Radicales de distintas tribus dialogan en territorio neutral

Aceleran la búsqueda de puntos de coincidencia en la carrera electoral

Por Alejandro Moreno

Las dos ligas que se formaron en la Unión Cívica Radical comenzaron a mostrar que no son impermeables, y por ello asoman reuniones entre dirigentes de una y otra alianza, aunque a título de sus propios núcleos y sin representar a las coaliciones.
El viernes pasado, en un bar de barrio Jardín, Rodrigo de Loredo, acompañado por Marcos Ferrer, y Dante Rossi midieron hasta dónde pueden llegar las coincidencias de quienes habitan los distintos campamentos.
En la UCR cordobesa se constituyó primero la Liga Sumar, que reúne a la negrista Morena Junior (con el hijo concejal Juan, sin el padre diputado Mario), la deloredista Marea Radical, la angelocista Línea Córdoba y la agrupación de ex mestristas, Consenso. Más tarde, los alfonsinistas de Identidad Radical (Dante Rossi) y de Asamblea Radical (Sergio Piguillem) integraron la Liga Progresista con el grupo oficialmente nonato del intendente de Bell Ville, Carlos Briner, Grandeza Radical; luego se alió la Fuerza Renovadora de Miguel Nicolás. En su propia trinchera se encuentra el actual presidente del Comité Central, Ramón Mestre.
¿Acaso eso significa que habrá tres listas para competir en las elecciones del 6 de diciembre? No, es demasiado pronto para afirmar eso, porque ahora toca que los grupos y las ligas a las que pertenecen comiencen a intercambiar puntos de vista y pretensiones de poder.
Las elecciones internas son un misterio, porque dependerán de que la cuarentena concluya o, al menos, afloje tanto como sea necesario para que la gente pueda ir a votar. Lo que suceda en Río Cuarto, en noviembre, será una buena medida. Por lo pronto, la Junta Electoral le pidió una reunión al COE (Centro de Operaciones de Emergencia) para comenzar a analizar un protocolo electoral, pero aún no hubo respuestas.
En el café de la semana pasada, de Loredo y Rossi inspeccionaron las ideas del otro. Hubo coincidencias en torno a la necesidad de que el radicalismo aproveche políticamente la situación actual y la que se proyecta hacia el 2023. La cuarentena puso al descubierto las debilidades económicas del gobierno peronista, y puede imaginarse que el trecho hasta las próximas elecciones provinciales será igualmente duro. Además, dentro de tres años, por primera vez en un cuarto de siglo, los peronistas no podrán llevar de candidato a gobernador a uno de sus tanques (José Manuel de la Sota, fallecido, y Juan Schiaretti, impedido constitucionalmente), y tendrán que experimentar con un dirigente de la nueva generación.
Donde no hubo sintonía entre de Loredo y Rossi (además de que uno pidió té y el otro café) es en el camino ideal para el radicalismo. Para De Loredo, la UCR debe renovar el estilo de conducción política que tuvo estos últimos años (o sea, el de la época mestrista), y las elecciones internas permitirían saber qué tiene cada uno más allá de las habilidades sobre la mesa de negociaciones. Incluso, cuando la cuarentena es un problema, de Loredo argumenta que el peronismo ha avanzado sobre los derechos constitucionales y la democracia interna de los partidos políticos sería un buen remedio.
Rossi, por su parte, imagina un acuerdo en el que entren todos, y observa con preocupación las dificultades que podría plantear la continuidad de la cuarentena.
En síntesis: coincidencia en el diagnóstico, pero no en los remedios a aplicar. De todos modos, falta correr muchos cafés y tés en el radicalismo antes de que se puedan sacar conclusiones sobre cómo quedará el escenario partidario.