2021: Escenario alternativo para un PJ sin unidad

Trascendidos apuntan que en el oficialismo provincial hay quienes ponen en duda la conveniencia de que Alejandra Vigo vaya por la senaduría en 2021. Crece el perfil de Natalia de la Sota.

Por Felipe Osman
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pjHacemos por Córdoba encara, simultáneamente, sus responsabilidades de gobierno y las negociaciones para que todos los sectores del PJ confluyan en una lista de unidad que evite las internas en el justicialismo. Y con el rabillo del ojo, estudia también al escenario en que llegarán a las elecciones de 2021, y las distintas variantes a considerar en el armado de las listas.

En cuanto a la composición de lugar que imagina, tiene una firme certeza: Juntos por el Cambio corre con la delantera en todos los pronósticos. Córdoba ha dado sobradas muestras de ser tierra fértil para el macrismo o, mejor aún, para cualquier actor que logre ubicarse en el extremo opuesto al que ocupa el kirchnerismo en el espectro. Y ahora que el Frente de Todos ha vuelto a la Casa Rosada, es probable que esa repulsión se potencie en el marco de una campaña anclada en la agenda nacional.

En cuanto a las distintas variantes que el oficialismo provincial debe considerar para la confección de las listas, existe primero disyuntiva central: unidad o no del justicialismo en Córdoba.

Desde luego, el discurso oficial -y seguramente la intención real del peronismo- es confeccionar una boleta que reúna a todos sus sectores, para fortalecerse ante un adversario extremadamente competitivo en elecciones legislativas. Pero lo cierto es que hay muchas dificultades a superar e intereses por conjugar para lograrlo.

En primer lugar, el Frente de Todos tiene la intención de competir con su sello en todas las provincias, algo que el peronismo cordobés lee como un grueso error en términos estratégicos. Y en segundo término, por la volatilidad de la situación económica y social que atraviesa el país. Nadie puede trazar hoy un pronóstico medianamente confiable de cuál será el apoyo con el que el Gobierno Nacional contará en Córdoba cuando promedie el año próximo, ni cuál será el costo que acarreara unificar con él una oferta electoral.

En atención a todo ello, Hacemos por Córdoba no deja de trazar escenarios posibles de cómo se parará frente al electorado en las próximas elecciones si la unidad con el Frente de Todos no es juzgada como lo más conveniente para el peronismo cordobés. Y si bien hasta el momento se hablaba de una candidatura de la diputada nacional Alejandra Vigo a la senaduría, en los últimos días han surgido versiones diferentes.

La evaluación sería la siguiente: si bien la primera dama provincial cuenta con una sólida estructura en la capital, en el interior habría más dificultades para traccionar su candidatura por el esperable doble juego de los intendentes, que un contexto de suma necesidad no querrán desairar a la Provincia, pero tampoco a la Nación, y terminarán repartiendo sus esfuerzos entre dos boletas que en buena medida se superponen, compartiendo un segmento de su electorado.

Esta debilidad, entienden, podría ser compensada por Juan Schiaretti si decidiera asumir una cuota importante de protagonismo durante la campaña, pero eso tampoco parece conveniente. Si el gobernador así lo hiciera, la elección terminaría provincializándose, y el Gobierno de Córdoba podría convertirse en destinatario de demasiados embates de la oposición, debilitando al oficialismo provincial durante el último tramo de su mandato y en circunstancias sumamente complejas. En rigor, la propia candidatura de Vigo bien podría causar un efecto bastante similar.

Mientras todo esto circula en el metabolismo de Hacemos por Córdoba, algo se mantiene invariable: el schiarettismo no deja de ensayar un acercamiento hacia Natalia de la Sota, que lentamente empieza a levantar su perfil.

Una candidatura de la heredera de José Manuel de la Sota en las elecciones del año próximo entusiasma al oficialismo provincial por muchos motivos. Primero, su apellido no necesita presentaciones. Segundo, existen dirigentes en todo el interior provincial bien dispuestos a traccionaresa campaña. Tercero, el delasotismo se afianza sobre dirigentes y votantes que también nutren al caserismo, disputándole su base de sustentación. Cuarto, el botín no es grande. Nadie imagina un triunfo.

Ese es, precisamente, el motivo que hace dudar al delasotismo. Una campaña sería muy útil para la legisladora, que podría empezar a instalar en toda la provincia una imagen propia que trascienda a la de su padre. Sin embargo, cargar con los costos de una derrota contundente no resulta atractivo a ningún dirigente con expectativas de crecimiento. Si Hacemos por Córdoba quiere una candidatura de Natalia de la Sota, deberá garantizarle que no será la única dueña de la derrota.