Un insumo esencial

Con todo lo que ha pasado durante la última centuria y con la dinámica de los avances en la tecnología que se ha desencadenado en los albores del tercer milenio, que la radio haya conseguido sostener un siglo de vigencia representa una proeza digna de ser celebrada.

Por J.C. Maraddón

A comienzos del presente siglo, el prodigio de establecer comunicaciones con teléfonos móviles había dejado de ser un lujo que se daban los privilegiados para extenderse hacia un sector mayoritario de la población. Por más que las antenas que permitían realizar y recibir llamadas todavía no habían logrado una cobertura confiable, los usuarios empezaron a adquirir los aparatos de forma masiva y ya no era necesario que alguien estuviera en un lugar fijo, en su casa, un teléfono público o su lugar de trabajo, para que se pudiera concretar un diálogo a distancia. Hoy parece una nimiedad, pero en su momento representó un cambio drástico.

No mucho tiempo después, esos mismos aparatos ofrecieron un servicio extra que posibilitaba escribir mensajes de texto y enviarlos a un destinatario, a un costo mucho menor que el de la llamada. Mediante un sistema parecido al de los antiguos beepers, los SMS se transformaron en ese entonces en la gran novedad de las comunicaciones y todos empezaron a usarlos para cuestiones que no exigieran la conversación como una vía imprescindible. Se trató quizás de un pequeño paso para la telefonía móvil, pero implicó un paso trascendente para la humanidad, sobre todo si lo vemos desde la perspectiva actual.

Como todas estas prestaciones suponían un costo extra para los propietarios del equipo, a la compañía canadiense Blackberry se le ocurrió desarrollar un teléfono con un sistema propio de mensajería, que permitía intercambiar textos con otras personas que tuvieran aparatos de la misma marca. Esto sucedía unos diez años atrás, cuando también cobraban importancia los denominados teléfonos inteligentes, que conjugaban muchas funciones, sobre todo la navegación en la web y las aplicaciones de las redes sociales. En muy poco tiempo, se hizo realidad la profecía de que nuestra vida entera iba a depender de esos pequeños dispositivos portátiles.

Tanto las llamadas por aire a teléfonos móviles como los SMS y el Blackberry forman hoy parte de la historia reciente en la evolución de las tecnologías de la comunicación. Parece mentira que en un lapso tan breve esos hallazgos que parecían haber llegado para quedarse hayan sido marginados por la descollante llegada de WhatsApp, la aplicación favorita para la mayor parte de quienes tienen la necesidad de llamar o mensajear a alguien. No obstante, a juzgar por los antecedentes, nada garantiza que ese mágico artilugio que integra el vasto imperio de Mark Zuckerberg vaya a reinar eternamente.

Vale la pena recordar todas estas maravillas comunicativas que se han vuelto obsoletas en poco más de un decenio, para dimensionar el significado del aniversario que hoy conmemora la radiofonía argentina. Se cumplen cien años desde aquel experimento de los Locos de la Azotea que dio origen a la radio en nuestro país, y que hoy será festejado con gran pompa por las emisoras argentinas y por todos aquellos que siguen vinculados a ese medio, ya sea porque trabajan en él o porque integran ese segmento de oyentes que aún prefiere ese tipo de entretenimiento por encima del resto.

Con todo lo que ha pasado durante la última centuria y con la dinámica de los avances en la tecnología que se han desencadenado en los albores del tercer milenio, que algo haya conseguido sostener un siglo de vigencia representa una proeza digna de ser celebrada. Aunque en crisis y en pleno proceso de redefinición de sus futuras perspectivas, la radio se viene adaptando a todas y cada una de las innovaciones, como nosotros mismos lo venimos haciendo. Tal vez sea porque, de tanto estar presente, se ha constituido ya en un insumo esencial para la especie humana.