Provincia parte las cargas del COE con los CPC

Frente a una situación (presumiblemente) cada vez más compleja, el COE ha decidido abrir el juego con los CPC, que fungirán como coordinadores de las iniciativas llevadas adelante en su territorio. El lado “B”, también se repartirán culpas y reproches.

Por Felipe Osman

Frente a la aceleración de la curva de contagios que viene dándose en Córdoba durante las últimas semanas, el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) ha decidido introducir una variante a su estrategia: dar participación a los CPC, esas pequeñas delegaciones del Palacio 6 de Julio a lo largo y ancho de la ciudad.

Bajo este nuevo esquema, que empezó a implementarse a partir de esta semana en los CPC de Argüello, Empalme, Pueyrredón y Villa El Libertador, las autoridades municipales que los presiden pasarán a tener parte en la coordinación de las iniciativas que bajan desde la provincia bajo la forma de testeos, entrega de material sanitario, cerramiento de cordones sanitarios y demás tareas de contención social.

El objetivo central es lograr un mejor acople de estas iniciativas a la vida de cada sector de la ciudad. Un ejemplo: si decide llevarse adelante una campaña de entrega de material sanitario o de módulos alimentarios para contener la tensa situación social que plantea la pandemia, los directores de los CPC, por su contacto permanente con la problemática que se vive en su territorio, son los más aptos para decidir en qué lugar montar el operativo para llegar mejor a los destinatarios más necesitados de ayuda.

Otro: si debe instalarse una puesto para realizar testeos, los directores de CPC bien pueden asistir al COE para dilucidar en qué lugar hacerlo para evitar que los vecinos bajo mayor riesgo deban realizar grandes desplazamientos. Llegada la necesidad de montar un cordón sanitario, tales funcionarios pueden también ser de ayuda para orientar a las autoridades provinciales acerca de qué arteria es más o menos indispensable para el tránsito o como reacomodar la circulación para hacer los controles más efectivos y menos traumáticos.

En resumen, razones prácticas para introducir esta variante no faltan. Pero no por esto debe restarse importancia al efecto político que esto tiene en el deslinde de responsabilidades entre la Provincia y la Municipalidad.

Mientras se prolongan las restricciones que impone la situación sanitaria el descontento crece, y más cuando los resultados que hay para mostrar no acompañan demasiado. Peor aún, los funcionarios se ven atrapados en una encrucijada en la que, si los controles y restricciones se intensifican y los contagios bajan, cientos de voces se alzan para decir que son innecesarios. Y si, por el contrario, las limitaciones se vuelven progresivamente más laxas y los contagios se aceleran, el reproche es doble: “no sólo hay restricciones sino que además crecen los contagios”.

El estado de alarma colectiva se exacerba y más temprano que tarde los vecinos empiezan a buscar a los culpables de sus desventuras, ya sea sanitarias, ya sea económicas, ya sean ambas.

Hasta ahora, quien asumía los costos de las imputaciones que arroja la ira colectiva venía siendo el COE casi en solitario, como también fueron el COE y quienes lo lideran los beneficiarios de la complacencia de los vecinos en los primeros tiempos de la cuarentena, cuando la gestión de la pandemia parecía un éxito rotundo.

En realidad, es probable que el tiempo haya sido el único factor determinante, aquel que antes hacía ver como muy bueno lo que hoy muchos empiezan a ver como relativamente malo. Pero las razones poco importan cuando lo que se busca es un culpable, y ante este escenario, se hace necesario empezar a repartir las responsabilidades y evitar que todos los señalamientos caigan en la misma canasta.

Sino principal, esta motivación podría ser al menos considerada como secundaria a la hora de entender por qué desde la Provincia se impulsa ahora que los CPC empiecen a jugar un rol tanto más activo en el abordaje de la pandemia.

Finalmente, quien descrea de lo apuntado arriba, puede llevar adelante un pequeño experimento, a saber, llamar -en estricto off de record- a cualquier director de CPC y preguntarle cuan feliz le haría un cartel del COE en la puerta de su recinto. (Advertimos, los resultados pueden ser desalentadores).