La rebeldía cambia de ciudad

La rebelión de los comerciantes de Marcos Juárez, avalada por el intendente de la ciudad, abre múltiples lecturas para lo que viene.

Por Javier Boher
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Después de cuatro meses de amagues, con aperturas y retrocesos, llegó el día. Los comerciantes de Marcos Juárez, cansados de la indefinición de las autoridades, decidieron transgredir las normas de la cuarentena.

Esto, que en la mayoría de las localidades podría haber sido sofocado con una justicia cómoda y por los temores de los ejecutivos, encontró eco en el intendente de la localidad, Pedro Dellarossa.

El señor, hábil en la lectura de la situación, supo entender que era el momento de cambiar de bando (como ya lo habrá hecho en alguna otra oportunidad). Es que, a fin de cuentas, sus votos salen de esos mismos que pedían aire.

Este hecho deja muchos puntos para el análisis, empezando por ese último. Los políticos no son dueños de la voluntad popular, son sus intérpretes. Cuánto mucho, podrán conducirla a algún punto beneficioso para su causa, pero que difícilmente pueda contradecir el sentir popular (aunque algunas veces haya que hacerlo, por ser lo único posible).

Con los ánimos caldeados, el dirigente de la punta de lanza macrista en la provincia entendió que, como en el aikido, no servía oponer resistencia al ataque. La clave allí es redirigir la fuerza hacia otro lado para evitar sufrir daños.

Los que no parecen haber entendido eso son los que decidieron convertirlo en víctima, imputándolo de abuso de autoridad, cuando la realidad indica que se evidenció falta de autoridad de los que pretenden imponer restricciones insostenibles (por el hartazgo de una sociedad que las acató a lo largo de cuatro meses).

Es la primera rebelión anticuarentena de la provincia, en un lugar clave para entender la política cordobesa de los últimos años. Marcos Juárez es la capital de la única franja de pampa húmeda de la provincia, el único lugar que reúne las mismas condiciones productivas que la provincia de Buenos Aires.

Es el corazón agrícola cordobés, rodeada desde cerca por el resto del pujante campo provincial. Esa ubicación privilegiada la ha puesto en el foco de los tironeos entre el campo y el gobierno nacional, más peligrosos que nunca, habida cuenta de que hoy son dos contendientes fatigados y algo empobrecidos.

Desde ese lugar se empezó a construir el mito de Cambiemos, la alianza entre radicales, pro y peronistas desencantados que derivó en el triunfo de Macri en 2015. No es un dato menor.

En plena crisis económica, la oposición necesita un nuevo mito fundacional, que abra paso a una nueva etapa -ya que la que transcurrió hasta ahora se ha caracterizado por una ausencia prolongada de su principal figura, el expresidente Macri-. ¿Habrá intendentes y dirigentes dispuestos a sumarse a la iniciativa, o preferirán privilegiar la buena sintonía con los niveles superiores?.

El mismo gobernador Schiaretti se encuentra ahora en una encrucijada. Amante de no contradecir a la gente públicamente, si esto es solo la primera rebelión que se monta en el hartazgo de la gente, en algún momento deberá pronunciarse al respecto, evitando seguir trasladando la responsabilidad de la comunicación en el vicegobernador, el ministro de Salud o el monstruo burocrático deforme del COE, que no puede ni siquiera justificar la suspensión de reuniones familiares en los hogares mientras los bares siguen abiertos.

La ciudad de Córdoba ha sido el epicentro histórico de los plantones a los gobiernos nacionales, independientemente del color político. Se le plantó a los revolucionarios de mayo, a los conservadores, a los peronistas, a los militares, al kirchnerismo.

Adormecida por el temor a un virus que ha afectado más a la libertad que a la salud, ha dejado el espacio vacante para que la ciudad del este provincial tome la posta en un reclamo que -a esta altura de la crisis económica y social- suena de lo más sensato.

Es imposible saber a ciencia cierta cuáles serán las derivaciones políticas de este suceso, pero el hecho de haber triunfado tan rápidamente la presión social puede anticipar un contagio más rápido que el del virus en localidades que encuentran su actividad restringida pese a no haber tenido ni un solo caso de Covid-19.

La oposición -de capa caída y con pocas ideas- puede encontrar aquí el envión que necesitaba para relanzarse por la lucha por el poder. Eso sí, los políticos deberán ser cautos, cuanto la ira es una fuerza que puede arrasar con todo… incluso con los que pretendan sacar provecho de ella.