Celebrar, a pesar de todo

En medio de esta pandemia, falleció el miércoles pasado a los 68 años Ronald Bell, saxofonista y arreglador del grupo Kool & The Gang, quien deja como legado esa invitación a no perder la capacidad de expresar la alegría, que su tema “Celebration” eleva a una categoría mística.

J.C. Maraddón

Uno de los sectores más postergados de la sociedad estadounidense es, sin duda, el de los afroamericanos, que heredaron toda la carga simbólica de aquellos ancestros que fueron extraídos con violencia de su lugar de origen para obligarlos a trabajar como mano de obra esclava en los algodonales de Norteamérica. Sin embargo, tanto quienes sufrieron ese tormento como sus descendientes, han exorcizado las penurias a través de la música, que era algo intrínseco a su cultura original, donde poseía incluso connotaciones religiosas. Tan fuerte ha sido ese lazo, que hasta en la actualidad se puede hablar de una presencia musical africana en todo el planeta.

Y si bien el blues, que es el género que esos esclavos procrearon para aferrarse a sus raíces, trasunta en su rítmica y su tono la desazón del que se ha visto privado de su libertad, también propicia un espíritu celebratorio que, con el correr del tiempo, ha influido sobre los estilos que derivaron de aquel, como el jazz y el rocanrol. Porque en esa migración despiadada, además de las personas, también atravesaron el Atlántico los rituales que instaban a cantar y danzar para ahuyentar la maldad y para abrazar el futuro con una renovada dosis de esperanza.

Los años sesenta y setenta dieron marco a una tumultuosa lucha por el respeto a los derechos civiles de ese segmento de la población que todavía era segregado y discriminado por sus compatriotas anglosajones, a pesar de que la esclavitud ya había sido abolida en el siglo diecinueve. Pero tampoco es que las condiciones de vida para ellos mejoraron en demasía y la existencia de guetos en las grandes ciudades era una prueba evidente de que la predicada igualdad no se materializaba en los hechos. Sólo la música parecía ser el ámbito en el que la negritud obtenía el merecido reconocimiento.

Hacia finales de la década del setenta, la confluencia entre el soul y el funk que había dado origen a la disco music trascendió largamente las fronteras y, gracias a su adopción por parte de artistas blancos como los Bee Gees y al éxito del filme “Saturday Night Fever”, rompió las barreras raciales y se estableció como la banda de sonido de las discotecas de todo el mundo. Los descendientes de aquellos esclavos que tanto habían sufrido, se transformaban así en los principales promotores de la fiesta, a pesar de que todavía faltaba mucho para que disfrutaran de las mismas garantías que el resto.

En el fragor de las protestas contra el racismo, muchos afroamericanos se habían convertido al Islam y, entre ellos, se contaba el saxofonista y arreglador musical Ronald Bell, quien era uno de los líderes de la formación soul llamada Kool & the Gang, a la que había fundado en New Jersey en 1964. Tras un fugaz suceso a comienzos de los setenta, el grupo tuvo un regreso triunfal en 1979, cuando se sumó al tropel de la música disco mediante una catarata de hits, entre los que se destaca la canción “Celebration”, de 1980.

Parece mentira, pero este clásico discotequero proviene de un arranque místico de Bell, quien se inspiró en sus lecturas del Corán y posó su atención sobre cómo los ángeles celebraban la creación de Adán, para componer una pieza infaltable en cualquier festejo que se precie de tal. En medio de esta pandemia, que da para cualquier cosa menos para celebrarla, Ronald Bell falleció el miércoles pasado a los 68 años y dejó como legado esa invitación a no perder la capacidad de expresar la alegría, por más que la realidad nos sea adversa y el destino nos juegue en contra.