Caliente primavera cordobesa

A los graves problemas que azotan al país, sin distinción de límites provinciales, se le suman preocupantes eventos de estricto linaje mediterráneo.

Por Pablo Esteban Dávila

La primavera en Córdoba arrancó caliente. Altas temperaturas ambientales y también políticas. A los graves problemas que azotan al país, sin distinción de límites provinciales, se le suman preocupantes eventos de estricto linaje mediterráneo.

Uno de ellos es el desempleo. Mientras que el promedio en Argentina alcanza el 13%, aquí supera el diecinueve. Esto no debería sorprender. A diferencia de otras jurisdicciones, cuya matriz laboral depende fuertemente del sector público, Córdoba encuentra en el sector privado el principal generador de trabajo. Debe recordarse que la provincia es la que menor cantidad de empleados públicos por habitante posee. Tal cosa determina que su tasa de desempleo sea inversamente proporcional a la de la actividad económica. Como la pandemia ha golpeado principalmente al comercio y la industria, el resultado es la destrucción de fuentes laborales que otros lugares apenas existen.

Esto preocupa, lógicamente, al Gobernador quién, por estas horas, se debate entre atenuar las sucesivas liberalizaciones autorizadas o profundizarlas en el marco de la cuarentena nacional en curso. Cada opción tiene sus costos. Si, por un lado, decide retroceder de fase el desempleo no hará más que aumentar pero, por el otro, la situación sanitaria podría desbordarse si no lo hiciera. Los infectados, mientras tanto, no dejan de incrementarse, lo que produce gran ansiedad en las autoridades sanitarias.

Muchos intendentes son de la opinión que habría regresar al confinamiento, al menos por un par de semanas, pero ninguno quiere correr el riesgo de una rebelión en sus localidades por adoptar una medida semejante. Por tal razón están recurriendo al COE para que este imponga lo que ellos no se atreven a establecer.

Sin embargo, el COE ha abdicado de sus prerrogativas para ordenar aislamientos o restricciones. Sus funcionarios tomaron nota de lo que ocurrió en Marcos Juárez, Oliva y Villa María y del costo político de establecerlas. Curado en salud, ahora el organismo solo “recomienda”, por lo que son los intendentes quienes deben decidir si aceptan sus sugerencias o siguen en sus trece, asumiendo las correspondientes consecuencias.

No es una tarea grata para ellos. Antes era fácil encogerse de hombros y culpar a los anónimos integrantes del COE por las calamidades asociadas a la clausura de sus ciudades. Este atajo, como se advierte, ya no es posible de adoptar a menos que sea el gobernador quién lo ordene para todo el territorio provincial.

Como se sabe, Schiaretti prefiere no desandar ningún tipo de camino ya recorrido, pero los contagios continúan en suba y nadie se anima a pronosticar cuando se producirá el famoso pico. La pregunta que debe responder es simple: si este llegará antes de que el sistema de salud colapse por acumulación de pacientes en camas críticas. Por ahora la situación parece bajo control, pero hay provincias que antes parecían estar inmunizadas y que hoy se encuentran desbordadas por el virus.

Para agravar el panorama, los incendios se esparcen sin control en las sierras de Córdoba. Aunque todos los años ocurren eventos similares, la actual sequía y la dudosa llegada de lluvias en los días venideros transforman a los focos actuales en episodios dantescos, sin fecha de cancelación.

Este fenómeno suma presión a las finanzas de la provincia -como es obvio- pero también puede generarle costos políticos. La oposición, necesitada de diferenciarse de un gobernador que comparte la misma base electoral, comienza a preguntarse de la utilidad del fondo de la lucha contra el fuego o de la previsión de los organismos técnicos competentes para enfrentar estas amenazas. No importa demasiado el hecho de que, la mayoría de las veces, los incendios sucederán pese a cualquier recaudo oficial que se adopte; la Argentina tiene una larga historia de responsabilizar a los gobernantes por los caprichos de la naturaleza. Carlos Reutemann lidió con procesos penales durante más de 10 años culpa de las inundaciones de 1994 en Santa Fe.

Las tribulaciones de Schiaretti continúan más allá de esta sucesión de malas nuevas. Como consecuencia de las desventuras del presidente Alberto Fernández, los tiempos electorales se han acelerado y, con ellos, el nivel de rumores y operaciones políticas respecto de las próximas elecciones.

A diferencias de otros momentos históricos, la oposición nacional cree que tiene chances de batir al Frente de Todos en las legislativas de 2021 y trabaja en consecuencia. En Córdoba el resultado es casi un tema cerrado: nadie cree que el oficialismo provincial tenga chances (o mayor interés) en impedir tal cosa. Esto convierte al asunto del tercer senador -el que ingresa por la minoría- en un tema candente para el peronismo.

Carlos Caserio termina su mandato y desea renovar la banca, en tanto que el gobernador considera que es su esposa, la diputada Alejandra Vigo, quien debería ocupar ese lugar. De momento son pretensiones sigilosas, que nadie desvelará en público, pero que resultan innegables. Este choque de intereses puede generar un importante nivel de tensión en un futuro cercano.

Caserio es un hombre del presidente, de los pocos que genuinamente pueden ser reputados como tales, en tanto que el gobernador mantiene una relación de cuidada ambigüedad hacia el primer mandatario. Esto significa que el Frente de Todos, aunque decididamente minoritario, no dudaría en apoyar al actual senador si este se plantase en sus pretensiones, abandonando los tímidos intentos unionistas con el peronismo oficialista y generando un cisma que, potencialmente, podría complicar todavía más las relaciones entre Nación y provincia.

Es obvio que, puesto a elegir, el presidente optaría por Caserio y sus leales. Le fastidia el arte de equilibrista que tan bien ejecuta el gobernador y, por lo que se advierte, ya ha perdido cualquier freno inhibitorio con mostrarse alineado a Cristina Fernández, la archienemiga del Centro Cívico. Si la rosca se anticipa demasiado (falta exactamente un año para regresar a las urnas) la actual cohabitación con la Casa Rosada podría verse decididamente resentida y sumar, de tal suerte, nuevas preocupaciones a una primavera que, con fuego y sin fiesta, ya se anticipa para el olvido.