El saraseo de Guzmán

Traicionado por un micrófono abierto, el ministro dejó en claro que su presentación iba más para el lado de la improvisación que para el de la planificación.

Por Javier Boher
Los que hacen gala de un pesimismo innato prefieren decir que la forma de no ser defraudado es no esperar nada bueno de nadie. Con aversión por la ilusión, su escepticismo los lleva siempre por el camino de una triste miseria. Sin embargo, nadie dice que no tengan razón.
Como tantas otras cosas en Argentina, la luz del ministro de economía brilló apenas poco menos de dos meses. De perfil bajo y pocas palabras, se dedicó durante meses a cerrar un acuerdo con los acreedores que se negaban a entrar en un canje de deuda.
Tras ocho meses de trabajo alcanzó el éxito. Aunque muchos señalaron que en realidad se pateaba el problema para adelante, fue un logro bien capitalizado por el gobierno, que supo achacarle la responsabilidad de la deuda al gobierno anterior. Lo aplaudieron y vitorearon al entrar a la reunión de ministros. Nacía una estrella… fugaz.
Como en este país las cosas buenas están destinadas a perecer, desde aquel anuncio a esta realidad pasaron un par de semanas. En el medio se endureció el cepo y se agravaron los ya vamos indicadores relativos a la producción y el empleo. Con apenas horas de diferencia se pasó de negar el aumento de las restricciones para hacerse de dólares a una devaluación encubierta de 35%, dejando pegado al ministro por una decisión tomada por el núcleo duro del cristinismo irreflexivo.
Ayer fue el momento de presentar el presupuesto 2021 frente al Congreso. Además del relato fantástico según el cual vamos a crecer 5% anual y la inflación será de “sólo” 29%, lo del presupuesto es un dibujo imposible en un país en el que todo puede cambiar de un día para el otro. Si en el mundo deben aprender a vivir en la incertidumbre, nosotros ya no sabemos nada de certezas.
Tal vez por eso la tecnología (o el operador) le jugó una mala pasada al ministro. Mientras compartía mesa con el presidente de la cámara, Sergio Massa, le confesó lo que tantos imaginaban al ver números tan maravillosos: “voy a empezar a sarasear”. ¿Se siente ese ruido? Es cómo se desplomó la imagen positiva que había cultivado desde el acuerdo con los acreedores.
Igual, no debe sorprender a nadie. En el país en el que cada ministro de economía nos ha dejado al menos una frase para el recuerdo (no hay que estigmatizar a los pobres, “me quiero ir”, “el que apuesta al dólar, pierde”, “no volvamos al fondo”) no se puede esperar que Guzmán sea la excepción. Casi que se fracasó en el cargo si no se hace algún papelón memorable, aunque acá algo estaban avisando: el presidente avisó hace mucho que no querían mostrar las cartas y dijo que no le gustan los planes. ¿Alguien se puede haber sorprendido?.
No hay que restarle méritos (pese a que resisten el término) al ministro. No es fácil meter la pata y quedar expuesto cuando el que te acompaña en el panel es el que dijo que los iba a meter presos y cuatro años después fue cabeza de lista, aunque sea un logro difícil de adjudicarse.
El desliz del ministro desnudó parte de la improvisación con la que se gestiona lo público en Argentina. Aunque se puedan señalar matices entre gestiones y niveles de gobierno, hace ya bastante tiempo que no se planifica con seriedad qué, cuándo y cómo se pretende hacer lo que corresponde a cada uno.
No hay dudas de que la oposición aprovechó para fustigar a Guzmán por una expresión coloquial y esperable en boca de cualquiera que esté pronto a enfrentarse a un panel. Lo que también queda claro es que los responsables de transmitir tranquilidad y previsibilidad a los ciudadanos no se terminan de dar cuenta del berenjenal en el que se están metiendo.
Tal vez todo termine como tantas otras veces, en las que declaraciones de este estilo terminaron diluyéndose en el tiempo, sin mayores consecuencias. Tal vez su expresión sólo pase a formar parte de ese acervo cultural que rodea la cada vez más pobre y menos intelectual política argentina. Porque, a esta altura, ¿por qué habría que esperar algo distinto?.