Las restricciones económicas le cuestan a la Argentina no al Gobierno

El súper cepo sirve para ganar tiempo pero el equipo de Fernández debe mostrar qué más hay. Que todavía haya demanda para un dólar a $145 refleja desconfianza y expectativas de devaluación. Sin certidumbre el techo se aleja. Con el FMI la negociación tendrá como eje la reducción del déficit fiscal y no las limitaciones al acceso a divisas

Por Gabriela Origlia

restriccionesHay inconsistencias y por eso los mercados no se tranquilizan. Hay inconsistencias y por eso las inversiones no llegan o, las que están, buscan compradores. Las inconsistencias tienen un costo y es el que están pagando los argentinos en las últimas semanas. Reducirlo al costo político del Gobierno es minimizarlo. Lo pagan todos, los empresarios que ven alterados sus planes de producción, los consumidores que no saben si endeudarse o no, los beneficiarios de ayudas sociales que cada vez alcanzan para menos.

A diez días de la profundización del cepo, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo no se redujo como esperaba el Gobierno. ¿Hasta cuánto está dispuesto a pagar un argentino? Esa es la incógnita. La respuesta vendrá con lo que falta: qué más hay además de las restricciones. Un dólar de $145 es alto y está reflejando desconfianza. Aun con ese precio hay particulares y empresas que siguen demandándolo. La explicación son las expectativas de devaluación, el suponer que seguirá subiendo en los próximos meses. Sin certidumbre el techo se aleja.

El súper cepo sirve para ganar tiempo pero en el mientras tanto el Gobierno debe hacer algo más, debe dar señales claras de que no habrá devaluación, de que reducirá el déficit fiscal y de que reducirá la emisión. De manera indirecta algunos funcionarios deslizaron que se “aguantará” hasta marzo, cuando deben entrar las divisas de la próxima cosecha gruesa. Es mucho tiempo; las actuales restricciones implicarán más recesión porque la matriz productiva argentina necesita importar para fabricar y exportar, la única vía disponible para que entren divisas.

La ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa, cuestionó que en el país el precio de los terrenos y las propiedades se coticen en dólares y, además, exhortó a que se busque una forma de ahorro que no afecte a las reservas del país. La funcionaria puede buscar la respuesta en décadas de devaluación. Nadie elige una moneda mala pudiendo volcarse a una buena.

El presidente Alberto Fernández viene reiterando que la Argentina necesita los dólares para producir y apunta contra “los pícaros compraron dólares una y otra vez, y se los llevaron afuera del país una y otra vez”. En ese segmento incluye a quienes demandan divisad para ahorrar. ¿Hay especuladores en el país? Por supuesto. También hay quienes quieren defender lo que tienen y eligen hacerlo comprando –si tienen con qué- US$200 al mes.

El Producto Interno Bruto de Argentina cayó 19,1% en el segundo trimestre de 2020, en comparación con el mismo período de 2019, según datos oficiales de Indec. Esta cifra representa un descenso récord en la economía del país. El tercer trimestre también marcará una baja; los analistas esperan que a fin de año la Argentina estará en niveles de PBI per cápita cercanos al del año 1973. El desempleo subió a 13,1% con un agravante: 2,5 millones de personas dejaron de buscar trabajo. La tasa de actividad está por el piso. El Gobierno no tiene demasiado margen para sostener el impulso fiscal.

En su presentación en Diputados, el ministro Martín Guzmán –además del acto fallido de la “sarasa”- insistió en que la credibilidad sería fruto de la “consistencia” técnica en los lineamientos económicos, palabras que sonaron ajenas al contexto político. El éxito del canje se diluyó rápidamente por eso mismo.

De cara al año que viene habrá más presión impositiva y, seguramente, continuarán las regulaciones e intervenciones que ya vienen en marcha. Con el Fondo Monetario Internacional la negociación vendrá por el lado del déficit fiscal más que por el cepo al dólar. El Gobierno tendrá que explicar por dónde ajustará. En el cálculo presentado al Congreso la pandemia desaparece por lo que los gastos asociados se esfuman. Las tarifas aumentarán dijo Guzmán la clave es cuánto para ver su impacto en los subsidios al transporte, al gas y a la electricidad. El 2021 es año de legislativas. Un factor que siempre presiona sobre el gasto. Habrá qué ver qué resuelve Fernández.