Tierra adentro sobre el nivel del mar (Tercera parte)

Concluye nuestro paseo por el libro de Ashaverus (Amado J. Ceballos), publicado en 1897, con la crónica de un viaje de políticos locales -incluido el gobernador de la provincia- a visitar al presidente Uriburu en el Victoria Hotel de Capilla del Monte.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Vista del río Calalumba, por Martín Malharro, ilustración de «Tierra Adentro».

Llegamos hasta aquí con la selección de fragmentos del libro de Amado Ceballos Tierra Adentro. Para el final elegimos algunos párrafos de un viaje de Ashaverus -seudónimo con que firmó Ceballos sus notas y el libro- junto a personalidades del elenco político cordobés, a pasar el día en Capilla del Monte y visitar al presidente Uriburu, quien se hallaba recuperando su salud en las sierras. El cronista se desdobla para incluirse entre los viajeros, ya que entre ellos va Amado J. Ceballos.

A las seis de la mañana del día 25 de diciembre de 1895, partía desde Alta Córdoba para Capilla del Monte un tren expreso que conducía una reducida comitiva compuesta de las siguientes personas:

El gobernador de la provincia Dr. Figueroa Alcorta, el ministro de hacienda y obras públicas Dr. Justiniano Posse, el presidente de la cámara de diputados D. Vicente Pena, el jefe de policía ingeniero civil D. Ángel Machado, el Dr. Guillermo San Román, penúltimo gobernador constitucional de la Rioja, y el inspector nacional de escuelas D. Amado J. Ceballos.”

De inmediato, el autor debe recurrir a un subterfugio para preservar su seudónima identidad:
“Cómo pudo, señor director, su perdido colaborador Ashaverus, tener un lugarcito en tan grata partida, es un problema de solución más fácil de lo que a primera vista parece: amigo sincero y afectuoso de cada uno de esos caballeros, con especialidad de los dos últimos, sin menoscabo de su independencia y del derecho de murmuraciones y censuras de carácter político cuando a cuento viniese, no podía privarse por intransigencias sectarias de tan agradables pascuas cristianas.”

Aclarado el punto, continúa el relato de Ashaverus/Ceballos sobre aquella comitiva:
“El día era como hecho de encargo, como preparado por las monjas, según la expresión de un famoso político de esta tierra: una lluvia copiosa había lavado durante la noche la espesa vegetación; un dosel inmenso de nubes más o menos obscuras desprendía algunos jirones que echaba sobre las cimas y faldas de los cerros ; por momentos la llovizna tímida o la franca lluvia empañaba los cristales del saloncito andante y con sus gasas de animadas fibras verticales daba a las colinas, a los árboles, a las casuchas, a las residencias veraniegas, a las rocas tajadas, a la corriente torrentosa del río Primero, a la cascada de Mal Paso y a todos los objetos, formas fantásticas o por lo menos nuevas para quien sólo ha hecho este camino en días de oro, esmeraldas y záfiro. (…)
Difícilmente podría imaginarse una reunión de caracteres más diversos y que tan bien se armonizasen, para producir un concierto de la más ruidosa y franca alegría, mantenida con animación igual durante las cuatro horas de viaje hasta Capilla.”

Al presentar bocetos sobre cada uno de los viajeros Ashaverus, escudado tras el seudónimo, le dedica unas líneas a Ceballos:
“Amado J. Ceballos. Por razones que me reservo, estoy más inclinado a trazar su caricatura que su retrato. Es una personalidad compleja y múltiple. Sabe muchas cosas, pues chapalea toda suerte de ciencias y artes, tiene muchos amores («¡maldito sea el que piensa mal!») y dispersa su actividad en mil ejercicios diversos, contándose entre estos y como muy favorecida, la lectura de La Nación y la conversación sin medida”.

Llegada a destino la comitiva, deben caminar hasta el Victoria Hotel de la localidad, ya que no había coches disponibles. En el Hotel Victoria se construían más habitaciones y salones. “Terminado el edificio, tendrá 60 y tantas habitaciones, agua corriente, baños y dos jardines en sus dos grandes patios.”

Allí los esperaba José Evaristo Uriburu.

Nos recibió inmediatamente el señor presidente de la república, apartándose del grupo de su familia que le acompaña y dirigiéndose por la galería hacia nosotros con paso bastante firme. (…)
Quizá a más de uno de nosotros causó la más grata sorpresa el estado de salud del Dr. Uriburu. Mucho había hablado la prensa de su rápida y notable mejoría y de sus paseos a caballo; ¡pero suele decir tantas cosas la prensa y hay tantos interesados en creerlo y en no creerlo! . . . Pues ya es tiempo de desechar cavilaciones a este respecto: está sano, completa, aunque maravillosamente sano. (…)
He aquí lo que hemos visto con catorce ojos (…); el Dr. Uriburu tiene el color bronceado y sano que se adquiere en nuestras montañas ; habla con despreocupación de su enfermedad actual, manifestando la confianza que tiene en su constitución ordinariamente sana; ha caminado con nosotros buenas cuadras a pie, subiendo hasta la eminencia en que se encuentra la capilla, sin el menor signo de cansancio ; y ha mantenido constantemente la palabra en la mesa y en el paseo, durante cuatro o cinco horas, sobre temas unas veces serios y otras ligeros, guardando la compostura y reserva de su posición en los primeros, sobre todo si de algún modo pudieran relacionarse con nuestra política de actualidad y salpicando los segundos de anécdotas, frases y observaciones siempre oportunas, guardando la compostura y reserva de su posición en los primeros, sobre todo si de algún modo pudieran relacionarse con nuestra política de actualidad y salpicando los segundos de anécdotas, frases y observaciones siempre oportunas, contestando alguna vez a pregunta casi indiscreta con toda soltura y perfección, pero sin decir absolutamente nada, dejando escapar en otra circunstancia una picante sonrisa y desquitándose de su forzada interminable parsimonia en la apreciación de hombres y cosas propias del día.”

A medida que hablaba el presidente, “llegaba la hora de regresar. La comitiva volvió a reunirse aumentada por un propietario de la localidad, el Sr. Justo Balmaceda, dueño del Águila Blanca, la linda casa de campo situada como a 15 cuadras de Capilla”.

Ashaverus se despide así de su crónica (y nosotros de su libro):
“La vuelta no fue menos entretenida que la marcha ascendente de la mañana. ¡Pascuas completas! Podemos sintetizar y concluir con esta frase del Dr. San Román: Ha sido un paseo de colegiales.”