El pensamiento de José Ingenieros acerca del idealismo (2da parte)

“En El Hombre Mediocre, Ingenieros plantea que, mediante los ideales puestos en acción, variará la humanidad”.

Por  Eduardo Dalmasso*

En mi opinión, atento a lo desarrollado en la primera parte,  el autor interpela  a un público masivo sobre la importancia del mérito y de la necesidad de  contar con minorías, no sólo ilustradas, sino imaginativas  y con un profundo sentido ético en su accionar. Sin duda,  que esto implica en el ideario del autor, un profundo respeto por el talento y la necesidad que éste se vuelque en beneficio del conjunto de la sociedad.  En este sentido, los valores de solidaridad atraviesan todo su discurso, sin que esto le signifique renunciar a la fuerza de sus convicciones como intelectual comprometido.

Sobre los enunciados en “El Hombre Mediocre”

Ingenieros realiza una ácida semblanza al describir los comportamientos mediocres. Revela, en el  pasaje siguiente, cierto temor por la influencia de las masas en la vida política.  Rescata la democracia, sin dejar de denunciar el envilecimiento social que produce el sometimiento a los partidos, a los que denomina “gavillas”. Habla del mundo pero también de Argentina, por eso se detiene y manifiesta  una dura descripción de lo que considera  procesos históricos de retroceso  y degradación social:

                                “En ciertos períodos la nación se aduerme dentro del país. El organismo vegeta, el espíritu se amodorra. Los apetitos acosan a los ideales tornándose dominadores y agresivos (…) Ningún clamor del pueblo se percibe, no resuena el eco de grandes voces animadoras. Todos se apiñan en torno de los manteles oficiales para alcanzar alguna migaja de la merienda. Es el clima de la mediocridad. Los Estados tórnanse  mediocráticos, que los filólogos inexpresivos preferirían denominar mesocracias”.

No tiene el autor miedo alguno  en  hablar  de las debilidades de la democracia y exponer en forma muy  cruda su visión de los personajes,  que se constituyen en protagonistas de la mediocridad,  un aspecto muy recurrente en los discursos reformistas:

 “Políticos sin vergüenza hubo en todos los tiempos y bajo cualquier régimen; pero encuentran mejor clima en las burguesías sin ideales. Donde todos pueden hablar, callan los ilustrados; los enriquecidos prefieren escuchar a los más viles embaucadores”´. (….)  nadie puede volar donde todos se arrastran.”

El pensamiento de Ingenieros traduce el estado de indefensión e incertidumbre que emerge en la República, como consecuencia del derrotero del  roquismo y las nuevas etapas de evolución social. La necesidad de concreción de los ideales está en relación directa con la legitimidad de los mismos.  En realidad este intelectual expresa muy bien, la falta de ideales, imaginación y pérdida de rumbos  de la Oligarquía,  que bien señalara Halperín Donghi  (Vida y muerte de la República verdadera) .

En El Hombre Mediocre, Ingenieros plantea que, mediante los ideales puestos en acción, variará la humanidad. Aquellos representan la posibilidad de gestar un nuevo equilibrio entre el pasado y el futuro. El ideal permite la integración del hombre al universo. Por basarse en la experiencia de la humanidad está ligado a su historia pero, en tanto obra de la imaginación, es proyectivo. Permite anticipar la realidad que deviene permanentemente, adelantándose a la naturaleza misma y promoviendo el progreso humano. En el ideal convergen pensamiento y sentimiento. Es la dimensión afectiva implícita en él la que posibilita su concreción.

Ingenieros establece en su escrito un fuerte énfasis en la  relación causal entre juventud e innovación, muy propia del  modernismo “arielista”. (El Ariel de Rodó)   No plantea la aristocracia del dinero, porque para este  intelectual, las auténticas aristocracias eran las del espíritu, las renovadoras de los ideales que guían a la sociedad, las que iluminaban el camino a seguir por los mediocres.  Surge de sus enunciados que la democracia igualitarista era necesariamente una ficción, pues no todas las personas estaban capacitadas para intervenir en las decisiones políticas.

Oponiéndose, tanto a la aristocracia oligárquica, como a la democracia igualitaria, Ingenieros niega la igualdad al advertir que la mediocridad no puede ser abolida, ya que el mérito es la base natural del privilegio. Por eso opone la imitación del hombre-rebaño (incapaz de ideales) a la imaginación creadora de una selecta minoría idealista, emancipada de la multitud, que combina elitismo, moralidad, saber y juventud.

Para Ingenieros el hombre superior  es aquel que está emancipado, se eleva por encima de las determinaciones de la naturaleza y de la sociedad y erige su propio destino.  Este hombre superior, al encontrarse dentro del mundo, y consciente que tiene la posibilidad y necesidad de cambiarlo, está cargado de un impulso vital. Sin embargo, se cuida muy bien en aclarar las dificultades que enfrenta la imaginación creadora:

 “Cuando un filósofo enuncia ideales, para el hombre o para la sociedad, su comprensión inmediata es tanto más difícil cuanto más se elevan sobre los prejuicios y el palabrismo convencionales en el ambiente que le rodea; lo mismo ocurre con la verdad del sabio y con el estilo del poeta. La sanción ajena es fácil para lo que no concuerda con rutinas secularmente practicadas; es difícil cuando la imaginación no pone mayor originalidad en el concepto o en la forma. Ese desequilibrio entre la perfección concebible y la realidad practicable, estriba en la naturaleza misma de la imaginación, rebelde al tiempo y al espacio.”

Al hombre mediocre le es imposible plantearse la necesidad de una meta ya que, al estar reducido a la repetición, no tiene capacidad crítica, no innova, ni crea. Por lo tanto, le es innecesario el ideal que alimenta la acción del hombre superior. El hombre mediocre le teme a lo desconocido, a diferencia del superior que lo enfrenta y descubre. Como parte de ese temor el mediocre aborrece el cambio.

Los mediocres crean un sistema de valores que se ajustan a su existencia lamentable y débil. No tienen la posibilidad de elaborar un discurso contra hegemónico, porque no tienen la actitud para adquirir una conciencia crítica y cuestionar los dogmas de su sociedad. El autor fomenta el desarrollo de una actitud crítica del hombre superior, que es quien tiene la capacidad de transformación del orden social instituido.

Su influencia en el Movimiento Reformista.

El libro tuvo gran influencia en la juventud argentina de su tiempo, en especial en el movimiento de la Reforma Universitaria. José Ingenieros señaló lúcidamente los problemas de la mediocridad intelectual que denunciara el movimiento reformista pocos años después. Creemos que uno de los postulados centrales de la Reforma, en torno al cual se articulan el resto de las tradicionales reivindicaciones reformistas –como el cogobierno estudiantil de las universidades, la autonomía universitaria, la extensión universitaria, la docencia y asistencia libre, la centralidad de la investigación científica, la renovación de los métodos pedagógicos, entre otros- es el que concibe a la Universidad como agente de transformación de la sociedad y de la cultura. En este sentido, cabe destacar el componente emancipador que contienen estas ideas, de pensamiento alternativo, enfrentado al dogma y a lo hegemónico.

*Dr. En Ciencia Política (UNC-CEA) Ensayista y Educador. Su último libro, 1918 Raíces y valores del movimiento reformista. Editor del Blog: Ideas Políticas y otros enfoques.