Puja en Rio Cuarto por posible prórroga de fase 1

El intendente Llamosas observa el escenario sanitario desde dos perspectivas: la de médicos que piden más tiempo de aislamiento y la de comerciantes que piden abrir sus negocios con urgencia. Se avizora “una vuelta paulatina” a la normalidad.

Por Gabriel Marclé

El reloj sigue contando y el 22 de septiembre marcará el plazo final del retorno a Fase 1, ese “botón rojo” al que el intendente Juan Manuel Llamosas acudió para oponer resistencia al cruel embate del Coronavirus sobre la ciudad de Río Cuarto. Pero la gran pregunta que circunda por la cabeza de la ciudadanía y sus exponentes sigue estancada en el saber si estos días fueron suficientes, si el sacrificio de un nuevo aislamiento total repercutirá en la creciente curva de casos.

La soga permanece tensa. En una punta están los comerciantes que piden volver al ruedo, retomar la actividad económica y productiva para mermar el impacto de la crisis. Pero en la otra están los médicos y enfermeros que piden un poco más de tiempo para oxigenar los sanatorios y reducir la tensión del sistema. En medio está el municipio, el poder político, responsable de tomar una decisión difícil que sin duda tendrá repercusiones tanto positivas como negativas.

En este sentido, tanto Llamosas como las autoridades sanitarias del COE juegan al misterio hasta el último minuto, pero se topan con una encrucijada que los tiene en desventaja. La decisión que tomará el Ejecutivo pondría el foco en la continuidad del aislamiento, pero dotando de nuevas herramientas a los sectores que piden volver a la actividad.

Los últimos días entregaron cifras que permiten hablar de un brote “en recaída”. Si bien la ciudad se acerca a los 3000 positivos, desde el viernes se vienen registrando menos de 100 casos, a diferencia de lo ocurrido días atrás. “Esperemos seguir de esta manera”, comentó al respecto un integrante de la gestión. A esto se suma el número de recuperados, más de 1500 riocuartenses que superaron la enfermedad y que podrían comenzar con la donación de plasma para el tratamiento de los infectados gracias a la operativa inaugurada por la Municipalidad el viernes pasado.

Son varias las noticias positivas que llevan un poco de tranquilidad para la gestión entre tantas pálidas. Sin embargo, los problemas siguen estando en el mismo lugar y Llamosas deberá cargar con el peso de las medidas que oficializará este lunes.

Depende con quien se hable, la Fase 1 es tanto un beneficio como una maldición, algo que habla de la situación extrema a la que ha llegado esta pandemia. Dentro del gabinete municipal, las opiniones también se dividen de la misma manera, pero será el intendente y el COE los que tengan la última palabra.

Llamosas ya les hizo saber a sus asesores sanitarios que de alguna manera hay que volver a poner los motores de la economía en marcha, pero que no hay que perder de vista las tareas de control para poner el comportamiento social a favor de la recuperación.

Los representantes del sector de la salud privada le comunicaron al intendente que, si se corta el aislamiento riguroso, la vuelta de fase no habrá servido de nada. “La gente está ansiosa por salir. Cortar el aislamiento puede producir que todos salgan de golpe y se contagien aún más”, advirtió uno de los profesionales que pidió por la extensión de la medida. Llamosas tomó nota del diagnóstico, pero del otro lado el sector empresario también tira muy fuerte.

La prioridad está en lo sanitario, pero el plan no es seguir alimentando las diferencias con los sectores productivos. Es por eso que el anuncio de extender la Fase 1 vendría acompañado de modificaciones acordes a las expectativas del frenado sector comercial, al menos hasta que se cumplan 14 días de aislamiento. Por ejemplo, el acuerdo con el sector empresario podría habilitar la venta por vía online.

Pese a los esfuerzos por conciliar una salida entre todos, la opción no deja del todo conforme a sectores como el de los comerciantes autoconvocados, quienes ya comienzan a conformar una “resistencia” al aislamiento. Algunos ya advirtieron que abrirán sus locales, aunque no los dejen.

 

Presión del comercio

Desde dentro de la gestión municipal aseguran que la presión no proviene del CECIS (Centro Empresario Comercial Industrial y de Servicios), por lo que se mantiene la relación institucional. Pero los que gritan fuerte y pegan duro vienen del lado de los autoconvocados, un sector que está dispuesto a declararse en rebeldía con la eventual extensión de Fase 1.

Si la Municipalidad continúa el aislamiento con la economía frenada, los comerciantes “independientes” pondrán en marcha un nuevo plan. A fines de la semana pasada, le presentaron una carta al intendente por medio de la cual le informaron que están listos para abrir sus locales este martes y advirtieron que, de no permitírselos, presentarán una medida cautelar.

El Ejecutivo pidió mesura y llamó al CECIS para que medie con los autoconvocados y que estos reconsideren sus acciones. Sin embargo, el Centro Empresario también permanece cruzado por las tensiones internas, con algunos integrantes más afines a la postura del Gobierno y otros que continuarán expresando su inconformidad. Estas diferencias presentaron una dificultad para el presidente de la institución empresaria, Atilio Lunardi, quien deberá definir si se pondrá del lado de Llamosas o si acompañará el disgusto de la Cámara de la Construcción que también preside.

 

Salud le gana a billetera

En este punto de la pandemia, cabe destacar que la tensión del sistema sanitario pesa más que cualquier otro argumento a la hora de definir si continuar o frenar la fase de aislamiento social obligatorio. “A la brújula la tiene el sistema médico”, afirmó un dirigente cercano al intendente, frase que resulta fundamental para entender el curso de las decisiones.

La fuerza del discurso epidemiológico ha cambiado mucho en casi dos semanas. Para empezar, la Provincia pasó de impostar un tono esperanzador, con la vuelta de reuniones familiares y nuevos protocolos de acción, a denotar un estado de alerta creciente. “Es altamente probable que lleguemos a mil casos por día”, aseguró el ministro Diego Cardozo días atrás, el mismo funcionario que hasta hace una semana se mostraba como una especie de gurú zen, optimista y tranquilizador. Claramente, el escenario ha cambiado para mal.

Aunque los casos diarios en Río Cuarto disminuyeron, el número que realmente importa es el de la capacidad de atención sanitaria. Si bien estos diez días de Fase 1 ayudaron a disminuir el ritmo de consultas y testeos, la ocupación de camas continúa al límite y el personal médico afronta bajas producto del contagio por Covid-19.

Si el Gobierno extiende la Fase 1 es porque los directivos de las instituciones de salud se pusieron firmes y trasmitieron con total precisión la fuerte incertidumbre que gira en torno a sus posibilidades. Algunas de estas entidades firmaron un comunicado que hicieron llegar al intendente, en el cual expresaban la necesidad de sostener la Fase 1 por un tiempo más.

“Es la única manera de lograr que no ocurra una catástrofe”, le dijeron los privados a Llamosas. La explicación a este pedido toma como lógica el ciclo del virus, considerando que quienes se hayan contagiado justo antes de haberse iniciado la Fase 1, todavía no han cursado el periodo de recuperación en su totalidad.

Si el aislamiento social obligatorio se extiende hasta concluir septiembre, el sistema médico podría valorar los resultados de la medida con mayor precisión, por lo que el pedido tiene un doble fin: aumentar la capacidad de atención y contar con el tiempo necesario para analizar el efecto de la Fase 1.