La pubertad indomable

Alan Parker, el cineasta inglés fallecido el viernes pasado, fue el autor en 1971 del guion de la película “Melody”, cuyo argumento relata una historia de amor entre dos preadolescentes, desde una perspectiva que traslada la actitud incendiaria de la generación sesentista hacia sus herederos.

Por J.C. Maraddón

Entre los años cincuenta y sesenta, adolescentes y jóvenes encabezaron una revolución cultural en todo el planeta, que cuestionó el predominio de los adultos en las grandes decisiones acerca de lo que estaba bien y lo que estaba mal. La música fue el vehículo a través del cual esa generación rupturista vehiculizó sus impulsos, hasta que finalmente logró hacerse oír y colorear con su impronta un panorama que cambió de manera radical las costumbres y puso en jaque una concepción moral que hasta ese entonces no contemplaba en absoluto las inquietudes juveniles. Nada fue igual después de ese verdadero terremoto.

Sin embargo, tras un conato de resistencia, el establishment comprendió con rapidez que podía obtener un beneficio de este espíritu emancipador y convenció a los rebeldes de que sus ideales no se contraponían a la sociedad de consumo, sino todo lo contrario. Así fue como los teenagers comenzaron a comprar discos y jeans, asistieron al cine, pagaron entradas para ver shows, hicieron turismo y fueron los principales interesados en adquirir el merchandising que ofrecían las mismas estrellas de rock que, en su discurso, juraban que jamás iban a venderse y que el amor y la paz eran sus únicos objetivos.

Una vez que esa camada protagonizó su rebelión y concentró el interés del negocio del entretenimiento, de inmediato se empezó a especular acerca de cuál podría ser el nuevo foco para una revuelta. Y no resultó muy difícil suponer que ahora les tocaba el turno de pasar al frente a los púberes. Porque de quienes habían nacido y se habían criado escuchando a los Beatles, mirando la televisión y bombardeados por las noticias sobre las andanzas de Ernesto Che Guevara y sobre las barricadas del Mayo Francés, necesariamente cabía esperar que manifestasen su inconformismo a una edad precoz.

La ingenuidad de los productos de la escudería Disney parecía no satisfacer el apetito de diversión de estos pequeños demonios que habían visto a sus hermanos mayores dejarse crecer el pelo y partir hacia donde fuera el automovilista que aceptara llevarlos a dedo. El modelo a seguir ya no era patrimonio exclusivo de los mandatos ancestrales. Ahora existían otras opciones, como el vagabundeo o la vocación artística, que en el pasado habían sido menospreciados, en oposición al estudio o al trabajo duro que prometían, a la larga, ser el camino más directo hacia la plenitud de la vida, según aseguraban los abuelos.

El filme que señala con precisión este quiebre es “Melody”, un largometraje inglés de 1971 dirigido por Waris Hussein que plantea una historia de amor entre una chica y un chico de unos doce años. La película está contada de un modo insólito para la época: el punto de vista del relato es el de los niños y no el de sus padres o maestros. La decisión de la pareja de casarse, pese a su edad, y la batalla final que esto desata entre los menores y los adultos, propone una perspectiva que traslada literalmente la actitud incendiaria de la generación sesentista hacia sus herederos.

El culpable de tan inquietante argumento, disfrazado detrás de una comedia romántica, fue el guionista Alan Parker, de quien se dice que ofició de director en algunos tramos del rodaje, en el inicio de una carrera que, como cineasta, lo llevaría a convertirse en uno de los mayores referentes del séptimo arte en la segunda mitad del siglo pasado. Tras su muerte, ocurrida el viernes pasado a los 76 años, muchos cincuentones evocaron en redes sociales aquella reveladora “Melody”, que además de la música de los Bee Gees poseía el encanto de lo nuevo, algo que parece ser un bien escaso en la actualidad.