El después de la deuda: FMI y arranque de la economía

Lo que dejan la pandemia y la cuarentena es terreno arrasado: más pobreza, más indigencia, más desempleo, nivel de educación precarizado, más informalidad. Para acelerar la salida se requiere inversión genuina en tasas altas y no sólo un Estado empobrecido asegurando que será el motor. Debe fijar reglas y concentrarse en lo esencial.

Por Gabriela Origlia

FMIDesde el Gobierno nacional indicaron que recién en setiembre empezarán a tratar de avanzar con el Fondo Monetario Internacional (FMI), primero –dicen- apostarán al crecimiento. Si se toman los parámetros de la negociación con los bonistas, es posible que también los contactos con el Fondo insuman varios meses. Cuando el acuerdo termine de ser formalizado, quedará un camino despejado en materia de vencimientos de deuda externa.

El economista del Ieral Jorge Vasconcelos señala que hasta 2024 inclusive, el Estado nacional tendrá que derivar recursos por este motivo por sólo 5.600 millones de dólares, de los cuales más de la mitad en realidad deberán ser desembolsados en 2024, en el primer año de la próxima gestión presidencial. “Sí deberá ocuparse de refinanciar los compromisos con el FMI, que pegan fuerte en 2022 y 2023, ya que si esa tarea se pospone, afectará las expectativas a partir de algún momento de 2021, complicando la economía en el año electoral”, agrega.

Según su criterio, a partir de ahora, se facilitará el diagnóstico acerca del porqué de los síntomas de desequilibrio macro que subsisten en la coyuntura: “El déficit fiscal, su financiamiento no genuino, la falta de incentivos al ahorro interno, a la inversión y a las exportaciones, las regulaciones excesivas y el tremendo peso de los impuestos, esos son los factores de mayor poder explicativo de la estanflación y del deterioro recurrente de las cuentas externas”.

En las negociaciones con el FMI se tendrán que explicar los puntos del programa a seguir. Aunque hay funcionarios que confían en el que el organismo internacional “cambió”, esa percepción no es compartida por la mayoría de los analistas. La hoja de ruta es una exigencia permanente para avanzar en algún acuerdo. En definitiva es lo mismo que se necesita para recuperar inversiones.

La discusión de la deuda era una suerte de valla que trababa el paso del resto. Más allá de la discusión semántica de si programa u objetivos, hay una clave que se vincula con ese aspecto y que sigue en pie: la deuda surge siempre porque es la forma en que se busca financiar el déficit. Por eso ahora el Gobierno deberá explicar cómo gestionará el gasto público y cómo lo cubrirá.

En los últimos días Matías Kulfas aceleró las reuniones que ya venía manteniendo con sectores productivos para tratar de ir mostrando los objetivos a los que se apuntará. Hace tiempo que habla de un “decálogo” integrado por aspectos como más exportaciones, energías renovables y banca de desarrollo.

En algunas de las entrevistas que dieron tanto el presidente Alberto Fernández como el ministro Martín Guzmán hablaron del “ahorro” alcanzado con la deuda y por eso habrá más recursos para otras tareas. La verdad es que se bajó fuerte el nivel de tasa de interés a pagar, pero se comenzará a pagar lo que antes no se pagaba. Es decir, no hay ahorro de partidas presupuestarias porque no se venía pagando.

Así que todos los programas, medidas u objetivos que se quieran poner en marcha tienen que financiarse con partidas a discutir. Por eso hay que mostrar las cartas para alinear expectativas. El 2021 es un año electoral, lo que siempre genera presiones sobre el gasto público. El punto de partida, una vez más, será complicado ya que este año cerrará un déficit fiscal récord; en ese contexto todos los anuncios siguen vinculados al gasto público. La “reactivación” se plantea por esa vía que luce no sólo insuficiente sino difícil de sostener.

Lo que dejan la pandemia y la cuarentena es terreno arrasado: más pobreza, más indigencia, más desempleo, nivel de educación precarizado, más informalidad. Para acelerar la salida se requiere inversión genuina en tasas altas y no sólo un Estado empobrecido asegurando que será el motor. Una vez más, debe ocuparse de lo esencial y para el resto fijar reglas.