Guerra y geografía al sur del Virreinato (Tercera Parte)

La lectura de fragmentos de la Descripción escrita por el soldado guipuzcoano José Francisco de Amigorena en 1787, apegada a las referencias más exactas y completas de los jalones del camino real, por el sur cordobés, nos revela que el relato mismo es el mapa.

Por Víctor Ramés
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Oficial español de 1746. Sobre una miniatura de José María Bueno.

Lo único mejor que leer citas del manuscrito de Amigorena, sería leer en silencio la descripción completa hecha por este jefe militar del partido de Cuyo. Y descubrir en su estilo que las impresiones y la literatura quedaban para los viajeros. En el texto del militar se encuentra, si no una irreprochable ortografía, una claridad descriptiva que podemos llamar pragmática. La letra aplicada de un buen siervo del Virrey, vigilando una ancha frontera disputada por “los bárbaros”.

Dos siglos y medio después, aquí estamos, escogiendo partes de aquel viaje para los lectores de este periódico. Queda para los investigadores el manuscrito completo, nosotros nos asomamos a lacónicos párrafos de esos papeles guardados por milagro en archivos, tratando de “sentir” un solitario camino perdido en las pampas virreinales a fines del siglo XVIII.

El autor avanza por la ruta de Córdoba y llega al Saladillo, donde el Virrey Vértiz había mandado crear un fuerte en 1780. Describe la situación del lugar y sus habitantes:
“En el paso del Saladillo de Ruiz Diaz se aparta el camino carril que tira a la Punta del Sauce; y en la confluencia de este rio con el tercero esta el Fuerte que recibe su nombre del Saladillo: es de palo a pique con su pequeño foso, y tres Pedreros montados. Habitación para el Comandante y Capellan, y estrechándose también la hay para 6 Pagados y 4 Milicianos que componen la Guarnición: vaxo el Cañon de este Fuerte hay trece Ranchos con su Capilla y 50 a 60 personas de todas edades y castas, pero nos persuadimos que no pueden permanecer, por que manteniéndose de la Cria de Ganados únicamente, y haviéndoselos llevado los Indios, han quedado reducidos a una pobreza suma, y aunque en el fuerte salvan sus vidas de aquel enemigo (que no necesita ni intenta ocupar estos edificios sino llevarse Animales) todavía quedan expuestos a otro enemigo mas cruel que el hambre; y esto será causa que estas gentes busquen su seguridad mas al Norte.”

En el informe de Amigorena abundan, lo que es bastante comprensible, señalamientos sobre la necesidad de reforzar la protección del camino. El explorador pasa por la posta del Zanjón antes de llegar al Fraile Muerto, donde “nunca ha habido menos gente que al presente, por que por temor de los Indios van abandonando estos parages, e internandose al Norte”. Y agrega: “Si esto sucede en el Camino mas seguro por mas septentrional, como quedaran de expuestos los mas meridionales?” Su descripción del lugar:

En los Ranchos que hay en esta distancia solo vive gente pobre, con tal qual Majadita, algunas Lecheras y los Cavallos de su tragin, conchavanse los Hombres en las Estancias próximas por seis pesos mensuales, y las mujeres se ocupan de hilar, tejer Bayetillas, Gergas, y Ponchillos, ya para vestir sus familias, y ya también para trocar por Géneros que les llevan algunos Buhoneros que corren estas Campañas.
Una Capillita y 14 o 15 entre Ranchos y Casas, componen la Poblacion del Frayle Muerto, a uno y otro lado del Camino: El sitio es alegre, y frondoso, por los muchos Arboles y lla cercanía del Rio que le ciñe (ya con buen agua) por la parte del Norte: Ocupanse sus moradores de la Cria de Ganados, Bacuno, Ovejuno, Yeguada, y Cavallada, pero en corto numero por haverles robado los Indios, sus Haciendas hace poco tiempo. Habrá de 70 a 80 personas, y las mujeres se exercitan según dijimos arriba.”

El lugar tenía alguna defensa, seguramente insuficientes, contra las incursiones indígenas:
“La Casa de la Posta, es la mas bien fortificada de toda la carrera: Esta al Sur del Camino, constan de la Havitacion del Mro. De Posta y su familia que pasa de 10 personas, un cuarto separado allí inmediato para correos y pasageros: Pozo de Valde dentro de los reparos: Siguese luego una fuerte Estacada de troncos bastante robustos y altos con un Pedrero: por la parte exterior de ella una gruesa tapia de gran altura, de tal manera que sacando el fusil entre Palo, y Palo de la Estacada puede por sobre ella dirigirse la vala: luego inmediatamente de la tapia se sigue el foso, con agua cuya tierra se levantó aquella sobre su labio interior agregándose a esto la ventaja de ser corto el recinto, y por eso más fácil su defensa con poca Gente”.

Amigorena pasa por la Posta del Rincón de Bustos y por Paso de Ferreira (desde donde “ya se da vista a la Sierra de Córdoba”). En ese punto “se separan los dos Caminos reales (y de Postas al mismo tiempo) que vienen juntos desde Buenos Ayres: El uno tira al Norte, a Córdova, y el Perú; y el que vamos describiendo al Oeste con alguna declinación desde aquí al O.S.O.”

Siguen la Cañada de Lucas, la Punta del Agua, Tegua, Santa Bárbara y Tambo, luego La Aguadita, y de allí se alcanza la última posta cordobesa, la de Achiras, abandonando el Camino Real. Así describe el trayecto:
“Aquí se deja el Camino Rl. y se entra a la Sierra: aquel dando una buelta de dos leguas al Sur vá á doblar por la Cruz de Josef Antonio la extremidad meridional de esta Sierra de Cordova; y este atraviesa por estas Cerrilladas que como próximas a su fin, no son muy penosas. Entre ellas, y como dos leguas de las Lajas, está la Posta sobre un Arroyo de agua excelente: componese de una Casita, con su Arboleda de Duraznos; en ella viven una pobre Viuda que apenas tiene los Cavallos necesarios para el servicio de la Posta; mantienese con lo que esta produce, y tiene su majadita de Ovejas y algunas Bacas Lecheras que cuidan dos Hijos que sirven también de Postillones. Los Indios arruinaron todos estos Pagos hace tres años, pero sin embargo como son tan buenas las aguas de todos esto arroyuelos, que se desprenden de la Sierra inmediata, todavía ay sobre sus riveras algunos Ranchos, y se continúan hasta el Camino Carril, que pasa mas de una legua distante. Las mugeres se ocupan de las mismas labores que hemos referido de las demás Cordovesas.”
Diez leguas después, el viajero llega al Morro de San Luis, despidiéndose de Córdoba.