El vaivén de los paradigmas

Una manera de apreciar los cambios que están aconteciendo en nuestra cosmovisión a partir de fines del siglo pasado, se vislumbra en el documental “Chavela”, de 2017, que desde julio está incluido en la oferta de Netflix y que recorre la biografía de la extraordinaria Chavela Vargas.

Por J.C. Maraddón

El mundo no sólo da vueltas porque la Tierra gira, sino porque también las ideas lo hacen y las tendencias se suceden unas a otras sin darnos tiempo muchas veces a que nos adaptemos a esas variaciones. Y como somos hijos de aquellas utopías que anunciaban el alumbramiento de una sociedad mucho más justa y solidaria, basada en el desarrollo científico, tendemos a pensar que esos sacudones van a conducirnos sí o sí hacia una mejora en nuestras condiciones de vida. Y consideramos que es necesario adaptarse a lo que viene para poder disfrutar así de los beneficios que traerá el futuro.

Muchas de las novedades que han atravesado el devenir de la humanidad en las últimas décadas tienen que ver con avances tecnológicos asombrosos, cuya evolución es cada vez más dinámica y nos acerca con velocidad creciente al objetivo de desarrollar potencialidades que van más allá de todo lo soñado. A pesar de los peligros que, ya se ha demostrado, entrañan estos nuevos artilugios de la técnica, cualquier sospecha se rinde ante la fascinación ejercida por muchos de esos adelantos, que parecen salidos de una película de ciencia ficción y que, sin embargo, hoy pertenecen a la más estricta realidad.

Pero no sólo allí radica el signo de esta época, sino también en la prédica de una modificación de las conductas que nos ayude a proteger el medio ambiente y a salvar la biósfera de una hecatombe que podría ser fatal para todas las especies. Además, asistimos a un cambio en los paradigmas que establecían distinciones de géneros y razas, cuyo alcance todavía no es posible de establecer, pero que se percibe como un movimiento vigoroso y global. Lo que se discute es una cosmovisión que durante siglos ha imperado en el planeta y que ahora está siendo cuestionada.

En el marco de estos vaivenes, se desatan fenómenos contradictorios, que en el ámbito de la cultura encuentran una notoria repercusión. Y una manera de apreciar lo que está pasando se vislumbra en el documental “Chavela”, de 2017, que desde el mes pasado está incluido en la oferta de Netflix y que recorre la biografía de la extraordinaria Chavela Vargas. Tras establecerse en un entorno tan cerrado como el que imperaba en México en la primera mitad del siglo pasado, encontró en la música una vía para expresar su talento y para dar rienda suelta a una sexualidad que no estaba bien vista en la gente común, pero que era consentida entre algunas estrellas del arte.

A pesar de esa permisividad de la que gozaban ciertos cantantes, lo que no se debía hacer nunca era manifestar en público la preferencia por personas del mismo sexo, bajo la amenaza de que sobreviniese luego una condena social que podía dejar trunca cualquier carrera. Presa de esta contradicción, Chavela Vargas se sumergió en la bebida y recibió una doble sanción moral, como alcohólica y como lesbiana, que terminó alejándola de los escenarios durante más de una década, por más que fuese la intérprete de rancheras más famosa de México.

Su retorno, a comienzos de los años noventa, se dio justamente cuando se la empezó a reivindicar como ícono de la lucha homosexual y del feminismo. El cineasta español Pedro Almodóvar fue el impulsor de su regreso a la escena, que se produjo con una serie de presentaciones en el teatro bar “El Hábito” de Coyoacán, regenteado por Jesusa Rodríguez y la cordobesa Liliana Felipe. Curiosamente, la misma razón por la que Chavela debió soportar un calvario, fue la que propició su gloriosa etapa final, que se prolongó hasta su muerte en 2012.