Festivales que son un juego

Ante el inminente comienzo del Cosquín Rock online y la cancelación de grandes convocatorias musicales en Estados Unidos y Europa, cabe preguntarse hacia dónde llevará la experimentación con eventos de música virtuales que ahora mismo se está llevando a cabo.

Por J.C. Maraddón

Para el próximo fin de semana se anuncia una edición especial del festival Cosquín Rock, que representa toda una novedad para el rubro porque se desarrollará online. Y es que el encuentro rockero es ya un clásico de los veranos en las sierras cordobesas, porque tiene lugar en el predio de Santa María de Punilla durante el mes de febrero. Sin que haya una perspectiva cierta acerca de qué es lo que pasará de acá a seis meses, la convocatoria se realiza entonces esta semana y, de paso, coincide con la fecha en que suelen organizarse sus pares de Europa y Estados Unidos, en plena temporada estival de hemisferio norte.

De hecho, hace unos días, miles de personas asistieron a la versión online del Festival Lollapalooza en su sede original de Chicago. Desde el jueves hasta el domingo pasados, hubo un desfile de intérpretes en las pantallas, aunque muchos espectadores se sintieron defraudados porque algunos shows (sobre todo los de las figuras más importantes) eran repeticiones de las performances de esos músicos en otras ediciones del Lollapalooza. Quizás se pueda pensar que es mejor eso a que no haya nada, pero semejante situación obliga a un replanteo completo de este tipo de espectáculos.

En Inglaterra fue cancelada la edición 2020 de Glastonbury, que estaba anunciada para fines de junio, y también pasaron para el año que viene las citas obligadas de Leeds y Reading, previstas para mayo. En Estados Unidos, el que tempranamente debió trasladarse para 2021 fue Coachella, que en un principio había sido pospuesto para octubre de este año y que ahora pretende retornar en abril del próximo. Estos anuncios, que en ese entonces sonaron como catastróficos, bien podrían ser considerados hoy como demasiado optimistas, ya que dan por descontado que dentro de unos meses la pandemia será apenas un (mal) recuerdo.

Que Cosquín Rock ensaye su experimento virtual es un indicador de este peligro y una especie de toma de conciencia de lo difícil que es proyectar a futuro en medio de un panorama que se va modificando minuto a minuto. Habrá que ver entonces cuáles son los resultados que se obtienen con esta modalidad y, sobre todo, cómo responde el público, que estaba acostumbrado a asistir para disfrutar de la música al aire libre y que esta vez deberá seguir las alternativas de las actuaciones a través de forma remota, sin la posibilidad de interacción que brinda esta clase de convocatorias.

Mientras tanto, algunas opciones nuevas empiezan a dibujarse en el horizonte, ante la imposibilidad de retomar la vida normal. Y una de ellas tiene que ver con algo que ya sucedía en el universo paralelo de los gamers, esos sujetos adictos a los juegos electrónicos que se aislaban para consumir durante horas esa categoría de entretenimientos. En las actuales circunstancias, cuando todos estamos obligados a mantener el aislamiento, varias de esas experiencias que antes se circunscribían a una tribu digital, bien podrían ampliar su campo de usuarios y ser las más apropiadas para probar distintas maneras de ofrecer online lo que antes ocurría de modo presencial.

Juegos como Minecraft, Sims o Fortnite empiezan a señalar un camino a seguir, con la organización de eventos musicales a los que la gente puede acceder… a través de sus avatares. Por esa vía, el público simula “estar presente” en un festival, aunque todo sea un truco de computadora. Con entradas pagas y artistas que cobran cachets por el uso de su música y su imagen -representada sobre un escenario de animación-, estos extraños festivales llevan algunos años de existencia y han cobrado importancia con la cuarentena, como un probable sustituto de algo que, por el momento, no se sabe cuándo volverá.