El tiempo dio la razón a Schiaretti

A un año de la tensa misa compartida por el gobernador y AF para conmemorar el primer aniversario del fallecimiento de José Manuel de la Sota, casi nada ha cambiado. El “albertismo” jamás cuajó. El FdT nunca se distinguió FpV. Y ante ello, Córdoba siguió siendo Córdoba.

Por Felipe Osman

Si las evidentes razones electorales no hubiesen bastado para justificar la prescindencia decidida por Juan Schiaretti en las últimas elecciones nacionales, el tiempo -medido, por pura costumbre, en aniversarios- bien puede ratificar el acierto del peronismo de Córdoba entonces

Se cumplen hoy dos años de la trágica muerte del ex gobernador José Manuel de la Sota, y uno de la misa que en el primer aniversario de su fallecimiento compartieron el actual gobernador y Alberto Fernández.

Entonces, el mandatario nacional vestía traje de candidato, y venía de apabullar a Juntos por el Cambio obteniendo el 47,79 por ciento de los votos en las primarias, muy por encima de los 31,8 cosechados por la fórmula Macri-Pichetto, y muy cerca de superar el 50 por ciento de los votos.

Todos los gobernadores peronistas habían doblado la cerviz ante el binomio Fernández, y los más entusiastas ya pregonaban la próxima e inexorable llegada del “albertismo”, una fuerza que rápidamente comenzaría a cohesionarse detrás de la figura del ex Jefe de Gabinete ampliando su base de sustentación por fuera del kirchnerismo duro y dotándolo de la independencia necesaria para, sino revelarse, promediar el rigor del cristinismo y cerrar la grieta.

La relación entre Fernández y Schiaretti ya venía entonces maltrecha. La decisión del gobernador de llevar una boleta corta a los cuartos oscuros sin respaldar la candidatura del actual presidente había disgustado de sobremanera en Buenos Aires, y el propio Fernández acababa de asegurar que “no necesitaba” al gobernador de Córdoba.

Hubo un saludo correcto en la Catedral y, horas después, un café que no duró demasiado en el hotel en el que se alojaba la comitiva nacional. Esa fue la última vez que Fernández visitó Córdoba. Jamás lo hizo como presidente de la nación.

Desde allí hubo un sinfín de tensiones. Schiaretti construyó una relación institucional cordial con el ministro de Interior, Eduardo “Wado” de Pedro. En términos políticos, el vínculo siguió siendo distante y frío.

Fernández no dio espacio a los gobernadores en los lugares clave de su equipo de gobierno.

El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, es un hombre de su estrecha confianza, y el ministro del Interior es uno de los cofundadores de la Cámpora.

Trascartón, la pandemia exacerbó la dependencia que las provincias sufren del gobierno central, que ante la emergencia decidió proveerse de recursos dando rienda suelta a una emisión monetaria que, desde luego, reparte sin otro parámetro que su parecer.

La variante decidida por Schiaretti, llevando a sus propios candidatos a la Cámara Baja sin respaldar la candidatura presidencial de Fernández probó ser acertada. No sólo porque cuidó a su electorado, en buena medida (justificadamente) anti-kirchnerista, sino también porque le permitió contar con cuatro diputados que participan de un bloque vital en una Cámara en la que el oficialismo no cuenta con quorum propio. A partir de la boleta corta, Hacemos por Córdoba sigue siendo una fuerza clave en Diputados.

Antes que el resto, el gobernador comprendió que Fernández no lograría (o ni siquiera estaría interesado en) construir junto a los gobernadores un poder que le confiriera alguna autonomía y que, en lugar de eso, el cristinismo sería quien llevara la agenda.

Sin embargo, la jugada no estuvo exenta de costos. El peronismo cordobés no cuenta hoy con la rocosa constitución que supo tener poco más de un año atrás, cuando su maquinaria electoral aplastó a sus competidores cosechando el 54 por ciento de los votos. Hoy, una respetable porción de ese armado le rinde pleitesía a Buenos Aires. Y buena parte de la militancia acusa al peronismo cordobés de ser un peronismo “tibio”.

En rigor, más que tibio el peronismo de Córdoba ha sido frío. En el mejor sentido de la palabra. Ha sido cerebral. Ha administrado sus recursos para depender en la menor medida posible de la Casa Rosada, y se ha garantizado quedarse con algo que Balcarce 50 también necesite para cuando llegue la hora de negociar.

Y en el ínterin, ha sabido pensar también en el partido, y ha cuidado del legado de su antecesor, que supo crear un equilibrio tan sofisticado como lo es un peronismo que es oficialismo en una provincia (casi) antiperonista.