Suoem: Llaryora buscará prorrogar la paz con paritarias

Frente a un “rebrote” de la conflictividad con el sindicato municipal, el intendente intentará calmar los ánimos con un acuerdo paritario 2020 del que muchos empezaban a sospechar. Las negociaciones comenzarían en octubre.

Por Felipe Osman

El armisticio alcanzado entre el Palacio 6 de Julio y el sindicato municipal a comienzos de julio llegó a su fin. Hace semanas distintas reparticiones han empezado a manifestarse bajo diferentes consignas. En Salud las protestas se han sucedido en reclamo por “falta de insumos y personal”, en las Áreas Operativas los levantamientos acusan supuestas intenciones del municipio de privatizar reparticiones despojándolas de sus funciones, y en algunas áreas administrativas, como el Registro Civil central, resisten la mudanza a nuevas instalaciones alquiladas por la Municipalidad en Avenida Chacabuco.

Pero los motivos declarados no suelen coincidir con los reales. Muchas de las áreas en protesta están más preocupadas por conseguir ingresos que por la (supuesta) falta de insumos o por una pérdida de funciones puestas en buena medida en manos del COyS y la Tamse que en realidad parece irreversible, por encontrarse en la base del programa de gobierno que Hacemos por Córdoba ha trazado para gestionar la ciudad.

En ese contexto el peronismo lee que las protestas de las diferentes áreas, que intentan recuperar parte de lo perdido tras el conflicto iniciado con el recorte de la jornada municipal que el Concejo Deliberante sancionó a mediados de mayo, pueden ser acalladas en una negociación paritaria que empezaría en octubre.

Desde el gremio, delegados cada vez más alejados de la conducción hacen distintas interpretaciones. Algunos entienden que el gremio no aceptará una negociación paritaria como sucedáneo que ponga final a las rispideces surgidas con las reparticiones que más han perdido en el conflicto desatado en mayo, que además de llevarse la séptima hora de la jornada municipal limitó las prolongaciones de jornada, la concesión de horas extra, los viáticos y algunas bonificaciones.

El razonamiento es sencillo: ningún acuerdo paritario nivelará esa derrota. Y menos aún una paritaria negociada sin que el sindicato tenga acceso a las fuentes de información desde las cuales siempre ha monitoreado la evolución de la recaudación, que desde el inicio del receso administrativo fueron puestas fuera del alcance del Suoem.

Otros piensan distinto. Entienden que las condiciones no están dadas para iniciar un ambicioso plan de lucha que se ponga como objetivo recuperar las ventajas perdidas, principalmente por la descoordinación que actualmente existe entre las distintas reparticiones y la conducción del sindicato.

Sostienen que la cúpula del gremio está muy cuestionada por el desenlace del último conflicto, que las distintas reparticiones se miran con celo por haber perdido algunas tanto más que otras, que los delegados de las distintas áreas -ante este escenario- están más preocupados por conseguir mercedes para sus propios representados que por coordinar acciones directas en conjunto, y que las bases sospechan de ellos tanto como lo hacen de la conducción.

Por eso, interpretan que ante la incapacidad de liderar un reclamo coordinado entre todas las reparticiones los líderes del sindicato prefieren, al menos de momento, pararse sobre una conflictividad que no han diseñado para iniciar una mesa de negociación con la gestión que tenga por resultado una paritaria medianamente ajustada a sus pretensiones, que les permita descomprimir el frente interno.

Pero esas tratativas no se adivinan sencillas. Como se dijo, esta será la primera paritaria en décadas en la que el Suoem no contará con información fina respecto de la evolución de la recaudación, gravemente golpeada por una recesión exacerbada por las restricciones impuestas en razón de la pandemia.

Es de esperarse que la gestión se apoye en ese contexto, y particularmente en ese desconocimiento, para adoptar una posición más dura de lo habitual.

Por lo demás, la paritaria será también una herramienta en manos del Ejecutivo para jugar en la interna de un Suoem que necesita subsanar una falta grave: no haber preparado de antemano la sucesión en una lista Verde que hace tiempo necesita un recambio generacional, que ahora deberá precipitarse.

En julio, el intendente decidió empoderar a Daniele ofreciéndole un acuerdo que fue calificado por el propio dirigente sindical como “mejor de lo que esperaba”, reincorporando a los 120 contratados entonces dados de baja.

Con la paritaria, Llaryora tendrá la posibilidad de prorrogar este empoderamiento, obstaculizando que se precipite la sucesión dentro la lista Verde, o de hacer exactamente lo contrario.