Desplome del PBI: ¿lo peor ya pasó?

La dinámica del segundo semestre será efecto rebote más que recuperación genuina. En Córdoba a inicios de este mes varios sectores mostraban mejoras respecto al inicio del año. Las proyecciones indican que en la primera mitad del mandato de Alberto Fernández, por lo menos, no se recuperará el nivel de actividad de cierre de 2019.

En el segundo trimestre de 2020 se deterioraron todas las variables de la economía global, y la Argentina no fue la excepción. La caída de 19,1% interanual del nivel de actividad es la mayor del último siglo. Tampoco la dinámica desestacionalizada fue mejor: la contracción de 16,2% en relación con el primer trimestre provocó un retroceso de casi 20% acumulado en la primera mitad del año. Pero, según creen los analistas, lo peor ya pasó.

Ya se vio este miércoles que, a pesar de las medidas que instrumentó el Gobierno para contener una escalada en la desocupación, durante el segundo trimestre del año el desempleo trepó a 13,1%, retrocediendo así a los niveles de 2004. Entre abril y junio, la participación en el mercado de trabajo cayó casi 19 puntos (unas 2,5 millones de personas dejaron de buscar activamente trabajo). En el Gran Córdoba, la desocupación llegó al 19,1%.

Si el análisis del desbarranque del Producto se hace por componentes de la demanda, sobresale el desplome de 38,4% interanual de la inversión, en un contexto de acumulación de stocks producto de una crisis inesperada -en su magnitud- y de la nula previsión sobre el futuro, que desalentó gran parte de los gastos en capital reproductivo.

Por su parte, el consumo privado retrocedió 22,3% respecto a igual período del 2019, producto de las restricciones de oferta que impactaron de lleno en el consumo -hoteles y restaurantes cerrados, sin posibilidad de consumir actividades recreativas, etc.- más algunos problemas propios de la demanda. A la caída del poder adquisitivo, impulsada por la suspensión de las paritarias e incluso el cobro de un porcentaje del salario de bolsillo, se sumó un ahorro precautorio, provocado por el temor a perder el empleo o a sufrir gastos imprevistos por motivos de salud.

Las importaciones cayeron poco más de 30% interanual, en un contexto de menor poder de compra en dólares, luego de la devaluación post-PASO del año pasado, y mucha menos actividad por la pandemia. Por su parte, las exportaciones se redujeron 11,7% interanual, muy golpeadas por la crisis brasileña, pero atenuadas por el buen comportamiento de las economías del sudeste asiático, demandantes de la producción oleaginosa.

Para la consultora Ecolatina la crisis habría tocado piso en el segundo trimestre -asumiendo, claro está, que no hay una disparada del coronavirus de acá en adelante-. En consecuencia, tiene sentido preguntarse por la recuperación, parte de la cual ya comenzó en el tercer trimestre y que, posiblemente, se continuará en los próximos meses.

En el período julio-septiembre, las menores restricciones a la circulación impulsaron el rebote durante el tercer trimestre del año. En este sentido, habrá una tasa de crecimiento muy significativa en la comparación desestacionalizada, que, no obstante, se transformará en un retroceso de dos dígitos en la comparación interanual: la actividad empezó a recuperarse, pero sigue muy lejos de los niveles del año pasado (que, vale destacar, ya eran menores a los de 2015 o 2017).

La pérdida de puestos de trabajo, tanto formales como informales -en el primer semestre de 2020, se destruyeron más empleos registrados que en el acumulado 2018-2019-, y la contracción del poder adquisitivo, quedarán aún cuando la pandemia esté terminada. Por lo tanto, en el cuarto trimestre, la dinámica sería similar: una recuperación de la actividad en términos desestacionalizados, es decir, con relación al período julio-septiembre, pero una caída muy importante en la comparación interanual.

Con estos números, la consultora proyecta una caída del PBI mayor al 13% internual en 2020, explicada en gran medida por el desplome de la primera parte del año y medidas autoinducidas, pero no por eso con un efecto menos real. La dinámica “positiva” del segundo semestre obedecerá más a un efecto rebote que a una recuperación genuina: durante la primera mitad del mandato de Alberto Fernández, por lo menos, no se recuperará el nivel de actividad de cierre de 2019.

En Córdoba, según los últimos datos del monitor de actividad industrial, hay varios sectores que registran una mejora respecto a febrero: la industria láctea cerró agosto con una producción, medida en litros, un 24.5% por encima del nivel de febrero; la del maní está 37.1% por encima de febrero; el resto de la industria alimenticia está con una facturación, a precios constantes, un 6,1% por encima del segundo mes del año.

La industria de la maquinaria agrícola, medida en unidades, está 61.2% mejor que en el arranque del año; la minera no repunta y está, medida en toneladas, 64% por debajo de febrero. El sector autopartista cerró agosto con una producción, medida en unidades, un 48.1% menor al tercer trimestre de 2019 y la actividad de las telcos cayó 78.1% respecto a febrero.