El Cirque du Alferdez

La payasa en la conferencia de prensa del ministerio de salud despertó la inquietud: si él gobierno fuese un circo, ¿quién sería quién?.

Por Javier Boher
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¡A sacarse la pachorra, amigo lector! El fin de semana largo, sumado al soporífero viento de agosto plancha hasta al más adicto al éxtasis. Me sentía más santiagueño que los Carabajal de las ganas de dormir la siesta que tuve durante estos días.

Eso sí, acá uno no puede ni cabecear por la fiaca que salen y se mandan una como la de la payasa en la conferencia de prensa del ministerio de salud. A esta altura ya siento que están haciendo como el que en la escuela tenía llevada la materia y pasaba a dar lección con el cierre bajo para provocar al profesor.

La cosa es de lo más extraña. Supongamos que los payamédicos son plenamente reconocidos y se quiere dar una señal de inclusión al sentarlos a la mesa. Traten de que por lo menos sea para hablar sobre la pediculosis o la higiene bucal, no cuándo van a dar un parte de muertos.

La coherencia entre el mensaje y la apariencia son importantes. Es como esa vez que la directora nos estaba retando muy enojada cuando se le salió -y escupió- un diente. No recuerdo más nada porque mentalmente me desternillé de la risa. Creo que estaba muy enojada, pero a esta altura es imposible saberlo.

Además, ¿qué padre sienta a su hijo a ver un informe sobre la evolución de la epidemia? Si así fuese, la payasa tendría que decir algo como “Chicos, ¿saben qué es la globología? Para enseñarles, vamos a hacer una urna funeraria con globos, por si les creman une abuele”. Ridículo.

Encima, ver al resto de la mesa haciendo la coreo que tiraba la payasa remite a lo más básico del circo, la complicidad del público para que actúen los clowns. Ahí dije, “¿quién sería quién, si el gobierno fuese un circo?”. Los payasos están en el ministerio de salud de Ginebrarcía, así que esa es bastante fácil.

La lista va a arrancar por lo positivo. En el circo que regentea el presidente, la figura destacada es el muchacho que se sube al globo de la muerte a esquivar fondos buitre para renegociar la deuda. El Chapito Guzmán se las rebuscó para dar vueltas y vueltas hasta cerrar un acuerdo que -sin ser la panacea- le dio aire al gobierno de científicos (sociales).

Domando a los leones está Fernanda Raverta, titular de Anses. Su fórmula es rara, no es como la de los domadores de antes, con el látigo y la silla: ella los tiene en regla tirándoles bifes, para que no salgan a cazar por el conurbano. Qué va a hacer cuando se le acabe la carne (porque esa que imprimen no tiene el mismo gusto) todavía es un misterio, aunque seguramente los leones se coman al público antes que a ella.

Lanzando cuchillos están los diputados y senadores, que lanzan nuevos impuestos como filosas dagas a los sectores productivos que están atados y girando en el mismo lugar. Andan algo flojos de puntería, porque en lo que llevamos de cuarentena ya han amputado algún dedo -o incluso liquidado- a algún pobre productor.

El trapecista casi que no necesita introducción: el tigrense taimado, Sergio Massa. Intentó abrirse su propio circo, pero al final sólo se dedicó a cambiar de trapecio, un rato agarrado con uno, otro rato agarrado con otro. Qué fácil que la tiene: el peronismo es la red de contención que agarra a todos los que se caen cuando quieren saltar muy lejos.

En los circos A.I. (Antes del INADI, no inteligencia artificial) había enanos, de los que se reían pese a que son personas como cualquier otra. Ahora todos sabemos que eso está mal. Bueno, los enanos serían los gobernadores: no deberíamos reírnos de ellos, pero para eso los usan.

El Mago es la nueva figura del circo: el Rambo de campamento scout, el Berninator del conurbano. Su último truco es el más polémico, porque todos habíamos aceptado que eso no se hace más. Sin embargo, parece que hay algunos a los que le gusta. Resulta que es un mago a la vieja escuela, de los que hace desaparecer gente. Increíble.

Finalmente, un número que hoy -en tiempos de diversidad, identidad de género y demás yerbas- no sería noticia: la mujer barbuda. Como siempre, las malas lenguas dicen que en realidad es hombre. Los más arriesgados dicen que además es quien efectivamente maneja el circo. Es difícil que creer que la vicepresidenta sea un señor, pero de lo otro ya no quedan mayores dudas.

Se entiende que la mujer barbuda (esa con la que muchos preferirían no tener ninguna historia) evite decir que el circo es de ella. Porque ¿quién se lleva los tomatazos cuando el espectáculo no es bueno?.

Tenga buena semana.