Aislamientos segmentados: menor costo sanitario y menor daño económico

El tema “Impactos económicos y políticas públicas en torno a la pandemia Covid-19” fue el eje de la disertación del argentino Iván Werning en la apertura de las Jornadas Internacionales de Finanzas Públicas de la UNC. Analizó los daños a la actividad, las herramientas que ayudan a paliarlos.

Después de haber abordado, al inicio de la expansión mundial del Covid-19 con diferentes modelos, el economista argentino Iván Werning planteó que hay beneficios en la “segmentación” del aislamiento por edad por la pandemia. Por un lado, al confinar a los mayores y evitar sus contagios el costo sanitario es menor y, por otro lado, permite que los daños a la economía sean menores, más controlados.

Werning, economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT), disertó sobre “Impactos económicos y políticas públicas en torno a la pandemia Covid-19” en la apertura de las 53 Jornadas Internacionales de Finanzas Públicas organizadas por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

El primer abordaje de la pandemia y sus consecuencias macroeconómicas lo escribió junto a los economistas Verónica Guerrieri, Guido Lorenzoni y Ludwig Straubs. Uno de los planteos fue que parte de la recesión debía ser aceptada porque se requería menos actividad para controlar la circulación del virus. Obviamente había un shock de oferta pero también hay un componente de demanda, hay que pensarlos en conjunto.

“Es un shock asimétrico entre los sectores, pero también hay complementariedades. Si un rubro pierde en el ingreso eso repercute en la demanda de otro –describió-. Hay que preocuparse sobre las empresas y sobre el empleo”, describió. En el momento de publicación del trabajo –al inicio de la pandemia- dejaron en claro que indefectiblemente la actividad caería el cuánto dependía de las herramientas que se apliquen.

Otra implicancia es el efecto directo sobre la inflación: si la caída de demanda es alta el efecto es deflacionario; es lo que pasó en Estados Unidos. “No quiere decir que el costo de vida se reduzca porque ahora hay bienes que no se pueden comprar o que son más caros por los mayores costos de logística o por las restricciones”, dijo y aclaró que en la Argentina ese efecto es más difícil verlo por los problemas inflacionarios estructurales que existen.

Sobre cuánto puede ayudar una política fiscal focalizada, graficó que en Estados Unidos –después de un largo debate- se aprobó un paquete de medidas muy amplio. Por ejemplo, el seguro de desempleo reemplazó la transferencia que había desaparecido entre sectores privados pero su efecto multiplicador es “pequeño”, rinde en una primera ronda pero no se expande. “Eso no quiere decir que no haya que utilizarla; hay una razón de seguridad social para instrumentarla”.

Werning añadió que el tipo de paliativos que puso en marcha la Argentina –prohibición de despidos y los ATP con el Estado a cargo de parte del salario- tienen sentido aunque hay que tener en cuenta que alcanza sólo a quienes están en la formalidad en una economía con mucho empleo informal. “Sostener a las empresas en riesgo de desaparecer se justifica”, apuntó.

Durante su presentación también abordó el otro trabajo que realizó con Daron Acemoglu, Victor Chernozhukov y Michael Whinston donde se basaron en los modelos que tienen los epidemiólogos, pero incluyendo también la economía. Analizaron si la política de confinamiento debía depender de determinados factores de riesgo para resolver las decisiones “óptimas” que, en lo económico, apunta a generar el menor costo posible.

El economista mostró los patrones de variación de los contagios y mortalidad por edad y otros factores de riesgos y explicó que con sus colegas trabajaron sobre ellos para determinar los beneficios de aplicar la “diferenciación” en el confinamiento.

“No somos epidemiólogos y en el análisis estamos sujetos a las incertidumbres que tienen sus estudios –sostuvo Werning-. Además, hay que tener en cuenta que siempre se deben tener en cuenta las características de cada sociedad porque incidirán en las respuestas”. Los confinamientos estrictos implican, obviamente, una reducción máxima de la actividad económica.

Entre los supuestos que usaron para un “control óptimo” incluyeron la necesidad de testeos masivos, rastreos y aislamiento de los contagiados, también la del aplanamiento de la curva de contagios y la presunción de que los recuperados son inmunes por un tiempo. El análisis no asumió que el “aislamiento es perfecto”.

“Hay puntos eficientes que se pueden lograr, aunque sea dinámica la política de confinamiento. El aislamiento segmentado muestra buenos resultados, ayuda a controlar el virus y a la vez no termina con la economía”, sintetizó.

 

El desempleo fue del 13,1% en el segundo trimestre

La desocupación pasó del 10,4% al 13,1% en el segundo trimestre: esos 2,7 puntos menos, al aplicarse sobre una población activa menor, explica que el número de desocupados haya crecido apenas en unas 60.000 personas (de poco más de 2 millones a 2,1 millón). Así lo informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Estos datos marcan que,por la pandemia, más de 3,6 millones de trabajadores por cuenta propia, en relación de dependencia, en su inmensa gran mayoría informales, y pequeños productores y comerciantes que tenían empleo en el primer trimestre lo perdieron o no trabajaron en el segundo trimestre, el período de mayores restricciones a la actividad, proyectadas las cifras del Indec a todo el país.

De los 3,6 millones de puestos de trabajo perdidos, por la precariedad e informalidad laboral unos 2 millones son asalariados informales. Otros 150.000 son asalariados registrados, 1,1 millón trabajadores por cuenta propia y casi 300.000 pequeños industriales o comerciantes.

El nivel del empleo se derrumbó casi 10 puntos: del 47,1% al 38,4%, un caída del 21%. En número similares cayó la población activa: de casi 20 millones a poco más de 16 millones porque casi 4 millones que en el primer trimestre estaban ocupados o eran desocupados no buscó o no pudo buscar otra ocupación en el trimestre siguiente. Por esa razón, la tasa de actividad bajó del 47,1% al 38,4%.

En tanto, por las mismas razones, la subocupación – gente que trabaja pocas horas, en su mayoría informales– bajó del 11,7% al 9,6% debido a la fuerte pérdida de puestos de trabajo, en especial entre los que no están registrados.