Un latino apadrinado

A los 83 años, el cantante Trini Lopez murió el martes pasado en Palm Springs, y muchos recordaron aquellos años felices en que su estilo, de una ingenuidad inimitable, se imponía en todo el mundo, gracias al absoluto respaldo que le brindaba el sello Reprise de Frank Sinatra.

Por J.C. Maraddón

En una serie documental de dos episodios disponible en Netflix, se recorre la biografía de Frank Sinatra en un pantallazo que, si bien hace foco en sus grandes méritos artísticos, no deja de tratar ítems insoslayables, como sus vínculos con la mafia y la política estadounidense, su tumultuosa vida afectiva y sus propios emprendimientos empresariales. Una de esas incursiones fue el sello Reprise, lanzado por el vocalista en 1960 como rechazo a las condiciones que le imponía la compañía Capítol, para la que venía trabajando. Pero Reprise no sólo incluyó en su catálogo sus propias grabaciones, sino que abrió al juego hacia los integrantes del llamado “Rat pack”.

Tras esos discos de Dean Martin y Sammy Davis, la discográfica publicó grabaciones de Bing Crosby, Duke Ellington y Nancy Sinatra. En su carácter de mandamás, Frank Sinatra buscó no caer en las presiones que él mismo había sufrido en su carrera y dejó que el libre albedrío de los artistas guiara sus producciones, en una maniobra loable pero que a la larga derivó en ostensibles pérdidas económicas. Tampoco contaba Reprise con una distribución acorde a las exigencias de la industria, por lo que en algunos casos fueron otros sellos los que terminaron ocupándose de esa tarea.

Antes de vender las dos terceras partes de las acciones de Reprise a la Warner Bros. como parte de la firma de un contrato cinematográfico en agosto de 1963, Sinatra se dio con el gusto de editar el álbum debut de un muchacho de ascendencia mexicana que se iba a transformar en un éxito imparable. Descubierto en el club de Hollywood donde se presentaba noche tras noche por Don Costa, el arreglador orquestal de La Voz, Trini Lopez consolidó ese mercado del rock latino que habían abierto Los Lobos en 1958 y que se había truncado al año siguiente con la muerte del vocalista del grupo, Ritchie Valens, en un accidente de aviación.

Precisamente fue “La bamba”, el gran hit de Los Lobos, uno de los caballitos de batalla de Trini Lopez en ese primer disco que le publicó Reprise, donde también figuraba “If I Had a Hammer”, un clásico del repertorio de Pete Seeger que pasó a ser un suceso en versión del intérprete chicano. El acierto de haber grabado esas canciones en directo en el mismo club PJ donde Trini Lopez actuaba, fue una genial jugada del propio Frank Sinatra, quien respaldó sin retaceos al artista que había fichado.

Después de que la Warner tomó el timón de Reprise, mantuvo en su cargo al director Mo Ostin, quien se ocupó de sumar nombres de fuste como Jimi Hendrix, The Kinks, Joni Mitchell, Neil Young, Ry Cooder, Fleetwood Mac, Frank Zappa y hasta algunos discos de los Beach Boys. Desde entonces, si bien ha funcionado como una subsidiaria menor, no ha dejado jamás de aportar sorpresas al mercado de los discos, donde llevan su logotipo obras de Alanis Morissette, Eric Clapton, Black Sabbath, Oasis, My Chemical Romance, Red Hot Chili Peppers y también Michael Bublé, un confeso admirador de Sinatra.

A los 83 años, Trini Lopez murió el martes pasado en Palm Springs, y muchos recordaron aquellos años felices en que su timbre, de una ingenuidad inimitable, se imponía en todo el mundo y también por supuesto en Argentina, donde Los Teen Tops del mexicano Enrique Guzmán ya habían hecho estragos. El arribo de sus canciones a estas latitudes coincide con el apogeo del Club del Clan y con los inicios de Palito Ortega, cuyo estilo guarda no pocas similitudes con el de aquel talento al que Frank Sinatra supo apadrinar, aunque sabido es que no le simpatizaban las nuevas olas.