entrevistador, este recordado personaje que no tendría ninguna cabida en nuestro presente, era el resultado de un contexto de reconquista de las libertades.

A los 77 años, Hugo Arana falleció este fin de semana por complicaciones de salud debidas al coronavirus. Tal vez las nuevas generaciones lo recuerden por otras incursiones televisivas suyas mucho más recientes, pero en su biografía brilla con luz propia su desempeño en “Matrimonios y algo más” a comienzos de los ochenta y su tremendo acierto cuando le tocó ponerse en la piel de estos dos prototipos tan antagónicos. Más allá de la escasa vigencia que puedan tener hoy El Groncho y Huguito Araña como vectores de comicidad, su llegada a los espectadores de aquella época demuestra el enorme talento actoral de su intérprete.