El lunes se anunciarían las 60 medidas en un contexto muy complejo

El Banco Central sigue perdiendo reservas; la demanda de dólares este mes sería récord. La balanza comercial muestra no sólo caída de importaciones sino de exportaciones cuando el ingreso de divisas es clave. En materia de Inversión Extranjera Directa, el país y Venezuela aparecen como los peor posicionados en el mundo en la última década. El Gobierno reabre negociaciones con el FMI para buscar financiamiento.

Por Gabriela Origlia 

Las 60 medidas que el Gobierno nacional viene prometiendo para la pospandemia y la revitalización de la economía llegarían el lunes próximo. Los anuncios estarían acompañados por cuadros y datos como ya es un clásico en las presentaciones del presidente Alberto Fernández. Hasta ahora los anuncios son puntuales de obras públicas para algunas provincias y el relanzamiento del Procrear; con el paquete apuntan a movilizar el consumo y la inversión. Ayer, se envió una carta al FMI para reabrir negociaciones y buscar un nuevo plan de financiamiento.

Mientras tanto el Banco Central sigue perdiendo reservas y la demanda de los 200 dólares en agosto sería récord. Hace un año que empezaron las restricciones a la compra de divisas –poco después de que Mauricio Macri perdiera las PASO- y se fueron profundizando. Se ajustó el acceso a  dólares oficiales a los importadores, se estableció un plazo de 90 días (antes era de 30 días) para acceder al “dólar solidario” para quienes habían operado en el “dólar bolsa” y se incrementaron las restricciones para la transferencias entre cuentas en moneda extranjera  para evitar a los “coleros digitales”.

En medio de los rumores de que el límite de los US$200 se seguiría acortando, las reservas netas en el Central (sin incluir swap de monedas con China, encajes bancarios, depósitos del Gobierno y préstamos con organismo internacionales) son unos US$7.900 millones. El nivel de pérdida no es sostenible.

La Argentina necesita para salir de este laberinto inversiones. Hoy el ambiente político está lejos de colaborar para que lleguen. El stock de Inversión Extranjera Directa (IED) en el planeta se desaceleró después de haber llegado a un monto relevante: el 40% del Producto mundial. Es 82,9% mayor que el que había en el inicio de la década. Argentina es una de las pocas excepciones en esa dinámica.

Un trabajo de la consultora DNI de Marcelo Elizondo destaca que entre 2010 y 2019 la IED creció en Irlanda, 293%; en Países Bajos, 197%; en Estados Unidos, 176%; en Singapur, 168%; en China, 201%; en Nigeria, 93,5%; en Colombia, 148%; en Paraguay, 104% y en México, 61,5%.

En cambio, en la Argentina la caída fue de US$16.421 millones, 19,2% y en Venezuela de US$ 11.490 millones, un descenso de 33,2%. La Argentina muestra en la última década (2010/2019) uno de los cuatro mayores descensos de stock de IED en todo el mundo.

Prácticamente todos los países del mundo pedidos muestran alza del stock de IED entre 2000 y 2019 en el planeta, pero la Argentina está en esa lista de diez casos que muestran en 2019 un stock de IED acumulada apenas diferente a la del 2000. Elizondo apunta: “Lo relevante de esto es que por ello Argentina es el segundo país en todo el mundo de los 202 medidos por el estudio de referencia con peor performance en la evolución del stock la inversión extranjera directa en lo transcurrido del siglo XXI”.

El stock de IED en Argentina en el año 2000 representaba 0.91% del total mundial. En 2010 pasó al 0.43% y en 2019 sólo 0.19%. Mientras tanto, en lo regional, en 2000 el stock de IED en Argentina representaba 19.9% del total en Latinoamérica y el Caribe en 2000. Fue de 5.39% en 2010, y es ahora el 3.05%.

Para la necesidad de divisas que tiene el país, los últimos datos de la balanza comercial tampoco son alentadores. En julio el resultado comercial volvió a ser favorable para la Argentina, encadenando dos años en terreno positivo; el superávit rozó los US$1.500 millones, mostrando un avance de 55% frente a igual mes de año pasado pero, al igual que en durante todo el primer semestre, la mejora obedeció al desplome de las importaciones (30,1% interanual), en tanto las exportaciones retrocedieron 16,3% en la comparación interanual. Ecolatina, por ejemplo, apunta que aunque la dinámica es favorable, en realidad es el síntoma de algo negativo: que la crisis es mayor en el país que en el resto del mundo.

Las ventas externas totalizaron US$4.900 millones, marcando un retroceso considerable frente a los US$ 5.850 millones de igual mes de 2019. El rojo fue común a todos los grandes rubros: los productos primarios cayeron 10% interanual -interrumpiendo así su dinámica positiva de la primera mitad del año-, las manufacturas de origen agropecuario 9% y las manufacturas de origen industrial 32%. En todos los casos, el retroceso obedeció a una mayor baja de las cantidades en relación con los precios.