PJ Capital: cimbronazo y expectativa

El viguismo espera -con ansiedad- ver cómo se reacomodan las piezas tras la salida de Marianacci y el pase de los CPC a Políticas Sociales. El delasotismo aguarda su momento.

Por Felipe Osman

La renuncia de Guillermo Marianacci a la Secretaría de Participación Ciudadana terminó produciendo un verdadero cimbronazo en los esquemas del PJ Capital. Y no por resultar sorpresiva -la relación entre el funcionario y el intendente ya se encontraba por demás desgastada y al momento de la dimisión Martín Llaryora llevaba meses sin recibir al secretario-, sino por determinar el pase de los 14 Centros de Participación Comunal a la Secretaría de Políticas Sociales, Inclusión y Convivencia, capitaneada por Raúl La Cava.

El presidente de la seccional 6ta ha sido por años un hombre del riñón de la diputada nacional Alejandra Vigo, y es natural que el ensanchamiento de su cartera sea leído como un crecimiento del viguismo, incluso sin olvidar que Marianacci supo aterrizar en la gestión luego de hacer escala en el Instituto Diseñando Ciudad, pergeñado por Juan Domingo Viola y tomado por la mismísima primera dama provincial como centro de operaciones del PJ capitalino durante la campaña electoral previa al 12-M.

Pero el sólo hecho de que La Cava haya sido elegido para reubicar bajo su órbita a los CPC -claves para el control y la construcción territorial del peronismo- no implica que todo el viguismo haya quedado conforme. Varios de sus dirigentes entienden que la gestión ha dado demasiado espacio a sectores cuyo ADN peronista ponen en cuestión y ahora, para saber si el equilibrio -siempre a su modo de ver- quedará reestablecido, esperan ver cómo se reacomodarán las piezas bajo el nuevo comando y qué juego se dará a cada jugador.

Desde estos sectores entienden que los cambios que acaban de darse están demasiado frescos, y que es conveniente dejar que las cosas decanten para saber cómo va a actuar el nuevo responsable de los CPC, aunque sin declinar las propias expectativas.

A la vez, se preguntan también cómo deben interpretar el hecho de que La Cava haya quedado -al menos, hasta el momento- como el mayor (y casi único) terrateniente del viguismo, administrando no sólo el territorio desde los CPC, sino también la asistencia social que ofrece el municipio desde su secretaría.

En este escenario, algunos -sin prisas, pero sin pausas- comienzan a advertir sobre sus pretensiones. Y entre los primeros está el concejal Diego Casado, cuya lealtad a Vigo difícilmente pueda ser puesta en cuestión, que resalta a cada momento que el control del CPC Villa El Libertador debería estar en manos de los vecinos de la seccional, y que “en la 10ma hay gente que merece estar en ese lugar”.

No es el único que piensa de ese modo. Quienes conocen la diaria del PJ Capital suelen advertir que lo que dice Casado suele ser los que varios de sus compañeros piensan, aunque prefieran no decir.

En el Concejo, otros ediles tampoco quieren quedar a la sombra de un “súper-funcionario” viguista que coarte sus pretensiones de crecer políticamente. Entre ellos, el propio presidente del bloque, Juan Domingo Viola, sería uno de los que añora un pase al Ejecutivo, probablemente a la Secretaría de Educación en la que Horacio Ferreyra -actual secretario- ya habría tenido más de un traspié, con la renuncia de dos de sus colaboradores.

Es probable que otro edil estrechamente vinculado a Vigo, como Pablo Ovejeros, también esté a la expectativa de desembarcar, de una vez por todas, en alguna secretaría del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia, adonde decenas de voces lo ubican desde hace meses.

Ahora bien, tras el viguismo hay otro espacio que también resiente el reparto de roles protagónicos hecho por el intendente: el delasotismo. Y es de esperarse que -si la reconfiguración orgánica del Ejecutivo llevando a los CPC bajo la órbita de Políticas Sociales representa la corrección de un desequilibrio perjudicial para el viguismo y el delasotismo- quienes reclaman el legado del ex gobernador reclamen también nuevos espacios.