La otra historia

El 29 de septiembre de 1990, David Bowie desplegó su show “Sound + Vision” sobre el escenario montado en la cancha de River Plate, con Bryan Adams y Virus como teloneros, en el marco de un festival rockero que estaba sponsorizado por los cigarrillos Derby.

Por J.C. Maraddón
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bowiePese a las comprobadas consecuencias que entraña el consumo del tabaco, el siglo veinte estuvo atravesado de punta a punta por ese hábito, cuya penetración en la sociedad es factible de recordar en cada película o serie que se ambienta en la pasada centuria. La fortaleza que adquirió la industria tabacalera pudo más que cualquier advertencia de los médicos. Y los medios en muy poco contribuían a concientizar a la población al respecto, porque la inversión publicitaria de las marcas de cigarrillos se había vuelto imprescindible y no era entonces cuestión de ponerse en contra de semejantes sponsors.

La hipocresía de esas campañas de promoción no tenía límites, sobre todo cuando el auspicio recaía sobre eventos deportivos: es bien sabido que la alta competición jamás fue compatible con la adicción a la nicotina. Ahora que ya contamos con una legislación bastante extendida al respecto, parece inconcebible que alguna vez se haya alentado la asociación entre el cigarrillo y el deporte. Pero disciplinas como el automovilismo, donde Marlboro o Camel solían estar estampadas por todos partes, dependieron durante mucho tiempo del soporte financiero de las tabacaleras para solventar los enormes gastos que implicaba llevar a cabo una competencia.

Lo grave de aquellas invitaciones a fumar estaba en que el mercado más apetecible era el de los jóvenes, porque ya se sabía que, una vez adquirida la costumbre, difícilmente esa persona la abandonara por el resto de su vida. Así, los publicistas ponían énfasis en sensaciones como la seguridad, la madurez, la templanza y el charme que supuestamente se adquirían mediante una simple pitada. A las mujeres, en particular, se las instaba a mostrar su voluntad de ser libres e independientes a través del cigarrillo, algo que durante décadas estuvo reservado sólo a los hombres.

Una de las etiquetas más populares de Brasil, Hollywood, perteneciente a la centenaria compañía Souza Cruz, se propuso realizar en 1988 una jugada maestra para seducir al segmento juvenil de consumidores. En ese año se realizó la primera edición del Hollywood Rock, un festival internacional que se prolongó a lo largo de varias ediciones, hasta que primó el sentido común y se canceló la chance de que este tipo de productos estuvieran detrás de convocatorias artísticas multitudinarias. Pero eso ocurriría mucho después. Hasta bien entrados los años noventa, las objeciones brillaban por su ausencia y el negocio resultaba redituable para todos, menos para la salud de las nuevas generaciones.

La iniciativa brasileña encendió la idea del empresario argentino Daniel Grinbank de que una marca de cigarrillos podía aportar los fondos necesarios para la realización de espectáculos internacionales en un país todavía asolado por la hiperinflación, donde pagar cachets en dólares sonaba descabellado. De esa forma nació el Derby Rock Festival, que arrancó en enero de 1990 con la presencia de Tears For Fears y Soda Stéreo, prosiguió en febrero de ese año con Bon Jovi y cerró en diciembre de 1991 con un concierto de Cult, que tuvo como soporte a los míticos Steppenwolf.

Derby, que contaba con Ricardo Darín como figura central de sus spots comerciales, le permitió a Grinbank hacer realidad su sueño de que David Bowie y, pocos días después, Eric Clapton actuaran por primera vez en el país. El 29 de septiembre de 1990, el Duque Blanco desplegó su show “Sound + Vision” sobre el escenario montado en la cancha de River Plate, con Bryan Adams y Virus como teloneros. Clapton se presentaría en el mismo estadio el 5 de octubre, exactamente una semana después. Y los cigarrillos Derby aterrizarían en Brasil en 1993, también fabricados por Souza Cruz. Pero esa ya es otra historia.