Guerra y geografía al sur del Virreinato (Segunda Parte)

De la descripción del camino de Buenos Aires a Mendoza, realizada en 1787 por el Comandante de Frontera José Francisco de Amigorena, se obtienen valiosos detalles sobre el paisaje y la población de las postas y otras referencias cordobesas del sur de la provincia.

Por Víctor Ramés
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Cabo, Sargento y Tambor de Infantería del Virreinato, 1775. Ilustración por Louis de Beaufort.

El militar vasco José Francisco de Amigorena hizo la guerra a los naturales a fin de proteger y alentar los asentamientos de poblaciones blancas en la línea de la frontera sur de Cuyo, y garantizar la circulación por el Virreinato. Consiguió éxitos que para los indígenas se tradujeron en crueles derrotas, y logró también sellar con ellos acuerdos y tratados de paz. tuvo una destacada actuación en los tiempos borbónicos de Sudamérica y fue además un experto conocedor de la geografía del camino del Oeste que llevaba de Buenos Aires hacia Chile y del que trepaba hacia el Perú. El documento por él titulado “Descripción de los caminos, pueblos, lugares que hay desde la ciudad de Buenos Ayres a la de Mendoza, en el mismo Reyno”, ofrece un detallado recorrido anotado por él, con el interés de garantizar la viabilidad y la seguridad de los viajeros en el territorio interior, de larga disputa con los pueblos originarios.

Su descripción de la posta de la Esquina, a la entrada de la pampa cordobesa por la frontera con Santa Fe, es un cuadro de precariedad y abandono. De allí se debía andar más de treinta kilómetros hasta la posta siguiente, la de Cabeza de Tigre. Transcribimos, con la ortografía original del manuscrito, su relato sobre este trayecto.

A la Posta de la Caveza del tigre (se pagan 7 leguas.)
Una Milla de la Posta se halla el Puente que llaman de la Esquina en un Estado bien fatal, sin Puente levadizo ni Puertas, el foso cegado, o casi parejo con lo demás. La muralla que de tapia ya se viene al suelo, como también las Paredes (que es lo que queda) de un edificio interior destinado para cuartel de la Guarnición: Esta se compone de 6 Infantes Veteranos mandados de Buenos Ayres cuyo Cavo hace de Comandante, y están con tal incomodidad, por el mal estado del cuartel que quando llueve apenas hay sitio Dentro de él donde poder colocarse los fusiles de modo que no mojen: Nos parece que un solo cañonazo disparado dentro del frente sería bastante para que parte de él venga á dar a tierra: Solo un pedrero havia montado quando pasamos. Al amparo de este fuerte viven 30 o 40 personas mui pobres repartidas en siete ranchitos, las cuales se mantenían de la cría de algunos animales, pero ahora que los indios se lo han llevado, se verán precisados a mendigar, abandonando estos parajes por salvar la vida.
Aqui acaba la Jurisdicción de Santa Feé y principia la de Cordova.”

El pedrero que menciona el militar refiere a un pequeño cañón o mortero, muy usado en las fortalezas de tierra. El cuadro de Amigorena subraya la ruina de los pobres habitantes, y los riesgos de vivir en la cercanía de las incursiones aborígenes. Su descripción prosigue nombrando puntos que figuran en los mapas de muchos viajeros y que eran paradas obligadas al repechar la pampa rumbo al oeste.

Una legua adelante se ve al Sur del Camino la Casa que llaman del difunto Tamie que solía tener mucha Hacienda; pero ya los indios llevaron ente mes de Octubre último toda la que havia, matando, y cautivando a el mismo tiempo quantos pudieron de los Dueños.
Otra legua larga mas adelante entre el río y el Camino está el pueblo llamado de la Cruz Alta, componese de 221 ranchos, entre los cuales hay dos con alguna defensa de tapia a modo de fuerte, y en uno de ellos un Pedrero que el día que lo disparen darán en tierra con los reparos (tal es su solidez). Hay también su ataona y Capilla; pero los vecinos que han quedado después de la última irrupción de los Bárbaros, se ven sin un animal, ni más auxilio que repasar el Río para asegurar la vida, por cuyo motivo nos persuadimos que de aquí a poco tiempo podrá verse este sitio despoblado.
Aquí se junta a este Camino por las partes del Norte, el que viene de Santa Feé para Mendoza.
Cuatro leguas ay hasta la Posta y no se encuentra en ellas Poblado alguno ni Animales. Consta aquella de un Rancho, y su Cocina cercado todo últimamente de una Muralla de Adoves aunque sin puerta ni armas para su defensa. Havia aquí tres o cuatro Ranchos cuyos dueños se mantenían con la Cria de Animales, pero como ahora arrasaron todos los Pampas, tratan de repasar el Rio, y mudarse al Norte. El Mro de Postas salvó con la fuga la vida, y con una cortísima porción de caballos que se les huyeron a los Indios, y volvieron a la querencia, sigue sirviendo la Posta; pero cesara sin duda al primer rumor de otra imbasion.”

Cuatro años antes que Amigorena, pasó por los mismos puntos Sourryère de Souillac, encargado de realizar mediciones geodésicas. Sourryère anotó: “De la Guardia de la Esquina a la posta del difunto Gutiérrez, hay 10 leguas: a las 3 leguas se llega a un pantano hoy transitable, (que llaman el Saladillo) e inmediatamente a un lugar que llaman la Cruz Alta”. Para cuando recorre el camino el militar guipuzcoano, en 1787, la posta del difunto había adquirido como nombre de referencia el de su viuda:

A la Posta de la Viuda de Gutierrez en la Esquina de Lovatón (se pagan 5 leguas.)

Esta posta sin embargo de tener su foso, y murallita en buen estado, se ha despoblado despues de la ultima irrupción de los Barbaros que la rovaron todos los caballos, y hasta el Fuerte del Saladillo que hay tres leguas, no se encuentra Rancho alguno, porque los que huvo fueron destruidos por los mismos, y así los Correos no mudan desde la Caveza del tigre hasta las Barrancas que hay 11 leguas, y si sigue la osadía de los Indios como hasta aquí, se cortará tal vez la Posta, a lo menos desde los Desmochados al Frayle muerto, en cuyo caso será preciso establecer una Posta en el Fuerte de la Esquina y otro en el de el Saladillo para que pueda correrse.”

Como se puede comprobar, la descripción no revela eventos cotidianos ni impresiones referidas al viaje, ni situaciones vividas en los lugares que menciona. La misión del comandante Amigorena consistía en el relato vivo de un mapa, y eran los propios viajeros de la época, los que iban de paso, quienes debían poner las anécdotas o sucedidos que le dieran movimiento al mapa.