Más devaluada que el peso, la palabra

La profundización del cepo llegó pocos días después de que Guzmán asegurara lo contrario. La figura del gabinete que quedó mejor parada post canje de deuda, terminó mal parada. El problema de fondo del país no es la salida de dólares sino que no llegan. Las medidas no colaboran para traerlos, por el contrario, alteran más el clima de negocios.

Por Gabriela Origlia 

La Argentina es un país sin palabra. Un lugar donde las declaraciones de los funcionarios no deben ser tomadas como información. No es placentero decirlo pero es así. Hace una semana el presidente Alberto Fernández enfatizó que no tenía en sus planes devaluar; hace tres días el ministro Martín Guzmán descartó endurecer el cepo al dólar y planteó que el cupo mensual seguiría en US$200. El martes por la tarde el proyecto de presupuesto ingresó a Diputados con los grandes números para el 2021 y, al rato, el Banco Central anunció todo lo contrario a lo prometido.

Si el concepto de “incertidumbre” domina el escenario desde hace tiempo, ahora se reforzó. Las medidas paralizan el mercado de las importaciones (la matriz productiva de la Argentina las requiere para producir), empuja a las empresas a no poder pagar sus compromisos lo que –obviamente- les empeora su calificación crediticia y les dificulta el acceso a financiamiento para invertir y al principal exportador, el campo, lo pone frente a la decisión de cobrar operaciones a dólar oficial menos retenciones y comprar insumos dolarizados a valor del paralelo.

La estimación dominante entre los economistas es que la brecha cambiaria no sólo no se reducirá sino que aumentará. Si el oficial –con una carga impositiva del 65 puntos porcentuales (impuesto País y 35% a cuenta de Ganancias) pasa a $132 es obvio que los alternativos subirán; ayer ya lo hicieron. Claro que hay que ver cómo sigue la película, si quienes compraban el oficial saltan a los paralelos y en qué porcentaje. Muchos de quienes ahorran en dólares son monotributistas y no pagan Ganancias por lo que deberán completar un trámite para la devolución de esos montos que ya existió en el país y fue engorroso para terminar cobrando dinero sin actualizar.

El presidente del Central, Miguel Pesce, admitió que “es muy difícil saber qué va a pasar” con el dólar blue. “Es un mercado delictivo. Cuando se han hecho allanamientos en cuevas, donde se realizan estas operaciones, y se han cruzado datos de los sistemas de seguridad, uno encuentra narcotraficantes, traficantes de armas y cualquier cosa”, dijo ayer en diálogo con Radio 10. “Es imposible saber cuál es el tipo de cambio que el delito está dispuesto a pagar”.

La cuestión de fondo, como siempre, es política. ¿Tiene Guzmán el poder que parecía haber logrado después del exitoso canje de deuda? ¿La profundización del cepo fue una decisión no consensuada con él? ¿Cómo queda parado? Todo el esquema no resuelve el fondo del problema: a la Argentina no ingresan divisas, por eso faltan. ¿Quién está dispuesto a invertir, a traer dólares en este contexto?

“Cerrar más el cepo sería una medida para aguantar y no vinimos a aguantar la economía”, dijo el domingo el Ministro. Si tiene autoridad y es la figura encargada de generar confianza, lo que pasó después lo deja muy mal parado.

Las restricciones muestran claramente la fragilidad de las reservas. Las netas son unos US$ 8.000 millones, de los cuales US$6.000 millones están en derechos especiales de giro, que es la moneda del Fondo Monetario Internacional (FMI), y oro.  Es decir, no se pueden usar. Los números descubren lo obvio, que las decisiones son por falta de alternativas.

Las 60 medidas –a las que el oficialismo se niega a llamar “plan”- no aparecieron. Llegan algunas a cuentagotas, con expresiones de buena voluntad que se desarman cuando aparecen los hechos. La relación costo – beneficio de las últimas resoluciones pareciera no haberse analizado. Se abrieron conflictos políticos, por ejemplo con la quita de una parte de la coparticipación a Caba, cuando se podría haber demorado ese ítem y hacerlo de manera institucional.

Ahora se altera aun más el humor económico. La Argentina, como lo repite el Presidente, requiere un desarrollo equilibrado, generar empleo, reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida. Un Estado quebrado no lo podrá hacer solo.