Géneros musicales y cuestiones de género

El documental “Madre Baile”, dirigido por Carolina Rojo y conducido por la música Vivi Pozzebón, pregunta por las mujeres en el cuarteto, y homenajea a Leonor Marzano, pianista de la Leo. La directora recorre aspectos de la película, que se proyecta el sábado en un festival de cine en Brasil.

Por Gabriel Abalos
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La directora de “Madre Baile”, la cineasta Carolina Rojo.

Aún sin fecha de estreno en Córdoba, el documental Madre Baile dirigido por Carolina Rojo recrea parte de la historia del cuarteto, tomando como eje la composición de Viviana Pozzebón que le da nombre a la película. Es una de las producciones locales que concluyeron su posproducción en medio de la pandemia. De hecho, el filme que invita a una reflexión sobre el rol de la mujer en el género cuartetero se proyecta este sábado 26 de septiembre en el 24° Florianópolis Audiovisual Mercosur, y también se verá en el marco del Festival Escenario 2, a realizarse del 10 al 16 de octubre y se emitirá por Contar.

El documental destaca la participación de más de veinticinco informantes sobre el cuarteto, muchos de ellos relacionados a la historia de este ritmo en tanto músicos o familiares de músicos, y otros actores sociales con opiniones y datos que aportar a su memoria, todos entrevistados por la percusionista, cantante y compositora Vivi Pozzebón. El alma tutelar del tema y de la película es, sin duda la figura de Leonor Marzano, la pianista del Cuarteto Leo, y la creadora del tradicional “tunga tunga”, corazón del ritmo cuartetero.

La directora del filme, Carolina Rojo, retrocede a los orígenes del proyecto, más de ocho años atrás:

En 2011 o 2012 filmamos el video clip de Madre Baile con Vivi Pozzebón, y ahí nos surgió la necesidad y las ganas de contar la historia de este homenaje que le hace la Vivi a la Leo, y que fuera más allá de un video clip, porque nos pasaba que varias personas con que nos cruzábamos no conocían, yo misma había escuchado el nombre del Cuarteto Leo, pero no conocía mucho de la historia, entonces nos pareció que era una buena historia para contar. El tema nos interesaba mucho, en ese momento con Cecilia Galazzo que era mi socia y con quien hicimos el video clip, y bueno, con la Vivi y después con Karol, que es la productora de Vivi, y con Andrea, una amiga antropóloga. Y así, entre las cinco y entre mates, empezamos a tirar los primeros esbozos de la propuesta. Fue darnos cuenta, más que nada, que había muy poco sobre lo hecho por alguien que nos parecía importante para la cultura de nuestra Córdoba, y más desde la perspectiva de género. Yo digo ahora que por suerte hay más mujeres en el universo cuartetero, de dos años para acá. Pero en aquel momento en nuestro listado de personas a entrevistar no teníamos más que a la Gata Noelia y a la Lore Jiménez. Entonces nos pareció que era un tema del que se debía hablar. En ese comienzo encaramos simplemente a escribir la propuesta. Y después comenzamos a buscar financiamiento, que lo conseguimos en 2017, a través de un subsidio del INCAA, y ahí empezamos a filmar.

A la hora de caracterizar el contenido del documental Madre Baile, Carolina recorre los “puntos fuertes” de esta ópera prima.

La película tiene mucha narración oral, tiene mucha entrevista de la mano de Vivi Pozzebón, que va recorriendo, buscando esas respuestas a cosas que nos veníamos preguntando sobre los orígenes y las mezclas de ritmos del cuarteto. Por otro lado, también entra el análisis de la discriminación en el mundo del cuarteto, de la discriminación de clase y de la de género. Eso también lo van comentando músicos y músicas, y bueno, antropólogos, periodistas y otros que han estudiado más el tema. Y sí, también tiene mucha música porque habla de la música, ya que el tema central de la película es Madre Baile, de Vivi Pozzebón, que es el corolario del documental, lo que le da el broche de oro y termina de anclar con este título de la película.

Respecto a quiénes imagina como espectadores de la película, Carolina Rojo recorre las gamas del posible público receptor.

Por un lado, está dirigida a un feminismo, a un conjunto de mujeres y diversidades que están pugnando por su espacio, su cupo en los escenarios y en los espacios culturales en general. En este caso en el cuarteto en particular, pero creo que se puede aplicar a muchas de las artes. Por otro lado, va dirigido al público cuartetero actual, que por ahí va a ver a sus ídolos o a la gente que sigue, a conocer un poco más de la historia de este ritmo sobre el que por ahí no se han preguntado demasiado, o del que saben poco y la idea es aportar un poquito a eso también. Y a que conozcan cómo eran los bailes antes y cómo han cambiado a los bailes de hoy. Por otro lado, un tercer grupo pueden ser los músicos y las músicas en general, por la búsqueda de ese origen etnomusical del cuarteto, que al ver en un piano o un acordeón cómo es el pasodoble, cómo es la tarantela, cómo se mixturan, creo que puede ser algo bastante rico. Y un cuarto espectro digamos de público posible yo creo que es la gente grande, la gente que vivió esos bailes de antes en los pueblos, en los campos con la familia, el asistir al baile con una canasta, con su comida, aportar y entre todos hacer una gran comida comunitaria donde los niños también estaban, toda esa cosa que sucedía y que tanto se añora en ese tipo de gente. A esos cuatro grupos creo que está dirigida queriendo o sin querer la película. Y después al público general que ni es cuartetero, ni es músico, pero puede interesarle por cultura general.

La directora de Madre Baile considera “inevitable que, cuando oímos sonar un cuarteto, los cordobeses movemos por lo menos las patitas. La música nos pasa, nos hace revivir momentos, nos hace vivir un montón de cosas. El cuarteto hace vivir esas cosas. El cuarteto es disfrute, es recuerdo, y es comunidad, en medio del baile, y es alegría”.