Trilogía política: educación, ciencia y salud

El espectáculo por la "vacuna argentina" exhibe que aquella trilogía es -como siempre- una cuestión de política y relaciones de poder.

Por Javier Boher
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Educación, ciencia y salud, trilogía del progresismo que se autopercibe primermundista -aunque los resultados obtenidos nos ubiquen un poco más abajo- y que en estos días ha brotado con más fuerza que nunca.

El tan declamado gobierno de científicos ha jugado muy bien el partido de la comunicación, pero lo ha hecho mejor en el campo del pragmatismo sanitario: saludó a Rusia por su vacuna, se acercó a los norteamericanos para coordinar pruebas y selló el acuerdo con los ingleses para producir acá la vacuna para América latina. Cerró todos los frentes para cuando se abra la cuarentena.

El fervor patrio por la hazaña de producir algo que no desarrollamos ni poseemos intelectualmente fue trabajado con precisión por los que tratan de apuntalar a un gobierno que va trastabillando por cargarse de cosas a pesar de su inoperancia.

Salud, ciencia y educación

Pese a todo, esa relación entre salud, ciencia y educación está en el centro de la escena. No importa cómo se la use desde la comunicación: ninguna puede contradecir las motivaciones que naturalmente mueven a los actores de esos ámbitos.

La educación es una herramienta necesaria para desarrollar ciencia. Pero, por más lindo que suene, no se hacen escuelas -solamente- para que los hijos de los obreros sepan leer a Cortázar o a Borges. Se educa para algo mucho menos altruista que la formación de la población. Se los educa para que produzcan y generen riqueza.

La ciencia, a su vez, no se desarrolla por el simple hecho de investigar. Esto no tiene que ver con el investigador, que seguramente juzga fundamental su trabajo sobre las representaciones de la transexualidad en el manga japonés de la década del ’60 o el ciclo reproductivo de los gorgojos en la polenta de la alacena. La ciencia es, fundamentalmente, una herramienta política y una posibilidad económica.

Es en ese campo económico que la conjunción con la salud es fundamental. Todos queremos una población sana, fuerte y feliz. Si además se pudiera ganar plata por ello, vendiendo el desarrollo a otros países, mucho mejor. Aunque a todos les guste repetir la historia de que Sabin no patentó su vacuna como regalo a la infancia.

Las tres patas de ese trípode son esenciales -y se muestran en toda su dimensión- en el contexto de la pandemia. Por eso es extraño que -tras presentarse el avance del tratamiento con ibuprofeno como un logro de la ciencia cordobesa- los investigadores involucrados deban esforzarse por promoverlo en otros distritos ajenos a su contexto, porque la política no lo piensa más allá de la prensa. En Córdoba parece ser que el sector público de salud prefiere esquivar el tratamiento por el que buscaron ser reconocidos en el país. Misterios de la política.

Política y salud

Ese encuentro entre política y salud deja otros temas sobre los cuales indagar. Tras el brote del Hospital Italiano -por el que se ordenó el cierre temporario- no fueron pocos los que advirtieron sobre el costo de dicha decisión.

Aunque el daño y la estigmatización a la institución puedan haberse sufrido entre sus miembros, lo peor es lo que pasa cuando se sitúa una vara tan alta. De acuerdo a ese antecedente, todas las clínicas y hospitales en los que ha habido contagios entre sus miembros hacia adentro de los muros de la institución deberían cerrar. ¿Ha sido esa la política en tiempos de aumento de contagios? ¿O la política prefiere dejar las puertas abiertas a la espera de un pico que obligue a usar sus camas de internación?. Algunos creen ver -además- vínculos filiares tras estas decisiones.

La política detrás de la salud es mucho menos romántica que el relato sobre la vocación médica. Con tanto dinero en juego, ni políticos, ni sindicatos, ni laboratorios están dispuestos a dejarlo pasar.

Ciencia y política

Así las cosas, el logro de haber cerrado el acuerdo para producir la vacuna en laboratorios nacionales es simplemente un hecho político. Como la planta de Renault que le pone un rombo a un auto rumano, el gobierno le pone su sello a un desarrollo de otro país, que será el que finalmente se lleve el reconocimiento científico y los réditos económicos.  Eso sí, a la épica por la “vacuna Argentina” no se la quita nadie. Y eso, como siempre, es político.