Te cuida el Estado (pero no cuida tus datos)

La filtración de datos de migraciones deja en evidencia -una vez más- que los que piden más Estado no saben con qué bueyes aran.

Por Javier Boher
Buen día, amigo lector. Qué maravilla de país este en el que nos toca residir. Se está desintegrando de a poco, pero lo importante es qué influencer hizo qué cosa con qué influencer. ¡Cuánto que agrandamos a la política!.
No sé si ha reparado, pero mientras algunos deliran con un autogolpe filochavista expropiador o una confederación militarista evangélica, el grueso de la gente es absolutamente indiferente a cualquier cosa que parezca más o menos política. Otro mundo paralelo de gente que vota en cada elección aunque lo que pase con el gobierno le importa menos que el punto del merengue la Hermana Bernarda.
Ojo, estimado, que por esto no quiero decir que sea todo lo mismo y que hacemos bien en preocuparnos por ver bloopers en instagram en lugar de tratar de escudriñar las intenciones de nuestros políticos. Sólo digo que no todos están dispuestos a dedicarle medio día a descifrar el lenguaje corporal de Larreta cuando se sienta en la silla o el grado de EPOC de Alberto cuando pronuncia “solidaridad”. Y esa gente es la mayoría.
Como acá parece que lo que molesta es la opulencia de unos, las desigualdades con otros y la plata con la que pueden parar un poco la bronca por una economía que tiene menos ganas de arrancar que un Peugeot 404 en invierno, se nos terminan pasando por alto cosas mucho más delicadas para el bienestar de todos.
La semana pasada nos enteramos de que hackearon a Migraciones y le robaron datos de todo tipo. Como si acá no hubiese pasado nada, no pasó nada.
Otra vez le roban al Estado información de todos sin que se encuentre a los responsables. Si volaron dos edificios y una fábrica militar y seguimos sin saber quién fue, imagínese si vamos a descubrir a quienes metieron mano en una computadora. Es más fácil saber quién se ha tomado todo el vino, aunque la mona se lo siga preguntando desde hace más de treinta años.
La cosa es más o menos así: alguien metió un virus que roba información. No se sabe si se robaron las claves de la red simulando un sitio funcional o si hay algún infiltrado que lo metió para hacer unas monedas (porque parece que los empleados públicos ganan poco, ¿vio?). En cualquiera de los dos casos nadie sabe qué pasó, salvo que se robaron los datos y el estado eligió no pagar rescate. No hay plata para subirle el sueldo a los médicos, ¿va a haber para pagar por unos números de pasaporte?.
No vamos a darle muchas vueltas a los datos de la filtración, porque no es nuestro tema que se revele la identidad de algunos espías (hace bastante se robaron los nombres de policías encubiertos y no pasó nada, ¿se acuerda?), los nombres de algunos repatriados por el coronabicho o las comunicaciones entre funcionarios. Lo verdaderamente importante es que el Estado que nos cuida no cuida ningún solo papel de nuestra información. Eso sí, para hacer espionaje interno, pinchar teléfonos de políticos y periodistas o armar operaciones contra los que les caen mal son más eficientes que la KGB.
¿Recuerda aquella aplicación para el celular para digitalizar el dni, los papeles del seguro y cualquier otra documentación oficial?¿Y la que sacaron para poder circular durante la cuarentena? Nos querían hacer creer que nuestros datos iban a estar seguros… seguro que se los chorean. Y nos querían hacer votar con computadoras. ¡Qué divertidos!.
Ya nos tenemos que ir yendo, amigo lector. Le pregunto por si usted sabe: ¿cómo hacemos para creer que nos puede cuidar un Estado que no se puede cuidar ni a sí mismo?.