Lluvia de (restricciones para comprar) dólares

Después de que en agosto el 10% de la población compró dólares oficiales, el gobierno decidió endurecer las restricciones para acceder a moneda extranjera.

Por Javier Boher

Finalmente se levantó el feriado cambiario y, tras más de una semana sin poder comprar moneda extranjera, los argentinos supimos de qué va a depender a partir de ahora el poder hacerlo. Como se esperaba, se han decidido nuevas restricciones que empujan a los que quieren hacerse de divisas al mercado informal. Nada nuevo bajo el sol.

Como suele suceder de manera recurrente en este país, los políticos han decidido fulminar a la moneda nacional bajo la premisa de que “hay que ahorrar en pesos”, una especie de “ábrete sésamo” para que la ciudadanía se vuelque sin freno a resguardar en otras alternativas el valor de su trabajo. Como ya dijeron algunos otras tantas veces, el problema no es tanto de números como de confianza.

Las nuevas restricciones son llamativas, porque casualmente desnudan la artificialidad de la economía kirchnerista. Si el Estado es el motor de la actividad, probablemente a esta altura ya esté fallando como algún viejo Indenor, que alguna vez supo ser confiable y hoy sufre las consecuencias del paso del tiempo.

La omnipresencia estatal en la vida social y económica deja a las claras que eso va agotando la posibilidad de reacción del sector privado. Tanto se han distorsionado los precios producto de la inflación, los subsidios o las retenciones que ya es casi imposible establecer algunas relaciones más o menos estables de precios. Destruir la moneda (y el valor) es el primer paso en cualquier proyecto político que pone en el horizonte el objetivo del partido único, porque no saber cuánto valen las cosas es el paso previo a no saber cuánto valen las personas (medidas en su sueldo, por supuesto).

Así, las disposiciones del Banco Central han determinado que no podrán comprar moneda extranjera para ahorro en el mercado oficial las personas que han cobrado alguna vez su sueldo con aportes de la Anses (ATP) ni las personas que reciben algún tipo de ayuda social, incluida la tarjeta alimentar.

Aunque puede sonar un tanto razonable, habría que diferenciar entre ambos casos. Mientras se supone que el beneficiario de planes sociales los necesita por su situación de vulnerabilidad (algo que se puede poner en duda, atento a las redes de clientelismo y financiamiento estatal de la militancia partidaria) el trabajador asalariado que cobró su sueldo con ayuda del Estado no decidió que sea así. Su empleador lo empujó “compulsivamente” a una situación en la que no puede preservar el valor de su esfuerzo (algo desconocido por los que desprecian el mérito).

Según los datos disponibles, hay alrededor de tres millones de trabajadores en blanco que cobraron con asistencia estatal a lo largo de la cuarentena y no van a poder comprar dólares ni otra moneda extranjera. A eso hay que sumarle a los beneficiarios de planes sociales, unos nueve millones de personas. Aquellos a los que les congelaron las cuotas de sus créditos UVA (para que los jubilados paguen con el IVA de la polenta la casa que el hijo de algún político se hizo en un country) tampoco van a poder comprar los 200 dólares mensuales. Las personas que compraron por comercio electrónico a páginas del exterior algún producto que supere ese monto tampoco van a poder comprar.

Con todas esas cuentas, la situación indica que solo van a poder acceder al mercado oficial los funcionarios públicos de toda clase, los únicos privilegiados en todas estas movidas.
Otra vez los trabajadores deberán poner el lomo para cargar en sus hombros todo el peso de una crisis que dejará indemnes a los mismos de siempre, que siguen llevando a cabo malos gobiernos porque nunca pagan por las nefastas consecuencias de sus actos.

¿Cómo puede hacer un trabajador de una autopartista para ver crecer el esfuerzo de sus ocho horas diarias en una línea de montaje?¿Cómo va a ahorrar el docente que ha realizado su tarea en la virtualidad?¿Qué posibilidades le quedan al estudiante que quiere juntar unas monedas para irse de vacaciones?.

El gobierno no puede dar respuestas claras a esos interrogantes, lo que empuja con más a fuerza a la gente a buscar otras reservas de valor superiores al peso. ¿Comprar tierra? Hay riesgo de que te la usurpen. ¿Un auto o máquinas? Se deprecian con el uso. ¿Quedan opciones de ahorro para el que tiene algún pesito que sobra porque no alcanza?. Ciertamente no.

Estas restricciones serán en vano. La imposibilidad de comprar dólares oficiales probablemente acorte la oferta de billetes en el mercado paralelo, empujando el precio hacia arriba. Así, trastocando precios y endureciendo regulaciones, tampoco lograrán evitar que se agudice el problema. Porque el problema es, básicamente, de confianza respecto a los actos de gobierno.