Marianacci renunció y los CPC cambian de mando

Guillermo Marianacci, secretario de Participación Ciudadana y funcionario a cargo de los 14 CPC, presentó su renuncia al intendente. Primera baja de peso en el gabinete de Martín Llaryora.

Por Felipe Osman

El secretario de Participación Ciudadana, funcionario encargado de llevar adelante la descentralización municipal y superior jerárquico de los directores de los 14 Centros de Participación Comunal (CPC) de la ciudad, presentó ayer su renuncia, que llevaba meses escrita en su despacho, y que fue rápidamente aceptada por el intendente.

Los CPC pasarían, con esta baja, a ser conducidos por la Secretaría de Políticas Sociales, Inclusión y Convivencia, a cargo de Raúl La Cava, aunque se desconoce hasta el momento si se tratará de una “reconducción” transitoria del organigrama, o si este nuevo encuadramiento para los directores de los CPC será definitivo.

El manejo de los Centros de Participación Comunal, distribuidos en cada rincón de la capital, resulta estratégico, y su importancia en la construcción política-territorial se explica, en buena medida, por su contacto permanente con los centros vecinales y demás organizaciones barriales.

En cuanto a los motivos de su renuncia -más allá de los expresos, que rara vez suelen ser lo reales-, hay diferentes versiones, pero las coincidencias se dan en torno a los siguientes puntos.

En primer lugar, los roces entre Guillermo Marianacci y el resto del gabinete eran permanentes. Según señalan diversas fuentes, existía un conflicto abierto entre él y el Secretario de Gobierno Miguel Siciliano, funcionario de primera línea de la gestión en quien Llaryora ha confiado múltiples responsabilidades. Sin embargo los roces no terminaban allí, sino que también existían tensiones con muchos otros encumbrados funcionarios, entre ellos el mismo La Cava -de quien ahora pasarán a depender los CPC- y la secretaria general, Verónica Bruera.

Algunos de los asuntos que habrían incidido en estas tensiones serían los cuestionamientos de Marianacci a la dirección de Asuntos Vecinales -bajo la órbita de Políticas Sociales- por presuntas tardanzas en la regularización de centros vecinales que, a su entender, habrían planteado obstáculos para la gestión de su secretaría. En rigor, parece claro que las prioridades que marca el momento para la Secretaría de Políticas Sociales resultan bien distintas.

Otro punto de fricción se dio durante el extenso conflicto entre el Palacio 6 de Julio y el sindicato de empleados municipales. Buena parte del llaryorismo no vio en el secretario de Participación Ciudadana un actuar coordinado con el resto del gabinete. Más aún, muchos entienden que Marianacci, que ocupo puestos importantes durante las gestiones de Rubén Américo Martí y Luis Juez, fue funcional a un statu quo dentro de su secretaría y de los CPC que terminó favoreciendo al sindicato y a los mandos medios radicales.

Pero los cuestionamientos no terminaban allí. La amplia mayoría de los directores de CPC tenía una relación muy accidentada con el secretario, en ocasiones por situaciones puntuales del vínculo que existía entra cada director y Marianacci, y en general porque muchos de ellos resistían la procedencia radical del funcionario y no lo identificaban como un jefe político.

(Huelga decir que no existió ningún “operativo clamor” de los directores para apuntalar al secretario y pedir por su continuidad).

Finalmente también hubo reproches de quienes entendían que el funcionario no hizo un reajuste de sus proyectos iniciales para la secretaría cuando la pandemia irrumpió en escena. No sólo porque buscó avanzar en pos de una descentralización -por ejemplo, dando impulso a las Juntas Vecinales- en momentos en que las prioridades que marcaba la agenda eran bien diferentes y en algunos casos hasta discordantes, sino también porque habría planteado obstáculos a movimientos de personal necesarios para que los directores de CPC pudieran tomar el control real de sus reparticiones con colaboradores de su estrecha confianza, y no con los mandos medios e interinos heredados de las anteriores gestiones.