Eso que nunca podrá ser

Por estos días se cumplen 30 años desde que la película “Wild At Heart”, de David Lynch, se estrenó en las salas cordobesas y desde que, con ella, empezó a sonar en la frecuencia modulada local el tema “Wicked Games”, de Chris Isaak, que formaba parte de su banda de sonido.

Por J.C. Maraddón

La aparición de los Traveling Wilburys, una superbanda conformada por héroes del rock de los años sesenta y setenta, y el regreso triunfal a la escena discográfica de dos de sus integrantes ilustres, George Harrison y Roy Orbison, dio lugar a un breve periodo de nostalgia revivalista a finales de la década del ochenta. Y ese rescate del rocanrol primigenio, si bien fugaz, impregnó la época y dio lugar a curiosos fenómenos como el single “Wicked Game”, del cantante estadounidense Chris Isaak, que apareció en junio de 1989 y que no tuvo un éxito inmediato pero estaba predestinado a la gloria.

Con el jopo característico de los ídolos del rockabilly y un timbre vocal melancólico como el de los crooners rockeros de la segunda mitad de los cincuenta, este intérprete poseía un don para el falsete que llevaba a muchos a compararlo con Roy Orbison, quien había fallecido en 1988. Su primer disco, de 1985, no había tenido gran repercusión, aunque le había gustado mucho a los críticos y también al director cinematográfico David Lynch, quien incluyó dos temas de ese álbum, llamado “Silvertone”, en la banda de sonido del filme “Blue Velvet” (Terciopelo azul), que desde su estreno en 1986 pasó a ser un clásico del cine de culto.

El mismo Lynch iba a ser quien le diera el empujón definitivo a la carrera de Chris Isaak, cuando eligiera “Wicked Game” como uno de los temas musicales que acompañarían las escenas de “Wild At Heart” (Corazón salvaje), su película de 1990. Dentro de esa retorcida historia de amor entre Sailor y Lula, ambientada en un tiempo indefinido pero con “Love Me Tender” de Elvis Presley como canción favorita de la pareja, encajaba a la perfección la pieza compuesta e interpretada por Chris Isaak que, una vez inmortalizada en la gran pantalla, comenzó a crecer en popularidad.

A esta altura podría decirse que no hay ninguna recopilación de hits de esa etapa que no incluya a “Wicked Game” como uno de los temas representativos, más allá de que la mayoría de quienes lo recuerdan lo asocien con su videoclip de alta rotación en MTV y no tanto con el largometraje protagonizado por Nicolas Cage y Laura Dern, que pese a contar con grandes estrellas en su reparto, haber recibido la Palma de Oro en Cannes y haber sido estrenado en los circuitos comerciales, sólo obtuvo el beneplácito de los cinéfilos más recalcitrantes.

No obstante, es indudable que “Wild At Heart” abrió el juego para otras estrafalarias road movies que vendrían inmediatamente después, como “Thelma & Louise”, de Ridley Scott, y “Natural Born Killers” (Asesinos por naturaleza), de Oliver Stone, a las que les fue de maravillas en recaudación. En realidad, casi en simultáneo con “Corazón salvaje”, David Lynch iba a marcar un hito en la industria audiovisual con su serie “Twin Peaks”, que fascinó a toda una camada de televidentes y que impulsó el prestigio del director hasta erigirlo en emblema de un estilo artístico para entendidos que a la larga terminaría haciendo escuela.

Por estos días se cumplen 30 años desde que “Wild At Heart” se estrenó en las salas cordobesas y desde que, con ella, empezó a sonar en la frecuencia modulada local el atrapante “Wicked Games” de Chris Isaak. Para muchos, esa combinación fue la puerta de entrada a los noventa, una década dorada para la generación X que hoy bordea la cincuentena y que, a la distancia, rememora aquel pogo furioso que ensayaban Sailor y Lula al costado de la ruta y se emociona al volver a escuchar la vocecita de Chris Isaak cantándole al amor que nunca podrá ser.